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Por Orlando Oberto Urbina

Crónicas memorables

Juan Pablo Pérez Alfonzo, el olvidado de la clase política venezolana por Orlando Oberto Urbina



Crónicas memorables

Juan Pablo Pérez Alfonzo, el olvidado de la clase política venezolana por Orlando Oberto Urbina

bajarigua@gmail.com

adicorazul@gmail.com

 

Aquel hombre tenía una visión del futuro de nuestro país, y llegó a vaticinar que la abundancia del dinero fácil corrompería la moral pública, destruiría la agricultura, y crearía una falsa ilusión de riqueza sin esfuerzo (lo que luego se llamó “el efecto desestabilizador del ingreso petrolero”). Hoy, a casi cincuenta y cinco años de aquel pronóstico, fue ignorado por aquella clase política que hoy parece volver a repetirse con actores distintos, pero con las mismas mañas. Justamente, fue la advertencia ignorada de aquel intelectual tan olvidado, y deliberadamente excluido por la clase política de aquella época.

 En esta crónica quiero referirme al maestro y filósofo Juan Pablo Pérez Alfonzo: un destacado abogado y político de principios. Ejerció la diplomacia venezolana y fue reconocido mundialmente como el estratega e ideólogo de la fundación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

Juan Pablo Pérez Alfonzo contribuyó a analizar con preocupación el rumbo de la economía rentista, y terminó convirtiéndose en uno de sus más acérrimos críticos, debido a la manera como las autoridades nacionales del momento se enriquecían con el petróleo. Él mismo denominó al petróleo “el excremento del diablo”. Debemos detenernos a revisar la historia petrolera para no cometer los errores demagógicos del pasado. La Venezuela saudita que se vivió en otra era, y parece que la volvimos a recrear afirmando que somos los de mayor reserva petrolera del mundo, y que bajo el subsuelo no se aprovecha el petróleo. Mientras el pueblo vive en la miseria y la corrupción, en pleno siglo XXI, abundan los discursos vacíos y unos pocos siguen haciéndose ricos con el petróleo venezolano.

Juan Pablo Pérez Alfonzo fue un ilustre venezolano quien, al igual que Alberto Adriani y muchos intelectuales más, nos dejaron mensajes claros. Uno, que el petróleo es el excremento del diablo; y que hay que “sembrar el petróleo”. La riqueza fácil nos ha llevado a lo que hoy vivimos, y nuestra mayor riqueza es el trofeo del pedófilo y ladrón internacional que nos roba lo que nos pertenece, y cuyo saqueo es apoyado por una clase política inmoral, cipaya y colaboracionista, mientras el ciudadano busca sobrevivir a unas cuantas penurias.

Como ministro de Fomento durante el gobierno de Rómulo Betancourt, Pérez Alfonzo asumió en ese entonces la dirección de la política petrolera nacional. Anteriormente, en el gobierno de Rómulo Gallegos durante el trienio adeco (1945-1948), después del golpe a Medina Angarita, Juan Pablo Pérez Alfonzo comenzó aquella revolución fiscal del “Fifty-Fifty”, en la que diseñó un esquema del 50/50, ley que obligaba a las corporaciones extranjeras a dividir las ganancias del petróleo en partes iguales con el Estado venezolano; modelo que los países del Medio Oriente lograron copiar. Juan Pablo fue perseguido y pagó cárcel al ser derrocado Gallegos.

Se exilió en Estados Unidos y en México, y con la caída de la dictadura militar del general Marcos Pérez Jiménez en enero de 1958, al regresar al país, Betancourt lo designó ministro de Minas e Hidrocarburos, y durante su ejercicio fundó la Corporación Venezolana del Petróleo (CVP), como se llamó antes de ser PDVSA. Esa política consistía en ensayar la gestión directa de los recursos del petróleo.

Liderizó una alianza estratégica para impedir que siguiera ocurriendo lo que hacían siempre las grandes petroleras del mundo: bajar unilateralmente los precios del crudo. Pérez Alfonzo trazó una alianza táctica con el entonces ministro saudí Abdullah al Tariki. En 1960 se cristalizó la fundación de los países exportadores de petróleo (OPEP), en la magistral Conferencia de Bagdad, donde participaban Venezuela, Arabia Saudita, Irak, Irán y Kuwait. Dichos países son quienes crean la OPEP como una manera conjunta de defender el valor del crudo, y favorecer políticas de integración.

Este hombre insigne llegó a sentir decepción por el consumismo desde lo social, y criticó el modelo de producción petrolera que fue tergiversado. Decidió retirarse de la política y hacer una vida de austeridad. Volvió a su quinta “Los Alcornoques” en Caracas a cultivar su jardín.

Tras el boom petrolero de los años 70, pronto supo Pérez Alfonzo que esa abundancia del dinero fácil corrompía la moral pública. Pérez Alfonzo pronosticaba que ese modelo crearía una falsa ilusión de bienestar. Murió en Estados Unidos lejos de su amada Venezuela el 3 de septiembre de 1979, en el hospital de Georgetown DC, debido a que padecía cáncer de páncreas. Antes de morir, advirtió que el petróleo que Venezuela “nunca había sembrado” haría que se descuidaran otras áreas de interés nacional como la agricultura, el turismo y la educación.

Murió casi olvidado, como los grandes hombres y mujeres de este país. Al final, abandonó la esfera pública porque estaba horrorizado por la opulencia y el derroche de aquella “Venezuela Saudita”. Pérez Alfonzo fu incómodo para el poder complaciente porque sus críticas y advertencias eran una bofetada para ese optimismo ciego de aquel gobierno que presidia: para ese entonces, el de Carlos Andrés Pérez. En algún momento afirmó que aquel petróleo nos traería la ruina… porque “El petróleo es el excremento del diablo”.

Los políticos y la sociedad de entonces prefirieron tacharlo de “excéntrico”, “loco” o tal vez “radical” en lugar de escucharle, y entonces lo aislaron institucionalmente porque sus verdades incomodaban. Los principales diarios y figuras intelectuales reseñaron su partida física reconociendo su papel histórico.

Su obra “Hundiéndonos en el excremento del diablo” (1976) es un interesante libro que en tres vertientes: el choque de la “Gran Venezuela”, entre 1974 y 1976, durante la cual hubo poca inversión importante para el país, y en cambio se compraron aviones, se subsidiaba el whisky, y prevalecía el lema “Tá barato, dame dos”. En medio de esa fiesta, Juan Pablo declaró “Nos estamos ahogando en el excremento del diablo” y el impacto fue de rechazo inmediato.

 Luego vino aquella descalificación de “El loco de la OPEP” por parte de la clase política del partido Acción Democrática, y los empresarios consideraron sus tesis como propuestas seniles o radicales. Cuando propuso reducir drásticamente la producción petrolera a la mitad para evitar la “Indigestión económica”, los tecnócratas se burlaron al considerar absurdo dejar de producir cuando el barril estaba en máximos históricos. Juan Pablo Pérez Alfonzo repetía una advertencia histórica: “España se arruinó con el oro fácil de las colonias. Nosotros podemos destruirnos con el oro negro fácil”.

Nació en Caracas el 13 de diciembre de 1903, y fue hijo de Juan Pablo Pérez Betancourt y Carmen Alfonzo de la Torre. Se casó con Alicia Castillo, y tuvieron cinco hijos: Juan Pablo, Germán, Oscar, Alicia y María. Es internacionalmente reconocido por haber sido el ideólogo de la OPEP en 1960.