Mérida, Agosto Sábado 29, 2026, 01:03 am
El Papa León XIV realizó el sábado 22 de agosto un viaje relámpago para visitar la República de San Marino, pequeño país al norte de Italia, vestigio medieval, diminuto en tamaño pero que ha desarrollado una forma de gobierno y de convivencia que tiene mucho que decir a los pueblos y gobiernos de las naciones actuales. Pasó luego a la cercana ciudad de Rimini en la Emilia-Romagna, para hacerse presente en el prestigioso encuentro conocido como el “meeting de Rimini”, organizado por el Movimiento Comunión y Liberación. En su discurso, inspirado en el último verso de la Divina Comedia de Dante, el Papa recordó que ante el falso realismo, "que rearma las mentes, las palabras y las naciones, la cultura católica debe oponer hoy el realismo de la misericordia, según el cual no pueden existir enemigos y todos, incluso los adversarios, son hermanos a quienes mirar a los ojos y con quienes encontrarse en la verdad".
Pero quiero detenerme en uno de los eventos organizados en torno al encuentro que no pasó desapercibido por el Sumo Pontífice. Una exposición dedicada a León Harmel, personaje que jugó un papel importante en la mente y decisiones de su antecesor, León XIII e influyó en él para la encíclica “Rerum novarum” que ha marcado el nuevo acento de la doctrina social de la Iglesia: su diálogo entre la realidad social y el pensamiento cristiano.
Le correspondió al Papa Pecci (León XIII, 1878-1903) suceder a Pío IX (1846-1878), en un siglo marcado por el paso del “ancien regime”, de la política absolutista imperial a la concepción liberal, signada por un fuerte anticlericalismo, como rechazo al “maridaje” entre el mundo imperial y la Iglesia católica. Además, coinciden estos Papas con el nacimiento de la Italia moderna como una sola nación despojando al Vaticano del dominio temporal de los llamados Estados Pontificios y la polémica que generó entre los propulsores de la unidad italiana y los defensores de la condición de jefe de estado del papa reinante.
Si bien, Gioacchino Vincenzo Raffaele Luigi Pecci (León XIII), como hombre de su época se le puede calificar como conservador tanto en lo doctrinal como en su concepción de la política unifiadora italiana tuvo una sensibilidad especial al llegar a ocupar el pontificado romano en la necesidad de reencontrar el pensamiento y la actuación católica con los problemas del mundo emergente. En lo social era crucial que el progreso industrial generaba riqueza pero a costa de la explotación inmisericorde de la mano de obra, del proletariado.
Si bien la encíclica más famosa del Papa León XIII es conveniente pasearse por varios de sus escritos en los que plantea reflexiones sobre el liberalismo, el marxismo, el capitalismo y la democracia. En este pontífice influyó el pensador francés León Harmel, católico y compañero y discípulo de otro León, el Padre Dehon fundador de la congregación del sagrado corazón de Jesús. La urgencia de frenar la deshumanización obrera y el deseo de ofrecer una tercera vía justa frente al capitalismo salvaje y el socialismo radical, cristalizó en el documento que marcó el inicio de la moderna doctrina social de la Iglesia con la publicación de la Rerum Novarum.
León Hamel fue un industrial francés nacido en La Neuville-Lez-Wasigny, el 17 de enero de 1829 que falleció en Niza el 25 de noviembre de 1915. Desde joven se desempeñaba como jefe de una fábrica textil que había sido fundada por su padre cerca de Reims. Su inquietud social y cristiana lo llevó a transformar su empresa en una corporación como las de la edad media bajo la figura de una archicofradía bajo el patrocinio de Nuestra Señora de la Fábrica. Era la manera de ayudar a sus trabajadores a ocuparse de la salvación de sus almas y socorrer a las penurias que como asalariados recibían baja remuneración en las fábricas de entonces. Vivía Harmel con su familia en medio de los empleados y obreros de la fábrica. El Arzobispo de Reims y varios sacerdotes líderes de la acción social de la Iglesia en aquella región del norte francés bendijeron y acompañaron su proyecto. Su obra se difundió por toda Francia y fue bendecida por el Papa Pío IX. Una obra reciente escrita por un descendiente directo suyo, Émeric Saucourt-Harmel, publicó un libro sobre su familiar titulado “El origen católico de la paz social en el mundo contemporáneo”, en francés por la editorial Salvator. No ha sido traducido todavía al español.El público al que está dirigido en primera instancia dicho libro son los economistas, empresarios, sindicalistas, así como teólogos que se interesan hoy día por la atención integral al mundo del trabajo en el que los obreros no son esclavos sino coprotagonistas de la riqueza que producen.
Tras enviudar en 1870 su compromiso eclesial fue mayor y durante el pontificado de León XIII organizó peregrinaciones de trabajadores franceses a Roma acompañados de empresarios y sacerdotes. Incluían conferencias y temas relativos al trabajo. La de 1889 atrajo a más de diez mil participantes. Estas peregrinaciones contribuyeron a acelerar la publicación de la encíclica Rerum Novarum (1891), que se convirtió en la carta fundacional del movimiento liderado por Harmel. A partir de 1893, organizó congresos de trabajadores cristianos que reflejaban la creciente preferencia por la acción de los trabajadores sobre la de los empresarios. Estas organizaciones fueron elementos constitutivos en la formación de la Democracia Cristiana Francesa e influyeron en el tiempo en la formación social de los creyentes para tener una visión más humana y justa del mundo del trabajo.
Que el Papa León XIV haya querido hacer una breve parada en esta exposición no es un simple gesto de interés turístico o cultural sino una parábola en acción para recordarnos hoy la urgencia de amar la justicia y la paz. “Las mismas tecnologías que facilitan la comunicación y el acceso a los recursos pueden sustentar modelos que explotan a los más vulnerables, alimentan nuevas esclavitudes y transforman el conflicto en oportunidad de lucro. Cada decisión técnica o económica se convierte en un punto de discernimiento espiritual” (Magnifica Humanitas, 240).
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