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que exige un nuevo modelo de gestión”
Víctor Molina, propone un modelo descentralizado que aproveche el capital intelectual de la propia universidad. Foto: Prensa ITU

Crisis presupuestaria y transformación administrativa

Víctor Molina: “La ULA vive una asfixia presupuestaria extrema que exige un nuevo modelo de gestión”

** El Director de Programación y Presupuesto de la ULA advierte que la universidad opera con apenas el 10% de los recursos que requiere, denuncia la destrucción del salario real y plantea la necesidad de una transformación administrativa descentralizada y transparente.



Crisis presupuestaria y transformación administrativa

Víctor Molina: “La ULA vive una asfixia presupuestaria extrema que exige un nuevo modelo de gestión”

La Universidad de Los Andes (ULA) enfrenta una de las crisis más profundas de su historia así lo afirmó el profesor Víctor Molina, actual Director de Programación y Presupuesto de la institución y miembro de la Plataforma Impulsores de la Transformación Universitaria, quien calificó la situación como una “asfixia presupuestaria extrema” que amenaza la operatividad académica y administrativa.

Molina explicó que el Ejecutivo nacional impone déficits que oscilan entre el 80 % y el 90 % de los recursos solicitados. En cifras concretas, de los 162 millones de bolívares mensuales requeridos para gastos básicos, la ULA apenas recibió 500 mil bolívares, lo que equivale a operar con menos de 1.000 dólares mensuales esto, a decir del profesor Titular de la ULA, se traduce en destrucción del salario real, becas insuficientes, colapso del transporte, deterioro de la planta física, parálisis de la investigación y vulnerabilidad tecnológica, subrayó.

Ante las críticas sobre la supuesta responsabilidad de la Dirección de Presupuesto en el deterioro institucional, Molina aclara que su rol es estrictamente técnico: elaborar el anteproyecto, registrar y controlar la ejecución presupuestaria. “El director no está facultado para modificar partidas de manera unilateral; esas decisiones corresponden al Consejo Universitario o al Rector”, enfatizó.

 

El Gobierno nacional sólo asignó el 10 %

de los recursos solicitados para el año 2026

 

Sobre el presupuesto de 2026, detalló que la ULA solicitó más de 10 mil 591 millones 973 mil 260 bolívares, pero solo se le asignó un 10 % de esa cifra, y hasta agosto apenas ha recibido el 8 % de lo aprobado, por tanto, la crisis es grave y responde a políticas macro fiscales del poder central, no a la gestión interna, puntualizó.

En cuanto a la transformación administrativa, Molina propone un modelo descentralizado que aproveche el capital intelectual de la propia universidad aquí “no se trata de importar recetas externas, sino de sistematizar el conocimiento de nuestro personal docente, administrativo y técnico. Es necesario mapear procesos abandonados, identificar cuellos de botella y digitalizar trámites para eliminar el exceso de papel y agilizar la atención”.

El académico también cuestionó la opacidad en el manejo de los ingresos propios y los altos costos de trámites y estudios de postgrado. “Modernizar la administración universitaria significa construir una gestión ágil, centrada en resultados, con plataformas tecnológicas y transparencia en el uso de los recursos”, afirmó.

Finalmente, el Profesor activo de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad de Los Andes (Faces – ULA), indicó su decisión de haber permanecido en el país y enfrentar las dificultades junto a su familia y la comunidad universitaria. “La ULA necesita una transformación administrativa profunda, y esa tarea debe surgir de la voluntad política y académica de quienes creemos en la universidad autónoma venezolana, hemos dado la cara por la institución y somos garantes del manejo técnico de las finanzas institucionales”, concluyó. /Prensa ITU /CNP 11842

La política presupuestaria como mecanismo de control

El profesor Molina advierte que la crisis no es un accidente administrativo, sino una política deliberada de asfixia presupuestaria. La reducción sistemática de recursos se ha convertido en un mecanismo de control político sobre las universidades autónomas, debilitando su capacidad de investigación y formación crítica. Esta situación coloca a la ULA en un estado de vulnerabilidad institucional que compromete su rol histórico como referente académico nacional.