Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 10:21 pm
Hace casi medio siglo le conocí en una asamblea del partido en que ambos militamos con fervor democrático y republicano. Desde ese mismo día comencé a llamarlo “el embajador de La Azulita en Mérida”, preocupado por su lar nativo para cuya comunidad nunca negó ayuda y siempre estuvo en primera fila defendiéndola.
Era un hombre raizalmente bueno.
En su corazón nunca cupo el odio hacia nada ni a nadie. Siempre hubo espacio para albergar felicidad porque los hombres que son buenos siempre la tienen.
La agradable sonrisa suya era característica que se le envidiaba. Igual la facilidad de palabra para la respuesta acertada, que fundamentaba con hechos concretos porque el apreciado Jorge Luis Candales cumplía lo que ofrecía.
De allí que los gobernadores de la AD, entonces una, lo llevaban al gobierno como insustituible Jefe de la Secretaria Privada. Efectivo y nada demagogo en él la verdad estaba por delante, hermanada con la realidad presupuestaria.
El que a través suyo solicitaba alguna solución, con seguridad plena, la esperaba, porque Jorge manejaba a la perfección cifras, datos, y a sus jefes les llevaba el cómo, dónde, cuánto y tiempo en sus memos perfectamente estructurados sobre bases altamente confiables. Igual de claro, sincero y honesto: cuando no se podía, no se podía. Pero buscaba alternativas resolviendo alguna otra necesidad igual de urgente.
Responsable en todo, era prudente, respetuoso, simpático también, buen conversador. Una enciclopedia. Miles de amigos en toda la geografía andina. Sabía abrir puertas.
Su palabra se respetaba y nunca, nunca, Jorge Candales equivocó una orden, retrasó una diligencia o mintió. Llegaba de primero y se iba de último. Sacaba tiempo para todo y todo el tiempo lo empleaba en servir. Vivo reflejo del buen servidor público.
Graduado de profesor, después de muchos años formando generaciones, dejó las aulas por los despachos oficiales donde también enseñó a ser gente útil a mucho funcionario inútil, sin el regaño. Bastaba su ejemplo. Era, lo reitero con mucha fuerza, la dignidad hecha hombre. De los verdaderamente necesarios.
Guardo de Jorge Candales, además del orgullo de haber sido amigo suyo, el mejor de los recuerdos, y estas cortas líneas son mi homenaje a la hora de haberme enterado muy lejos de su lamentable partida.
Porque llegan las lágrimas, el escribidor se permite transcribir lo contenido en el texto-pésame del gobernador Ramón Guevara, su entrañable amigo, lamentando la muerte del “Profesor Candales” como le conocía todo el mundo. Nuestros textos sobre el ilustre desaparecido se complementan, se abrazan y convierten en uno solo:
Entrañable amigo, siempre dispuesto al servicio con alegría y una sonrisa que hacía que su trato fuera gentil. Formó generaciones de merideños en las aulas de clase. Conoció los intríngulis del palacio de gobierno donde se dispuso a brindar lo mejor de sí para servir correctamente al gobierno y sin distinciones ideológicas, porque respetaba lo plural, a la ciudadanía en general.
“Su mano siempre estuvo disponible en el gobierno de Williams Dávila Barrios y en el que yo presido, para beneficiar al pueblo, declaró Guevara, Su ejemplo de luchador social animó nuestro trabajo y guió nuestra forma de vida".
-Su amor por la libertad, la democracia, Mérida y Venezuela, nos anima también a llevar en alto su recuerdo que será nuestra guía. Su partida deja un vacío en nuestros corazones, en nuestra sociedad, en nuestro estado. Su amistad nos compromete a seguir trabajando por cada merideño y venezolano que sueña con la patria por la que trabajamos…”
A Jorge Candales se lo llevó la pandemia. Su muerte fue muy sentida por el millón de amigos que este buen hombre, buen servidor público, buen amigo, buen demócrata y mejor ciudadano tuvo el grato privilegio de llevarse en su corazón; que le rindieron la mejor de las despedidas, honrándole con su recuerdo que nos dejó muy dentro, allá, en el alma..