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Por Sadcidi Zerpa de Hurtado

Acuerdo China-Unión Europea por Sadcidi Zerpa de Hurtado



Acuerdo China-Unión Europea por Sadcidi Zerpa de Hurtado

El pasado 9 de octubre las autoridades chinas y europeas suscribieron un acuerdo que regula las exportaciones de vehículos híbridos chinos, protege la producción europea de automóviles y favorece el intercambio de tierras raras. El punto de encuentro se logró alrededor de pautas estructurales dirigidas a mitigar el déficit comercial bilateral. Entre ellas, la reducción progresiva del 50% en las exportaciones chinas de automóviles híbridos durante los próximos 4 años, facilidades para obtener licencias y comercializar tierras raras, además de la reducción de aranceles a la importación de bienes europeos por parte de consumidores chinos.

La viabilidad a largo plazo de este acuerdo dependerá de que los 27 Estados miembros de la Unión Europea lo ratifiquen, como expresión de la disposición de los actores regionales a lograr nuevos y estrechos vínculos con China. Por otra parte, la eliminación de las barreras arancelarias a los productos europeos, así como el levantamiento de restricciones sanitarias, constituyen un estímulo a la actividad productiva europea, en especial, en sectores competitivos. Mientras que el desafío seguirá siendo la consolidación definitiva de un marco regulatorio integral, donde se deje claro la posición de las partes y se logren consensos acerca de qué hacer con los sectores productivos europeos menos competitivos.

Y aunque los resultados de este acuerdo se verán más adelante, su firma refleja una práctica común en el actual contexto mundial, la predilección por el proteccionismo defensivo en la gobernanza económica global. Esto se ve cuando la medida busca otorgar un alivio temporal a los fabricantes europeos menos competitivos, pero su implementación trae consigo externalidades negativas como el encarecimiento artificial de los precios para el consumidor, el retraso de la transición verde, el debilitamiento de los incentivos para la innovación industrial, entre otras. Lo que desemboca en una evidente contradicción resultado de pretender limitar las importaciones de vehículos chinos con menor impacto medioambiental en su funcionamiento, para sostener un sector automotriz europeo con ineficiencias estructurales.

De igual forma, el acuerdo refleja una paradoja económica europea en el marco del actual clima de incertidumbre geoeconómica y fragmentación geopolítica mundial. La Unión Europea ha optado por instrumentos comerciales restrictivos que generan incentivos perversos para sus industrias establecidas. A pesar del discurso oficial a favor de la descarbonización, el retraso en la prohibición de los motores de combustión para 2035 y la resistencia de los fabricantes a modernizarse demuestran un desinterés por avanzar hacia la tan ansiada transición verde.

Para América Latina, esta dinámica global subraya la urgencia de evitar la trampa del proteccionismo reactivo ante los flujos comerciales desviados. La región latinoamericana debe reconocer que imponer barreras a los bienes intermedios chinos socavaría su propia capacidad de upgrading industrial. En su lugar, la estrategia regional debe centrarse en fortalecer las cadenas de valor intrarregionales, fomentar la inversión extranjera directa con marcos regulatorios claros y defender el multilateralismo comercial. La competitividad latinoamericana no se construirá aislando sus mercados, sino aprovechando las oportunidades de relocalización productiva mediante acuerdos que prioricen la transferencia tecnológica y la complementariedad productiva, sin sacrificar la eficiencia productiva.

@zerpasad