Mérida, Septiembre Lunes 14, 2026, 06:05 am
La política nacional no puede continuar operando como un ecosistema cerrado, reservado exclusivamente a las dinámicas partidistas tradicionales. La complejidad de los desafíos socioeconómicos actuales y la profunda crisis institucional que atraviesa Venezuela exigen, de manera impostergable, romper el aislamiento y el letargo en el que han caído las estructuras políticas convencionales.
Es
fundamental incorporar de manera sistemática y decidida a la sociedad civil,
academia, gremios, organizaciones comunitarias, sector privado y profesionales
independientes, en los diferentes niveles de decisión estatal, convirtiéndola
en el eje central de las soluciones que el país requiere.
En
el contexto venezolano actual, marcado por la desarticulación de las vías
electorales y la pretensión de quienes detentan el poder de perpetuarse a
través de la desmoralización de la oposición, la participación ciudadana
organizada no es solo una opción; es una necesidad histórica.
Diversos
movimientos de distinta índole dispersos pero con un genuino interés de cambio
buscan activamente agruparse. El objetivo es crear un músculo lo
suficientemente robusto que les permita imponer su presencia e influencia en
todos los escenarios por venir, tanto en la transición democrática como en la
transformación profunda de la institucionalidad venezolana.
Un
ejemplo emblemático de este esfuerzo integrador es la labor de la Federación de
Movimientos Ciudadanos (FEVEMOCI), que recorre incansablemente las distintas
regiones del país.
Su
propósito es aglutinar a todos los movimientos de diversos pensamientos,
actividades y bases sociales para que trasciendan la diatriba política
electoral y pasen a formar parte estructural de las soluciones que el país
demanda.
Precisamente,
los acuerdos alcanzados con cientos de organizaciones aliadas, como el
movimiento Defensores populares de la nueva República (DPR) ,dinamizado por
importantes grupos de profesionales del derecho en Caracas, liderados por el
Coronel Hidalgo Valero demuestran que el entendimiento entre ciudadanos
organizados apunta hacia lo medular: el problema fundamental de Venezuela no se
resuelve simplemente con alternancia en el poder, sino con una redefinición del
modelo de Estado.
Ampliando
esta visión, la fortaleza de la sociedad civil radica en su capacidad para
ofrecer un capital intelectual y técnico que supera la visión burocrática y
clientelar de los partidos.
Al
no depender de cálculos electorales inmediatos, los ciudadanos organizados
pueden aportar soluciones pragmáticas, diagnósticos basados en la realidad y
una contraloría social implacable contra la corrupción. Además, es vital
comprender que la transición y posterior gobernabilidad del país dependen de un
nuevo pacto social que emerja de las bases.
La
historia regional, con ejemplos claros como el de Nicaragua, demuestra que sin
reformas estructurales profundas y sin una ciudadanía empoderada que garantice
dichas transformaciones, se corre el riesgo de caer en retrocesos autoritarios
donde la población termine nuevamente sometida.
Asumir
este protagonismo es la clave para revitalizar el sistema. Incorporar a la
ciudadanía organizada no debilita la política; al contrario, la oxigena
profundamente, le otorga la legitimidad perdida y convierte el talento disperso
del país en la verdadera fuerza motora de su propia reconstrucción y libertad.
La
mayoría del país apoya a María Corina Machado consciente de las circunstancias
sobrevenidas e históricas que se viven, apuestan a nuevos referentes políticos
que está emergiendo en esta dinámica inédita. Todos coinciden en la necesidad
de la unidad nacional para enfrentar los desafíos que se tienen por
delante.
Escuchar
a un dirigente como Henry Álvarez del equipo de Vente Venezuela nos conlleva a
pensar que existe claridad en el objetivo y disposición de integración de todos
los factores que abonen y fortalezcan el camino hacia la democracia y que en el
momento preciso se logre una victoria aplastante sobre lo que aún queda de
revolución. Toda la opinión pública en Venezuela y el exterior piden elecciones
ya. Por lo que todos los venezolanos deben remar en ese sentido hasta lograrlo.
El
país se está moviendo aunque parezca que se ha detenido. Las pretensiones de
grupos políticos y económicos trabajan y contribuyen con darle vida al
continuismo que asfixia a la sociedad que sin duda alguna se niega a rendirse.
Los
cambios previstos, están montados en un carril que no soporta el peso de una
Venezuela maltratada que exige un cambio de dirección y que se aceleren las
acciones para deponer lo que aún queda de la era del oscurantismo socialista,
con sus protagonistas y cómplices de la destrucción y la espeluznante
corrupción.
La
sociedad venezolana se impondrá con la fuerza organizativa que emerge en cada
rincón del país de manera espontánea ante la inacción de la dirigencia
decadente.
La
real transición, las expectativas de cambio y logro de la transformación es un
decreto ciudadano impostergable e invencible.