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Por Sadcidi Zerpa de Hurtado

Stablecoin, dolarización y América Latina por Sadcidi Zerpa de Hurtado



Stablecoin, dolarización y América Latina por Sadcidi Zerpa de Hurtado

Las stablecoins, las criptomonedas vinculadas al dólar que circulan por redes de pago privadas se promueven como instrumentos capaces de agilizar, reducir costos y democratizar los pagos transfronterizos. En economías africanas, latinoamericanas y asiáticas, con acceso bancario limitado, elevados costos de remesas o liquidez escasa en dólares, estas monedas digitales ofrecen un canal de pago alternativo. Sin embargo, su adopción puede profundizar la dependencia del dólar al facilitar que hogares y empresas ahorren y realicen transacciones fuera de los circuitos bancarios domésticos convencionales. La credibilidad de dichos instrumentos sigue dependiendo de la capacidad de redención confiable en dólares y, en última instancia, del acceso a liquidez en moneda estadounidense. La pregunta central es si el uso generalizado de stablecoins vinculadas al dólar desplaza parte de la dependencia cambiaria existente hacia redes de pago privadas sobre las cuales las autoridades domésticas ejercen una influencia cada vez más indirecta.

A diferencia de los sistemas bancarios tradicionales, donde la supervisión puede rastrear flujos y titularidad con relativa precisión, las blockchains públicas mantienen registros de transacciones accesibles para cualquier observador, pero identificar quién controla una billetera digital y determinar si la actividad se desarrolla dentro del territorio nacional resulta técnicamente complejo. Con el tiempo, una mayor demanda privada de dólares podría migrar hacia redes digitales dolarizadas: las empresas podrían mantener reclamos tokenizados emitidos por entidades privadas; los hogares podrían utilizar tokens de dólares por su mayor accesibilidad respecto a las cuentas bancarias; y las plataformas comerciales podrían preferir stablecoins para liquidaciones transfronterizas. Estas dinámicas incrustarían la infraestructura del dólar más profundamente en los pagos domésticos y regionales, generando una forma de dolarización digital difícil de revertir mediante reservas internacionales o acuerdos de swap cambiario.

Para economías con capacidad institucional más limitada, el equilibrio debe inclinarse hacia la estabilidad y el control regulatorio doméstico. Las autoridades pueden permitir que el uso minorista de stablecoins en moneda extranjera se expanda de manera gradual, conforme se fortalezca la supervisión. Establecer límites a la distribución doméstica, exigir reportes agregados de flujos y actividad de redención a intermediarios locales, y vincular la autorización de uso para remesas o comercio a requisitos de transparencia, permiten mantener la actividad dentro del alcance supervisora. Asimismo, la cooperación regional puede contribuir a mitigar riesgos sin exigir un régimen único de stablecoins para toda Asia, América Latina o África. Estándares compartidos sobre activos de respaldo, mecanismos de redención y tratamiento de emisores extranjeros reducirían brechas regulatorias, mientras que la conectividad de pagos por bloque regional y los acuerdos de liquidación en moneda local preservarían rutas alternativas cuando los canales dolarizados se vuelvan costosos, restrictivos o poco confiables.

Para Venezuela y América Latina, es necesario destacar que la dolarización digital mediante stablecoins no elimina la dependencia del dólar, sino que la transforma en una vulnerabilidad de redes privadas sobre las cuales los bancos centrales y las superintendencias financieras nacionales ejercen escaso control, lo cual resulta particularmente peligroso en economías donde la confianza institucional es frágil y la demanda de activos extranjeros es alta. Además, la regulación de estos instrumentos no puede delegarse, son necesarios marcos propios de autorización, reserva y redención que preserven la autonomía monetaria y financiera de cada país. Y esta transformación digital del sistema financiero internacional amerita mayor cooperación regional a través de estándares compartidos, conectividad de pagos y acuerdos de liquidación en moneda local. Así, los países latinoamericanos deberían priorizar la construcción de arquitecturas de pago subregionales que mantengan rutas alternativas operativas cuando los canales tradicionales se perturben, en lugar de asumir que la adopción acrítica de stablecoins resolverá sus déficits de infraestructura financiera.

@zerpasad