Mérida, Junio Domingo 21, 2026, 03:59 am
Venezuela figura entre los 22 países que, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA), podrían verse afectados por el fenómeno de El Niño durante los próximos meses. En esta ocasión, el evento climático es denominado por expertos como “Súper Niño” debido a la intensidad que prevén algunos modelos climáticos, aunque se trata de un término informal que no forma parte de la clasificación oficial de los organismos meteorológicos.
De acuerdo con las proyecciones, el fenómeno podría provocar una disminución de las lluvias en Venezuela, con posibles repercusiones para el sistema eléctrico, la agricultura y la disponibilidad de agua, aunque las autoridades venezolanas descartan un escenario de sequía extrema.
El Ministerio del Poder Popular para Ecosocialismo explicó en un comunicado publicado en su página web el comportamiento de las precipitaciones en Venezuela está estrechamente relacionado con el fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENSO), un evento climático que modifica las condiciones atmosféricas en el Caribe y puede reducir los niveles de lluvia en el país.

El coordinador de la Región Central del Observatorio Nacional de la Crisis Climática, Richard Núñez, explicó que actualmente el fenómeno se encuentra en una fase inicial, luego de registrarse un incremento sostenido de entre 0,5 y 0,6 grados celsius en la temperatura superficial del océano Pacífico ecuatorial, parámetro utilizado internacionalmente para determinar el desarrollo de El Niño.
Según las proyecciones, Venezuela experimentaría una reducción leve o moderada de las precipitaciones. Como ejemplo, indicó que zonas que normalmente reciben alrededor de 150 milímetros de lluvia podrían registrar entre 110 y 120 milímetros, por lo que las lluvias continuarán, aunque con menor intensidad.
El especialista señaló que las consecuencias de El Niño no suelen manifestarse de forma inmediata en Venezuela. Generalmente, existe un desfase de entre tres y cinco meses desde que el fenómeno es declarado oficialmente por organismos internacionales hasta que sus efectos comienzan a sentirse en el territorio nacional.
Las estimaciones actuales apuntan a que las condiciones asociadas al fenómeno podrían mantenerse durante el resto de 2026 y extenderse hasta los primeros meses de 2027.
Ante este escenario, Núñez recomendó fortalecer el monitoreo de las cuencas hidrográficas y de los embalses, debido a la alta dependencia del país de la generación hidroeléctrica. Asimismo, destacó la importancia de planificar el manejo del recurso hídrico para reducir riesgos tanto en el sector eléctrico como en la producción agrícola.

El Ministerio de Ecosocialismo aseguró que el Plan Nacional de Reforestación “Chuquisaca” no se verá afectado por las condiciones previstas. Explicó que las jornadas de siembra comenzaron durante la temporada de lluvias, lo que permite que los árboles jóvenes aprovechen la humedad del suelo para su desarrollo.
Además de contribuir a la recuperación ambiental, la reforestación favorece la regulación de la temperatura, protege los cultivos de los vientos y ayuda a conservar los recursos hídricos.
Mientras las autoridades venezolanas prevén una disminución moderada de las lluvias, la FAO y PMA emitieron un llamado internacional para reforzar las acciones preventivas frente al fenómeno.
Ambos organismos solicitaron 202 millones de dólares para ampliar la asistencia humanitaria destinada a proteger a casi nueve millones de personas en 22 países, entre ellos Venezuela, considerados altamente vulnerables a los efectos de El Niño.
Las agencias de Naciones Unidas advirtieron que las condiciones más secas previstas para algunas zonas de América Latina, como Venezuela, podrían afectar los ciclos de siembra, las cosechas, los pastizales y la disponibilidad de agua, incrementando los riesgos para la seguridad alimentaria.
También señalaron que el pronóstico climático coincide con un contexto internacional marcado por crisis económicas, conflictos armados y altos niveles de inseguridad alimentaria, factores que aumentan la vulnerabilidad de millones de personas.
La FAO y el PMA sostienen que actuar antes de que ocurran los impactos permite reducir considerablemente las pérdidas económicas y sociales. Según las agencias, cada dólar invertido en medidas preventivas puede evitar hasta siete dólares en costos asociados a la respuesta ante emergencias.
El Niño es una de las dos fases principales de un fenómeno climático natural llamado Oscilación del Sur de El Niño (ENSO, por sus siglas en inglés). La otra fase es La Niña.
De acuerdo con una publicación de la BBC, el fenómeno fue bautizado hace décadas por pescadores de Perú y Ecuador, quienes observaron que las aguas del Pacífico se calentaban de manera inusual cerca de Navidad, por lo que lo asociaron con “el Niño Dios”.
Durante El Niño, las aguas superficiales del Pacífico central y oriental se vuelven más cálidas de lo normal. Ese cambio altera los patrones de viento y modifica el comportamiento del clima en distintas partes del planeta.

El término “Súper Niño” no forma parte de la nomenclatura oficial de la Organización Meteorológica Mundial, pero suele utilizarse para describir episodios excepcionalmente intensos.
El Centro de Predicción Climática de Estados Unidos considera que un evento alcanza niveles muy fuertes cuando las temperaturas del océano Pacífico tropical central superan en más de 2 grados centígrados el promedio histórico durante un periodo prolongado.
Según modelos climáticos recientes, este 2026 podrían registrarse aumentos de entre 2 y 3 grados en el Pacífico central, lo que ha llevado a algunos especialistas y medios a hablar de un posible “Súper Niño”.
Con información de El Diario