Mérida, Agosto Viernes 21, 2026, 01:54 am
(Para Gonzalo, por recordarme que en
las horas más oscuras siempre nos queda la filosofía de los estoicos; y para mi
sobrina Clarita, que con la dulzura de su memoria me devolvió la voz
inquebrantable de Federico).
El calendario nos sitúa en un agosto que, para la
literatura universal, es una herida abierta. Fue un 18 de agosto cuando la
barbarie intentó silenciar a Federico García Lorca, ese poeta que llevaba el
"duende" en la sangre. Hoy, al contrastar su legado con la realidad
que vivimos en Venezuela —donde la oscuridad es una prueba diaria para madres y
cuidadores—, nos preguntamos: ¿cómo seguir aguantando esta "paliza"
cotidiana? Quizás la respuesta se encuentre en el cruce entre la pasión
lorquiana y la templanza estoica.
La voz de Lorca: Un recordatorio
de vida
Para comprender la fuerza de Lorca, basta recordar
sus palabras sobre el arte y el compromiso:
"No quiero que me lloren, quiero que me
entiendan; no quiero que me recuerden, quiero que me vivan."
Lorca nos invita a "vivir" en medio de la
adversidad. Cuando el sistema falla y el hogar se queda sin luz, acudir a la
belleza no es evadirse; es un acto de soberanía. El "duende"
lorquiano es esa energía vital y misteriosa que nos habita en los momentos de
angustia, recordándonos que, aunque el entorno sea hostil, nuestra capacidad de
sentir sigue intacta.
¿Qué es el estoicismo y por qué
nos ayuda hoy?
Para quienes se preguntan cómo esta filosofía
antigua puede ayudarnos hoy, el estoicismo no es, como suele pensarse, ser
fríos o indiferentes. Es, en esencia, el arte de la serenidad en medio del
caos.
Sus pilares básicos son:
La trinchera de la voluntad
Las madres que arrullan a sus hijos en medio del
apagón, o quienes cuidan con ternura a sus adultos mayores en la penumbra,
están practicando el estoicismo sin saberlo. Al elegir el cuidado, la paciencia
y el amor por encima del miedo, están ejerciendo un control absoluto sobre su
propia humanidad. No podemos controlar la red eléctrica nacional, pero sí
podemos controlar cómo habitamos el espacio que ocupamos. Estamos practicando
el Amor Fati o "amor al destino": aceptar la realidad no para
rendirnos, sino para actuar sobre ella con la mayor altura posible.
Encender el fuego interior
En Venezuela, la resistencia no es solo física; es
una construcción diaria de la voluntad. Necesitamos la pasión de García Lorca
para no olvidar que la vida merece ser vivida con intensidad, y necesitamos la
disciplina estoica para no dejarnos quebrar.
Si la luz del afuera falta, que no falte la luz de
la palabra ni la templanza del carácter. Al final, el fuego más importante —el
de nuestra dignidad— es el único que está, verdaderamente, bajo nuestro propio
control.
Gracias a Librería Temas por facilitarnos el
material necesario para hacer estás reseñas.