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Por Ramón Sosa Pérez

Crónicas y Caminos

EL NUNCIO APOSTÓLICO: LA VISITA MEMORABLE AL SUR MERIDEÑO por Ramón Sosa Pérez



Crónicas y Caminos

EL NUNCIO APOSTÓLICO: LA VISITA MEMORABLE AL SUR MERIDEÑO por Ramón Sosa Pérez

Justo en 1492, cuando España enviaba falanges a ultramar buscando más posesiones, la Roma imperial ensayaba en Europa designar la figura que simbolizara al Papa. Antes de fenecer el siglo XV, Venecia contaba con un Nuncio Permanente y luego los hubo en Francia, Polonia y Alemania. El Nuncio simplificó su definición y de diligencia en los oficios, amoldó la representación pública del Papa, actuando, como de hecho sucede hoy, en Decano del Cuerpo Diplomático en los países donde se reconoce la autoridad de la iglesia romana.

Releyendo lo que el biógrafo Ricardo Contreras cinceló de Juan Pablo I, prologado por el entonces Arzobispo Coadjutor de la Arquidiócesis, Monseñor Helizandro Terán, abrimos pliego al 5to día de papado: “ciertamente, en la gama amplia de los puestos diplomáticos, vuestra función aquí es sui generis como lo son la misión y la competencia de la Santa Sede”. Nadie pone en tela de juicio la autoridad que su presencia implica y por ello, al Nuncio Apostólico en cualquier espacio se le juzga como cercanía del mensaje pontificio.

Así vio Mérida a Monseñor Alberto Ortega Martín, Nuncio acreditado en Venezuela desde el 14 de mayo de 2024 en sucesión de Aldo Giordano. Recorrió el páramo, Mocotíes y la zona metropolitana, sin menoscabo de una exigente agenda que atendió tareas protocolares de su alta investidura. Ya en el colofón de su visita hubo de dispensar una observación “in situ” a los fascinantes pueblos del sur merideño. La fascinante región, de innegable retumbo católico por su matrícula de inspiraciones religiosas, fue socorrida en la gira.

La bendición del Representante del Vicario de Cristo generará expresiones útiles a la iglesia que se “agiornó” ante la figura del madrileño Monseñor Alberto Ortega. La ruta, agreste por desigual geografía que en nada abrevia la sierra o el norte de su tierra íbera, lo condujo desde la mañana del viernes 2 de octubre por San José del Sur, de variación al casi helamiento y baja temperatura en el páramo, lindante entre los Municipios Campo Elías y Arzobispo Chacón hasta Mucutuy, primer pueblo agustino en la senda del Nuncio Apostólico.

En el Páramo Piedra de Pirela honró la imagen de Jesús, al que dedicamos el sonetillo: “Santo Cristo, luz y guía/ guardián del sur merideño/bendice hoy a tu pueblo/ en paz, perdón y alegría”. La obra, modelada por Densy Sánchez Rivas, mi condiscípulo en la escuela Emilio Maldonado López, tiene 1,83 metros de alzada, hechura en alabanza al Altísimo como cita su autor: “apenas me dejé guiar por el Maestro y me convertí en su ayudante”. Densy es acólito de la virtud inculcada por doña Carlina, la buena madre de firme devoción cristiana.

En el atrio de la iglesia San Antonio de Padua en Mucutuy, quedó a perpetuidad la placa memorativa de la visita de Monseñor Alberto Ortega Martín. La cavilación hecha pueblo sorprendió al prelado madrileño y su homilía fue muy sensible en el saludo “que a ustedes les envía el Santo Padre”. La ruta siguió a Mucuchachí al compás de música serranera, trovas y procesión en el “nunciomóvil”. La Hora Santa marcó el rumbo, escoltado por decenas de jinetes llegados de las aldeas y un centenar de motoristas incorporados en inusual aportación.

De allí a Canaguá hubo muchas postas de paisanos que reclamaban la Bendición del Pastor, a las que accedía ataviado de una espontánea sonrisa. Los canagüenses, en protocolar recepción, lo acompañaron en callejón de honor desde la entrada al pueblo hasta el templo parroquial consagrado a Nuestra Señora del Carmen. Recibido como fue por las autoridades civiles, el párroco Cornelio Marín, los movimientos de apostolado y el Alcalde Gustavo Sosa, quien le confirió Las Llaves del Municipio por su alta investidura diplomática. 

El sábado 3 presidió la muestra cultural en la Plaza Bolívar y luego de la vivificante Eucaristía, dio término a la jornada en El Molino, que lo recibió en piadosa oración de rodillas. Entró al templo expectante por la rogativa de bienvenida y agradeció sincero a los fieles. La visita histórica nos emocionó con un mensaje regio, desde la sinodalidad impresa por el Papa en ocasión de avivar la fe en los signos de esperanza que el sur fortalecerá para bien de la iglesia. Su paso tuvo privanza en la mirada a niños y ancianos; esperanza y experiencia juntos. Gloria in Excelsis Deo.