Mérida, Mayo Miércoles 13, 2026, 10:36 am
Llega a su fin el periodo presidencial de Gustavo Petro, antiguo guerrillero del M-19, grupo que protagonizó algunos de los sucesos más sangrientos de la “violencia” en Colombia. Curiosamente, en aquel movimiento lo llamaban “Aureliano”, como el personaje garciamarquiano “de las cien batallas perdidas”. A juzgar por los resultados de su gestión desde la Casa de Nariño tendrá que agregar otra a la cifra emblemática. Deja poco para recordar y mucho para olvidar (en la acción pública, como en la vida privada). El suyo fue casi “tiempo perdido” para la República que lideró la lucha por la libertad de América Hispana.
Antonio Navarro Wolff, segundo comandante del M-19 (tras Carlos Pizarro, asesinado cuando era candidato presidencial en 1990), explicaba que la ideología "del m" (en la jerga popular) se fundaba sobre tres principios: "nacionalismo, democracia económica y política y justicia social". El movimiento, surgido luego de las elecciones de 1970, responsable de algunas acciones espectaculares (robo de la espada de Simón Bolívar en 1974, toma del Palacio de Justicia de Bogotá en 1985, que terminó en masacre), acordó la paz con el gobierno de Virgilio Barco (1986-1990) y tuvo participación decisiva -se le asignaron 19 asientos- en la Asamblea Constituyente de 1991, que elaboró el texto todavía vigente (de notables innovaciones). Muchos jóvenes con ilusiones de cambio, que desconfiaban de las guerrillas comunistas, se sintieron atraídos por ese nuevo instrumento de lucha. Fue el caso de Gustavo Petro, nacido (1960) en un pueblo de la costa y formado entre Bogotá y Zipaquirá.
Petro, incorporado en 1978, no fue dirigente muy importante en el M-19: no estuvo entre sus 19 representantes en la Constituyente de 1991. Fue más bien militante de calle desde que era concejal en Zipaquirá. A raíz del acuerdo de 1984 con el gobierno de Belisario Betancur (1982-1986), confesó formar parte; y fue condenado por la justicia penal militar a año y medio de prisión, Bajo distintas etiquetas fue representante (1991-1994 y 1998-2006), senador (2005-2010 y 2018-2022) y alcalde de Bogotá (2012-2015, con una breve interrupción). En su tercer intento (los anteriores ocurrieron en 2010 y 2018), en 2022 con el apoyo del Pacto Histórico (de grupos de izquierda) e, incluso, en la segunda vuelta de partidos tradicionales, resultó electo presidente de la República. Prometió grandes cambios, pero también no seguir los pasos de Nicolás Maduro (aunque fue el primero en invitar a Hugo Chávez a unirse al Foro de Sao Paulo).
Gustavo Petro afirmó, repetidas veces, que no era necesario reformar la Constitución para cumplir con sus promesas de campaña. Quería disipar temores tras las experiencias de algunos vecinos (Venezuela, Bolivia, Ecuador). No obstante, cuando algunas de sus iniciativas fracasaron en el Congreso amenazó con convocar una asamblea constituyente (marzo de 2024). E intentó hacerlo, pero no pudo superar los obstáculos que surgieron. Ahora (2.5) acaba de anunciar que el 20 de julio dará a conocer su propuesta de asamblea constituyente ante el nuevo Congreso, aunque un sondeo de opinión de 2025 reveló que cerca de 65% de los colombianos prefería que las reformas se tramitasen por los canales legislativos establecidos. El mandatario señaló que busca incorporar exigencias sociales y cambios en los sistemas político y judicial, para garantizar los derechos fundamentales, sin alterar la estructura institucional existente. Se trata, aseguró, de agregar normas y capítulos más que modificar los vigentes.
La promesa más llamativa del candidato Petro fue la de alcanzar la “paz total” (es decir, con todos, incluidos delincuentes comunes). Porque después del éxito inicial de los acuerdos (2016) negociados durante el gobierno del presidente Santos (2010-2018), reapareció la violencia. Los grupos armados que no aceptaron lo pactado y otros de criminales, involucrados en economías ilícitas, tomaron control de territorios dejados por los desmovilizados. En Antioquia, las fronteras con Ecuador y Venezuela, el Catatumbo los mencionados sustituyeron la pacificación por el dominio sobre la población. Una nueva Ley (2024) permitió al Estado negociar con todos aquellos; pero los resultados no han sido los esperados. La violencia se extendió y alcanzó las ciudades: lo mostró el asesinato de un candidato presidencial en Bogotá (2025). Además, aumentó (cifras oficiales) el área destinada a cultivos ilícitos. Al final (2025) se produjo la “desertificación” en la materia por parte de la administración norteamericana.
El período presidencial de Gustavo Petro puede calificarse de “tiempo perdido” en áreas esenciales. Colombia no es ahora mejor que en 2022 cuando fue elegido en su tercera candidatura. El país no adoptó un plan de desarrollo, en cuya ejecución estén comprometidos copartidarios y opositores al actual mandatario. Sin embargo, en honor a la verdad, debe decirse que intentó algunos avances. Impulsó la reforma agraria (“integral y sostenible”), mediante compra y adjudicación de tierras (aunque por debajo de las metas fijadas). El sector agropecuario creció 8% (desde 2022 hasta 2025), muy por encima del promedio de los años anteriores. Se inició la reforma de las relaciones laborales; y también la de los servicios de salud. Pero, el nivel de aprendizaje en la educación primaria (cifras de la Unesco) ha desmejorado. Al mismo tiempo, se impuso la gratuidad del pregrado en las universidades públicas. En fin, continuó la construcción de obras importantes.
Tampoco destacó la actividad de Gustavo Petro en el campo internacional (a pesar del prestigio de su Cancillería, de hábiles diplomáticos y reputados juristas). Más bien, perdió la oportunidad de obtener beneficios de la comunidad internacional dispuesta a cooperar en programas de desarrollo. No logró disipar los temores derivados de su pasado. Contribuyó a ello la cercanía con ciertos “revolucionarios” (Cuba, Nicaragua, Venezuela). No comprendió la importancia de Europa. En 2023 perdió dos días en un burdel en París discutiendo con amigos -dijo- las tesis de Carlos Marx y otra noche en sesión parecida en bar de mala fama en Lisboa. ¡Neruda, comunista, dictaba conferencias en La Sorbonne! Hace poco, para tranquilizar a sus electores, se entrevistó con Donald Trump, quien lo recibió en la Casa Blanca (en visita de trabajo). Dada la experiencia de Colombia en foros internacionales, podía esperarse su participación activa en la solución de muchos problemas.
Gustavo Petro prometió hacer de Colombia un país más justo. En alguna ocasión confesó que había ingresado en el M-19 porque lo consideraba un instrumento útil para el cambio del sistema económico y social. De niño le había impresionado el sacrificio de algunos luchadores: Camilo Torres Restrepo (1966), el Che Guevara (1968), Salvador Allende (1973). Más tarde, militó en otros grupos considerados de izquierda, notablemente el Polo Democrático Alternativo. Pero, para su ascenso al poder ofreció un programa de mejoramiento de las condiciones de vida de la población, muy moderado, por lo que recibió el apoyo no solo de grupos “progresistas”, sino también de sectores de partidos tradicionales. En realidad, no ha logrado el propósito inicial: la pobreza absoluta afecta aún (2024) a 8,50% de los habitantes. Ya había disminuido mucho en las décadas anteriores: eran 23,90% en 2000, 13,30% en 2010 y 9,30% en 2022,
La realización de la justicia social implica necesariamente el progreso económico y social. Parece que ahora los economistas chinos también lo piensan así; pero no los revolucionarios latinoamericanos. En todo caso, el crecimiento del producto interno bruto en Colombia ha sido lento en los últimos años: 0,71% en 2023, 1,5% en 2024 y 2,6% en 2025. Ha caído la producción petrolera; por fortuna las exportaciones de café alcanzaron 13,3 millones de sacos (la mayor cifra en décadas), mientras los ingresos por remesas llegaron a 13.098 millones de dólares (10,6% más que el año anterior). El coeficiente Gini sobre desigualdad (Banco Mundial) referido a Colombia figura entre los más altos: 0,54 (como los de Brasil y México). Campesinos sin tierra (aventados por la violencia), trabajadores sin empleo bien remunerado. Entretanto, a Gustavo Petro le preocupa convocar la asamblea constituyente, en camino a su mundo imaginario: ¿mejor que Aracataca?
Los miembros de la Expedición Botánica creían que el Nuevo Reino de Granada por su posición geográfica (con largas costas frente a los océanos inmensos) estaba llamado a realizar obra grande. La desintegración de Colombia (1830) y los conflictos internos debilitaron sus fuerzas hasta perder el istmo (y el canal en construcción). Con todo, gracias a su extendido sistema educativo, la vocación por la cultura y el trabajo ha sido un referente en la región; pero, más recientemente, la violencia política y el narcotráfico han retrasado su pleno desarrollo. El gobierno de Gustavo Petro no supo o no pudo resolver sus dilemas.
X: @JesusRondonN