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Por Arinda Engelke

Frontera Literaria por Arinda Engelke



Frontera Literaria por Arinda Engelke

Federico García Lorca y el estoicismo: La fortaleza como trinchera

 

(Para Gonzalo, por recordarme que en las horas más oscuras siempre nos queda la filosofía de los estoicos; y para mi sobrina Clarita, que con la dulzura de su memoria me devolvió la voz inquebrantable de Federico).

El calendario nos sitúa en un agosto que, para la literatura universal, es una herida abierta. Fue un 18 de agosto cuando la barbarie intentó silenciar a Federico García Lorca, ese poeta que llevaba el "duende" en la sangre. Hoy, al contrastar su legado con la realidad que vivimos en Venezuela —donde la oscuridad es una prueba diaria para madres y cuidadores—, nos preguntamos: ¿cómo seguir aguantando esta "paliza" cotidiana? Quizás la respuesta se encuentre en el cruce entre la pasión lorquiana y la templanza estoica.

La voz de Lorca: Un recordatorio de vida

Para comprender la fuerza de Lorca, basta recordar sus palabras sobre el arte y el compromiso:

"No quiero que me lloren, quiero que me entiendan; no quiero que me recuerden, quiero que me vivan."

Lorca nos invita a "vivir" en medio de la adversidad. Cuando el sistema falla y el hogar se queda sin luz, acudir a la belleza no es evadirse; es un acto de soberanía. El "duende" lorquiano es esa energía vital y misteriosa que nos habita en los momentos de angustia, recordándonos que, aunque el entorno sea hostil, nuestra capacidad de sentir sigue intacta.

¿Qué es el estoicismo y por qué nos ayuda hoy?

Para quienes se preguntan cómo esta filosofía antigua puede ayudarnos hoy, el estoicismo no es, como suele pensarse, ser fríos o indiferentes. Es, en esencia, el arte de la serenidad en medio del caos.

Sus pilares básicos son:

  • La Dicotomía del Control: Es la piedra angular de esta filosofía. El filósofo Epicteto nos enseñó que en la vida hay cosas que dependen de nosotros (nuestros pensamientos, nuestros juicios, nuestras acciones) y cosas que no (el clima, el sistema eléctrico, las decisiones ajenas). El estoico se vuelve invulnerable cuando deja de sufrir por lo que no puede cambiar y enfoca toda su energía en gestionar con dignidad aquello que sí depende de él: su reacción ante la crisis.
  • La Fortaleza Interior: El estoicismo nos propone ser como una roca contra la que golpean las olas: la ola rompe, pero la roca permanece inmóvil. No se trata de negar el dolor, sino de no permitir que ese dolor dicte nuestra conducta.

La trinchera de la voluntad

Las madres que arrullan a sus hijos en medio del apagón, o quienes cuidan con ternura a sus adultos mayores en la penumbra, están practicando el estoicismo sin saberlo. Al elegir el cuidado, la paciencia y el amor por encima del miedo, están ejerciendo un control absoluto sobre su propia humanidad. No podemos controlar la red eléctrica nacional, pero sí podemos controlar cómo habitamos el espacio que ocupamos. Estamos practicando el Amor Fati o "amor al destino": aceptar la realidad no para rendirnos, sino para actuar sobre ella con la mayor altura posible.

Encender el fuego interior

En Venezuela, la resistencia no es solo física; es una construcción diaria de la voluntad. Necesitamos la pasión de García Lorca para no olvidar que la vida merece ser vivida con intensidad, y necesitamos la disciplina estoica para no dejarnos quebrar.

Si la luz del afuera falta, que no falte la luz de la palabra ni la templanza del carácter. Al final, el fuego más importante —el de nuestra dignidad— es el único que está, verdaderamente, bajo nuestro propio control.

Gracias a Librería Temas por facilitarnos el material necesario para hacer estás reseñas.