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Por Jorge Pérez

El espejismo de la apertura eléctrica: Un laberinto sin confianza ni futuro por Jorge Pérez



El espejismo de la apertura eléctrica: Un laberinto sin confianza ni futuro por Jorge Pérez

El sistema eléctrico venezolano no resiste más remiendos jurídicos ni reformas cosméticas. Lo ocurrido recientemente en la Asamblea Nacional con la aprobación en primera discusión del Proyecto de Ley Orgánica de Reforma Parcial de la Ley Orgánica del Sistema y Servicio Eléctrico no es más que una reacción desesperada y pragmática ante las realidades geopolíticas y de infraestructura que asfixian al país. Bajo la intensa presión internacional ejercida por la administración de los Estados Unidos y en medio del tutelaje del régimen, los promotores de esta reforma intentan vender una supuesta "apertura al capital privado" que, al ser examinada bajo el microscopio técnico y legal, se revela como un mecanismo cínico para captar recursos particulares sin ceder un ápice de control centralista y estatizado.

El régimen pretende legislar sobre las ruinas que ellos mismos provocaron mediante la infame fórmula de las "3D": Descuido, Desinversión y Desprofesionalización más la abominable corrupción. Hoy, antes de que este texto sea sometido a una segunda discusión para su aprobación casi segura —y obligada por un parlamento sumiso que aprueba todo desde arriba sin consultas vinculantes ni la participación de una sociedad civil crítica—, es imperativo desmantelar las costuras de este nuevo engaño.

La propaganda oficial pregona con bombos y platillos que el proyecto busca captar entre 20.000 y 40.000 millones de dólares en capital privado, prometiendo el fin del monopolio absoluto que la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec) ostenta desde el zarpazo estatizador de 2007. Se habla de estados pilotos como el Zulia, Los Andes y las zonas industriales de Carabobo; se asoma la incorporación prioritaria de energías renovables como la solar en Occidente y la eólica en Paraguaná; e incluso se diseñan sofisticados artilugios burocráticos como el Fondo de Protección de Tarifas Eléctricas (FOPTEL). Sin embargo, tras bastidores se esconde un laberinto regulatorio diseñado para tomar al capital privado como rehén del Estado.

Fortalezas del Texto (Sobre el Papel): El Cebo en el Anzuelo

Si intentamos rescatar el espíritu meramente nominal de lo que se discute en el parlamento, el proyecto asoma tímidamente algunos elementos que el sector comercial e industrial ha acogido con un suspiro de alivio en medio del colapso:

 1. La Ruptura Teórica del Monopolio: Por primera vez en casi dos décadas se admite el fracaso del monopolio eléctrico de Corpoelec. Abrir el juego a empresas mixtas y operadoras privadas es el reconocimiento explícito de que el socialismo devoró la capacidad operativa del Estado.

 2. Garantías de Protección Jurídica y Arbitraje: Ante la brutal desconfianza histórica que arrastra el país, el articulado incluye el reclamo más exigido por corporaciones transnacionales: cláusulas de arbitraje independiente y mediación neutral para dirimir disputas contractuales.

 3. Esquema Tarifario Autosustentable: Se rompe con el populismo de las tarifas regaladas en las zonas de concesión, permitiendo fijar facturaciones basadas en los costos reales de producción para garantizar una "rentabilidad razonable" al inversor.

Debilidades Estructurales: El Laberinto de la Desconfianza

El gran problema es que el papel lo aguanta todo, pero la realidad del sector eléctrico nacional no. ¿Cuáles son las debilidades insalvables que destruyen la confianza de los inversionistas, de los profesionales que formamos parte del sector y de los usuarios?

 El Centralismo como Espada de Damocles: Modificar el Artículo 8 para permitir empresas privadas, pero someterlas en el Artículo 9 a la discrecionalidad política del operador estatal es un contrasentido. Peor aún, el Artículo 32 centraliza el otorgamiento de concesiones directamente en la figura del Presidente de la República en Consejo de Ministros. El sector seguirá rigiéndose por criterios político-partidistas, no por parámetros de eficiencia técnica.

 La Confiscación Programada (Cláusula de Reversión): Los Artículos 33 y 34 introducen una cláusula leonina digna de piratería jurídica. Al extinguirse la concesión —con un tope de 25 años—, todos los bienes construidos o adquiridos se transferirán automáticamente a la República en buen estado y *sin derecho a indemnización alguna*. En la práctica de los mercados internacionales, esto se traduce como una expropiación en cámara lenta. Ningún inversionista serio arriesgará capital de gran envergadura bajo esta amenaza.

 El Ahogo a la Autogeneración Distribuida: En lugar de fomentar que las industrias inyecten sus excedentes a la red para aliviar la crisis, los Artículos 50 y 51 ordenan la obligatoria independencia de los sistemas de autogeneración. Además, imponen un techo regulatorio de apenas dos megavatios (2 MW). Superar este límite significa someterse al calvario burocrático y propenso a la corrupción del Ministerio.

Corresponsabilidad Punitiva:

El Artículo 107 amenaza con perseguir civil y administrativamente con nombre y apellido a las juntas directivas de las operadoras por fallas del sistema. Es decir, el privado debe asumir las pérdidas, los riesgos de una red de transmisión destruida por años de abandono estatal, financiar inversiones sociales municipales (Artículos 37 y 57), y si el sistema falla por causas estructurales, ¡pretenden culpar penalmente a la directiva!

Un Sector Sin Blindaje, Un País en Ebullición

Mientras los legisladores se apresuran en su burbuja legislativa, la realidad social del país le estalla en la cara al régimen. Esta misma semana la dinámica nacional no está marcada por el debate técnico de la ley, sino por el conflicto social: el paro nacional educativo convocado por la Federación Venezolana de Maestros y la APUCV bajo la consigna #ElMagisterioSeQuedaEnCasa, exigiendo salarios dignos frente a un dólar que devora los anuncios de ingreso mínimo integral.

La paradoja es absoluta. El ciudadano común que hoy protesta en las calles por el colapso de los servicios públicos ve con inmenso escepticismo esta reforma. En las regiones más castigadas, como el Zulia y Los Andes, el clamor en redes sociales no es de alegría corporativa; hay un pánico generalizado al "tarifazo". La opinión pública se muestra profundamente incrédula ante promesas legislativas como las supuestas indemnizaciones a usuarios por equipos quemados. Saben perfectamente que un salario pulverizado no podrá costear un servicio eléctrico privatizado a medias, mientras las mafias estatales siguen reteniendo la propiedad de la infraestructura matriz.

El Camino Correcto: Las Cuatro Leyes para el Rescate Eléctrico

La viabilidad y sostenibilidad de una verdadera reconstrucción eléctrica nacional no pasa por parches tributarios condicionados ni por perseguir penalmente a juntas directivas. En lugar de copiar el nefasto modelo de las leyes exprés de Hidrocarburos y Minería, el camino correcto y patriótico consiste en desenterrar, actualizar y someter a consulta pública el proyecto de Ley Orgánica aprobado en primera discusión en el año 2015. Aquel texto planteaba una transformación estructural real, pero la realidad actual de Venezuela exige ir un paso más allá: un marco jurídico moderno e institucionalmente robusto que incorpore cuatro pilares fundamentales que hemos propuesto y defendido de manera categórica:

1. Un Operador Independiente del Sistema (OIS): Una entidad técnica, transparente y despolitizada que gestione el despacho de carga y la operación de la red de transmisión bajo criterios estrictamente económicos y de confiabilidad, separando definitivamente la operación de la propiedad de los activos.

 2. Un Ente Regulador Autónomo: Una comisión de energía independiente del Poder Ejecutivo que dicte tarifas reales basadas en costos eficientes, garantice el libre acceso a las redes de transmisión y distribución, y resuelva conflictos entre actores del mercado sin sesgo político.

3. Una Desincorporación Vertical Efectiva: Permitir una competencia real en las actividades de generación y comercialización, limitando el monopolio estatal a las redes de transmisión debido a su naturaleza de monopolio natural, pero regulado bajo estándares mundiales.

 4. Un Consejo Institucional de Expertos: La conformación de un cuerpo técnico consultivo permanente donde participen las universidades nacionales, las academias y los profesionales de la diáspora representados en organizaciones internacionales especializadas.

Estos pilares no se quedan en la simple retórica. Son la columna vertebral de nuestro “Anteproyecto de Marco Regulatorio”, un esfuerzo concienzudo y robusto que ya estamos traduciendo en instrumentos legales concretos. Una vez culminados, introduciremos formalmente esta propuesta alternativa al país a través de cuatro leyes claves:

 1. Ley Orgánica sobre la Reestructuración de los Servicios Públicos Eléctricos: Para desmantelar el monstruo ineficiente de Corpoelec y separar las funciones de la industria.

 2. Ley sobre Mercados Mixtos de Energía e Inversión Privada: El verdadero blindaje jurídico, con reglas claras y protección real que los capitales transnacionales exigen para volver a confiar en el país.

 3. Ley sobre Energía Renovable Descentralizada y Empoderamiento del Prosumidor: Para romper los candados burocráticos actuales, permitiendo que la industria y el ciudadano generen, consuman e inyecten excedentes a la red de forma interactiva y moderna.

 4. Ley Nacional sobre Eficiencia Energética y Redes Eléctricas Modernas: Una visión de futuro para digitalizar el consumo y optimizar la infraestructura sobreviviente bajo estándares del siglo XXI.

Mientras el andamiaje legal dependa del capricho centralista y la improvisación de un régimen dictatorial, nada estará seguro ni blindado. El capital de Occidente o de la India puede coquetear con las concesiones amparado en licencias geopolíticas temporales, pero la verdadera luz solo volverá a Venezuela cuando las reglas del juego sean claras, las instituciones sean independientes y la confianza deje de ser un eslogan de propaganda para convertirse en una sólida realidad jurídica a través de una propuesta seria como la que hoy ponemos sobre la mesa.