Mérida, Agosto Lunes 31, 2026, 08:45 am
Las stablecoins, las criptomonedas vinculadas al dólar
que circulan por redes de pago privadas se promueven como instrumentos capaces
de agilizar, reducir costos y democratizar los pagos transfronterizos. En
economías africanas, latinoamericanas y asiáticas, con acceso bancario
limitado, elevados costos de remesas o liquidez escasa en dólares, estas
monedas digitales ofrecen un canal de pago alternativo. Sin embargo, su
adopción puede profundizar la dependencia del dólar al facilitar que hogares y
empresas ahorren y realicen transacciones fuera de los circuitos bancarios
domésticos convencionales. La credibilidad de dichos instrumentos sigue
dependiendo de la capacidad de redención confiable en dólares y, en última
instancia, del acceso a liquidez en moneda estadounidense. La pregunta central es
si el uso generalizado de stablecoins vinculadas al dólar desplaza parte de la
dependencia cambiaria existente hacia redes de pago privadas sobre las cuales
las autoridades domésticas ejercen una influencia cada vez más indirecta.
A diferencia de los sistemas bancarios tradicionales,
donde la supervisión puede rastrear flujos y titularidad con relativa
precisión, las blockchains públicas mantienen registros de transacciones
accesibles para cualquier observador, pero identificar quién controla una
billetera digital y determinar si la actividad se desarrolla dentro del
territorio nacional resulta técnicamente complejo. Con el tiempo, una mayor
demanda privada de dólares podría migrar hacia redes digitales dolarizadas: las
empresas podrían mantener reclamos tokenizados emitidos por entidades privadas;
los hogares podrían utilizar tokens de dólares por su mayor accesibilidad
respecto a las cuentas bancarias; y las plataformas comerciales podrían
preferir stablecoins para liquidaciones transfronterizas. Estas dinámicas incrustarían
la infraestructura del dólar más profundamente en los pagos domésticos y
regionales, generando una forma de dolarización digital difícil de revertir
mediante reservas internacionales o acuerdos de swap cambiario.
Para economías con capacidad institucional más limitada,
el equilibrio debe inclinarse hacia la estabilidad y el control regulatorio
doméstico. Las autoridades pueden permitir que el uso minorista de stablecoins
en moneda extranjera se expanda de manera gradual, conforme se fortalezca la
supervisión. Establecer límites a la distribución doméstica, exigir reportes agregados
de flujos y actividad de redención a intermediarios locales, y vincular la
autorización de uso para remesas o comercio a requisitos de transparencia,
permiten mantener la actividad dentro del alcance supervisora. Asimismo, la
cooperación regional puede contribuir a mitigar riesgos sin exigir un régimen
único de stablecoins para toda Asia, América Latina o África. Estándares
compartidos sobre activos de respaldo, mecanismos de redención y tratamiento de
emisores extranjeros reducirían brechas regulatorias, mientras que la
conectividad de pagos por bloque regional y los acuerdos de liquidación en
moneda local preservarían rutas alternativas cuando los canales dolarizados se
vuelvan costosos, restrictivos o poco confiables.
Para Venezuela y América Latina, es necesario destacar
que la dolarización digital mediante stablecoins no elimina la dependencia del
dólar, sino que la transforma en una vulnerabilidad de redes privadas sobre las
cuales los bancos centrales y las superintendencias financieras nacionales
ejercen escaso control, lo cual resulta particularmente peligroso en economías
donde la confianza institucional es frágil y la demanda de activos extranjeros
es alta. Además, la regulación de estos instrumentos no puede delegarse, son
necesarios marcos propios de autorización, reserva y redención que preserven la
autonomía monetaria y financiera de cada país. Y esta transformación digital
del sistema financiero internacional amerita mayor cooperación regional a
través de estándares compartidos, conectividad de pagos y acuerdos de
liquidación en moneda local. Así, los países latinoamericanos deberían
priorizar la construcción de arquitecturas de pago subregionales que mantengan
rutas alternativas operativas cuando los canales tradicionales se perturben, en
lugar de asumir que la adopción acrítica de stablecoins resolverá sus déficits
de infraestructura financiera.
@zerpasad