Mérida, Noviembre Miércoles 04, 2026, 11:24 am
Aquel hombre tenía una visión del
futuro de nuestro país, y llegó a vaticinar que la abundancia del dinero fácil corrompería
la moral pública, destruiría la agricultura, y crearía una falsa ilusión de
riqueza sin esfuerzo (lo que luego se llamó “el efecto desestabilizador del
ingreso petrolero”). Hoy, a casi cincuenta y cinco años de aquel pronóstico,
fue ignorado por aquella clase política que hoy parece volver a repetirse con
actores distintos, pero con las mismas mañas. Justamente, fue la advertencia
ignorada de aquel intelectual tan olvidado, y deliberadamente excluido por la
clase política de aquella época.
En esta crónica quiero referirme al maestro y
filósofo Juan Pablo Pérez Alfonzo: un destacado abogado y político de
principios. Ejerció la diplomacia venezolana y fue reconocido mundialmente como
el estratega e ideólogo de la fundación de la Organización de Países
Exportadores de Petróleo (OPEP).
Juan Pablo Pérez Alfonzo contribuyó
a analizar con preocupación el rumbo de la economía rentista, y terminó
convirtiéndose en uno de sus más acérrimos críticos, debido a la manera como
las autoridades nacionales del momento se enriquecían con el petróleo. Él mismo
denominó al petróleo “el excremento del diablo”. Debemos detenernos a revisar
la historia petrolera para no cometer los errores demagógicos del pasado. La
Venezuela saudita que se vivió en otra era, y parece que la volvimos a recrear
afirmando que somos los de mayor reserva petrolera del mundo, y que bajo el
subsuelo no se aprovecha el petróleo. Mientras el pueblo vive en la miseria y
la corrupción, en pleno siglo XXI, abundan los discursos vacíos y unos pocos
siguen haciéndose ricos con el petróleo venezolano.
Juan Pablo Pérez Alfonzo fue un ilustre
venezolano quien, al igual que Alberto Adriani y muchos intelectuales más, nos
dejaron mensajes claros. Uno, que el petróleo es el excremento del diablo; y que
hay que “sembrar el petróleo”. La riqueza fácil nos ha llevado a lo que hoy
vivimos, y nuestra mayor riqueza es el trofeo del pedófilo y ladrón internacional
que nos roba lo que nos pertenece, y cuyo saqueo es apoyado por una clase
política inmoral, cipaya y colaboracionista, mientras el ciudadano busca
sobrevivir a unas cuantas penurias.
Como ministro de Fomento durante
el gobierno de Rómulo Betancourt, Pérez Alfonzo asumió en ese entonces la
dirección de la política petrolera nacional. Anteriormente, en el gobierno de
Rómulo Gallegos durante el trienio adeco (1945-1948), después del golpe a
Medina Angarita, Juan Pablo Pérez Alfonzo comenzó aquella revolución fiscal del
“Fifty-Fifty”, en la que diseñó un esquema del 50/50, ley que obligaba a las
corporaciones extranjeras a dividir las ganancias del petróleo en partes
iguales con el Estado venezolano; modelo que los países del Medio Oriente
lograron copiar. Juan Pablo fue perseguido y pagó cárcel al ser derrocado
Gallegos.
Se exilió en Estados Unidos y en
México, y con la caída de la dictadura militar del general Marcos Pérez Jiménez
en enero de 1958, al regresar al país, Betancourt lo designó ministro de Minas
e Hidrocarburos, y durante su ejercicio fundó la Corporación Venezolana del
Petróleo (CVP), como se llamó antes de ser PDVSA. Esa política consistía en
ensayar la gestión directa de los recursos del petróleo.
Liderizó una alianza estratégica para
impedir que siguiera ocurriendo lo que hacían siempre las grandes petroleras
del mundo: bajar unilateralmente los precios del crudo. Pérez Alfonzo trazó una
alianza táctica con el entonces ministro saudí Abdullah al Tariki. En 1960 se cristalizó
la fundación de los países exportadores de petróleo (OPEP), en la magistral
Conferencia de Bagdad, donde participaban Venezuela, Arabia Saudita, Irak, Irán
y Kuwait. Dichos países son quienes crean la OPEP como una manera conjunta de
defender el valor del crudo, y favorecer políticas de integración.
Este hombre insigne llegó a
sentir decepción por el consumismo desde lo social, y criticó el modelo de
producción petrolera que fue tergiversado. Decidió retirarse de la política y
hacer una vida de austeridad. Volvió a su quinta “Los Alcornoques” en Caracas a
cultivar su jardín.
Tras el boom petrolero de los
años 70, pronto supo Pérez Alfonzo que esa abundancia del dinero fácil corrompía
la moral pública. Pérez Alfonzo pronosticaba que ese modelo crearía una falsa
ilusión de bienestar. Murió en Estados Unidos lejos de su amada Venezuela el 3
de septiembre de 1979, en el hospital de Georgetown DC, debido a que padecía cáncer
de páncreas. Antes de morir, advirtió que el petróleo que Venezuela “nunca
había sembrado” haría que se descuidaran otras áreas de interés nacional como la
agricultura, el turismo y la educación.
Murió casi olvidado, como los
grandes hombres y mujeres de este país. Al final, abandonó la esfera pública
porque estaba horrorizado por la opulencia y el derroche de aquella “Venezuela
Saudita”. Pérez Alfonzo fu incómodo para el poder complaciente porque sus críticas
y advertencias eran una bofetada para ese optimismo ciego de aquel gobierno que
presidia: para ese entonces, el de Carlos Andrés Pérez. En algún momento afirmó
que aquel petróleo nos traería la ruina… porque “El petróleo es el excremento
del diablo”.
Los políticos y la sociedad de
entonces prefirieron tacharlo de “excéntrico”, “loco” o tal vez “radical” en
lugar de escucharle, y entonces lo aislaron institucionalmente porque sus
verdades incomodaban. Los principales diarios y figuras intelectuales reseñaron
su partida física reconociendo su papel histórico.
Su obra “Hundiéndonos en el
excremento del diablo” (1976) es un interesante libro que en tres vertientes:
el choque de la “Gran Venezuela”, entre 1974 y 1976, durante la cual hubo poca
inversión importante para el país, y en cambio se compraron aviones, se
subsidiaba el whisky, y prevalecía el lema “Tá barato, dame dos”. En medio de
esa fiesta, Juan Pablo declaró “Nos estamos ahogando en el excremento del
diablo” y el impacto fue de rechazo inmediato.
Luego vino aquella descalificación de “El loco
de la OPEP” por parte de la clase política del partido Acción Democrática, y
los empresarios consideraron sus tesis como propuestas seniles o radicales.
Cuando propuso reducir drásticamente la producción petrolera a la mitad para
evitar la “Indigestión económica”, los tecnócratas se burlaron al considerar
absurdo dejar de producir cuando el barril estaba en máximos históricos. Juan
Pablo Pérez Alfonzo repetía una advertencia histórica: “España se arruinó con
el oro fácil de las colonias. Nosotros podemos destruirnos con el oro negro
fácil”.
Nació en Caracas el 13 de
diciembre de 1903, y fue hijo de Juan Pablo Pérez Betancourt y Carmen Alfonzo
de la Torre. Se casó con Alicia Castillo, y tuvieron cinco hijos: Juan Pablo,
Germán, Oscar, Alicia y María. Es internacionalmente reconocido por haber sido
el ideólogo de la OPEP en 1960.