Mérida, Septiembre Martes 01, 2026, 12:59 am
Las lágrimas del ganadero Tico Morales cuando «Venteadoro»,
Nº 7, se tragaba la muerte de bravo en los medios de la plaza de Cuéllar eran
reflejo de años de esfuerzo, paciencia e ilusión por recuperar una estirpe
legendaria en la ganadería brava. Partido de Resina encontró en Cuéllar un
pilar para construir su recuperación y, año tras año, ha ido revalidando la
condición de un futuro esperanzador. Hoy, las expectativas empiezan a
transformarse en realidad: una corrida en tipo -excepto el grandón segundo-,
seria pero retornando a los orígenes del Pablo Romero de antaño que embistió a
las figuras. Hocico chato, bajo de manos, estrechos de sienes, enseñando las
palas.
Largo de viga, hondo y con los pitones mirando al cielo, el segundo salió como un tren de mercancías. Le pegaron duro en el caballo, con un profuso sangrado. Jesús Enrique “Colombo” firmó un reunido tercio de banderillas, sobre todo en el segundo par, de poder a poder en los medios. Solo mover el pesado esqueleto del de Partido de Resina ya tuvo mérito, pero, además, tuvo nobleza a pesar de que tuvo mejor inicios de embestida que finales, con la cara por encima del palillo. El venezolano se precipitó en dos ocasiones en la suerte suprema, antes de dejar una estocada caída.
El balance del festejo, cuya reseña anterior corresponde al periodista Marcos Sanchidrián, del portal mundotoro.com es el siguiente:
Plaza de toros de Cuéllar (Segovia). Segunda de abono. Casi un tercio de entrada. Toros de Partido de Resina, bien presentados. El bravo quinto, «Venteadoro»-7, fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre. También destacaron el tranco del primero, la nobleza del segundo y la entrega del tercero.
Jesús Enrique “Colombo”, silencio y dos orejas.
Pablo Atienza, dos orejas y silencio tras aviso.