Mérida, Abril Domingo 12, 2026, 08:07 pm
JESÚS BAYORT
@JesusBAYORT
Diario ABC
de Sevilla
Hubo una corrida de toros en los primeros tercios, y otra corrida de toros en los compases finales. De la frialdad y aspereza para el capote, a la casta y estilo en la muleta. Como Oloroso, vino dulce –entiéndanlo– de El Parralejo, que salió dando puntadas y terminó encaramado al podio de la gloria sevillana. Tan excelsa su calidad, alegría y cadencia que le bastó con un único pitón para entregarle a Miguel Ángel Perera las llaves de la Puerta del Príncipe, la primera de su carrera. Y que le bastó con un único pitón para que Gabriel Fernández Rey le diera, con justicia y desagravio por lo del día anterior, el premio de la vuelta al ruedo. Arrastre lento para Oloroso, y también para la memoria del bravo Tabarro, de Santiago Domecq.
Fue este Oloroso la nota aromática de una bodega abierta a todos los paladares. Con la vibración y exigencia de Panadero, con la clase poco aprovechada de Turulato o con la movilidad bien exprimida de Mayoral. Tres importantes animales que, junto a ese supremo Oloroso, elevaban al grado superlativo el conjunto de los toros (casi) sevillanos de la familia Moya. Que partían con la resaca emocional del día anterior, la epopéyica tarde de Santiago Domecq. Todo parecía cuesta arriba en el paseíllo, en la salida de Panadero, una alhaja en el capote que ganó kilates con su chaparrón de casta y empuje final. Era ese Panadero el punto de inflexión de la tarde, que crujió cuando pocos apostaban por él. Algo que conviene recordar, antes de entrar en lo dulce, para destacar la tarde maestra de Perera.
Tenía oculto bajo esa justa y medida talla, aunque de montadas armas, un torrente de casta Panadero. Que lo cantó todo en el inicio por bajo, revolviendo su acarnerada testuz a la velocidad de un rayo. Y tardaba en acoplarse Perera, incomodado por el viento, incomodado por el vendaval indómito de este primero de El Parralejo, mirón y muy exigente, que terminó desarmándolo. Hasta que lo entendió. Muy por bajo, cuando subía la emoción del toro y del conjunto del trasteo. Más rotundo al natural, sin forzar el redondeo. Contundente fue la estocada, tocando seco y golpeando en la yema.
Aquella oreja quedaba lejos cuando, tras rejuvenecer y apasionar la tarde Borja Jiménez en el tercero, salió en cuarto lugar este Oloroso. Altito, aunque equilibrado. Que salía soltando la cara, aunque queriendo humillar al capote. Hay que resaltar la lidia: mimosa y certera, como las dos varas. Y empezó a fluir el toro con un estilo sublime, como en los redondos arrodillados de Perera, que le tapaba la cara a media altura, por donde mejor lo hacía. Empezó sin apretarle, hasta terminar roto, rotundo en la tercera serie, cuando Oloroso pidió un respiro. Y el torero cambió de pitón, aunque era casi imposible. Más vencido y pegajoso por el lado izquierdo. Cuando todo parecía emborronado, hubo una última serie que remató al gentío. La plaza en pie, entregada ante este gran toro. Y no defraudó con la espada Miguel Ángel Perera, que a sus veinte años de alternativa, y casi en los compases finales de su carrera, amarró la ansiada Puerta del Príncipe.
A lo lejos, con Miguel Ángel Perera saliendo a hombros de la plaza, se marchaba andando Borja Jiménez, la nota apasionada y fresca de la tarde. El de la reunión y redondez con los toros. Que desconcertó a Ureña en un sentido quite por chicuelinas y terminó convenciendo a todos en ambas faenas. Como si ya hubiera pasado la presión inicial de Julián Guerra para dar ahora rienda suelta a todas sus lecciones. Más rotundo y estilístico. Entregado con Mayoral, el tercero. Alto, largo y ahogadito. Menos armónico que los anteriores. Que no tuvo ni la vibración del primero ni la clase del segundo. Pero se movía, y con eso fue suficiente como para que Jiménez marcase –hasta ese momento– una distancia abismal con los alternantes. Desde el capote hasta el fallido brindis al paisanaje, sorprendido en los medios y resolutivo con un profundo toreo al natural. Que caían los muletazos como caían sus zapatillas sobre el albero, enterrado el torero, hundido sobre su punto de gravedad.
Intercalaba pitones Borja Jiménez del mismo modo que intercambiaba estilos: de la profundidad a la expresión en su figura. Mandando por bajo, cuando Tejera decidió romper, algo tarde, tras una interminable circunferencia al natural. A la cadera contraria, casi sin margen para ligar. Un torero roto, con el animal 'medio' –hasta ese ecuador de la tarde–. Sin contundencia, aunque con éxito, enterró la espada. Fulminante. Como el pañuelo de Gabriel Fernández Rey. No pudo ser en el sexto. Con Bandido, de alargada cara. Como su badana y su hondura, que acusó el sobrepeso. Insistió Jiménez, que también quería cachondeo por el Paseo de Colón. Desde la portagayola hasta los remates finales. Tenía buen embroque este Bandido, aunque sin ritmo ni raza. Lo mató espléndidamente, como confirmación de que su evolución es total.
Con la miel en los labios nos dejó Turulato, el
guapo segundo. Que cantaba cosas extraordinarias, pese a tanto lastre: el
volatín tras el agobiante recibo, los tres topetazos contra el caballo, la
cantidad de capotazos y las diez series de muletazos. ¿Qué hubiera pasado si
Ureña, correcto y medido, lo hubiese sometido en series largas y profundas?
¿Hubiera aguantado? ¿Hubiera regalado grandes momentos? Queda la duda. Su ritmo
era supremo, como su estilo. Y como su molde, más afinado y definido. Tan bajo
como bien armado, y sobradamente rematado. Se iba de corrido contra el piquero,
sin que nadie lograse cortar su trayectoria, sin que el bueno de Juan Melgar
lograse rectificar. Se creció Ureña en su apertura, aunque se menguó entre
series tan cortas de muletazos como excesivas en el tiempo. Le pidieron la
oreja tras la buena estocada, aunque la gran ovación fue para ese Turulato.
Menos palmas recibió Tragaperras, el quinto, que rápido consumió todas las
esperanzas.
FICHA DEL FESTEJO
Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Miércoles, 10 de abril de 2024. Media plaza. Presidió Gabriel Fernández Rey.
Se lidiaron toros de El Parralejo. 1º, con fondo de casta y emoción (ovacionado); 2º, con calidad y profundidad (ovacionado); 3º, con movilidad (ovacionado); 4º, de extraordinario ritmo y estilo por el pitón derecho (vuelta al ruedo); 5º, sin estilo; 6º desrazado.
Miguel
Ángel Perera, de verde hoja y azabache. Estocada (oreja); estocada (dos
orejas).
Paco Ureña,
de sangre de toro y oro. Estocada (ovación tras petición); estocada (silencio).
Borja
Jiménez, de gris perla y oro. Estocada (oreja); estocada (ovación).
ENTREVISTAS │Miguel Ángel Perera: «Esta es mi primera Puerta del
Príncipe y es un sueño»
Miguel Ángel Perera ha sido el triunfador de esta tarde en la plaza de toros de Sevilla en una buena corrida en la que se han lidiado toros de El Parralejo. El de Badajoz ha logrado su primera Puerta del Príncipe tras hacer una gran faena con su segundo astado y cortar dos orejas, a la que se ha sumado otra tercera que ha logrado con su primero. El maestro pacense, que celebra este año el veinte aniversario de cuando tomó la alternativa, se ha mostrado muy emocionado y ha dicho que «ha sido un invierno duro». A lo que ha añadido que «los toreros tenemos muchas cosas por dentro que no se ven, pero la maravilla del toreo es esto. Hoy ha sido una tarde en la que tienes que jugar con tus cartas y he podido hacerlo. He toreado a gusto y feliz. He leído a los dos toros bien, he entendido la tarde. Esta es mi primera Puerta del Príncipe y es un sueño». De su primer toro ha dicho que «la faena ha ido de menos a más y ha tenido su recompensa». Respecto a sus veinte años de carrera, ha señalado que «me queda mucho por demostrar».
Menos fortuna ha tenido Paco Ureña, que se ha ido de vacío después de una primera faena que tuvo momentos brillantes y que logró rematar con una buena estocada. Sin embargo, el público no ha pedido la oreja con insistencia. En el segundo astado no ha rematado bien con el hierro. Tras acabar su tarde ha dicho que «para mí ha sido un paso por Sevilla muy importante. En el primer toro he hecho una buena faena, pero en este segundo no he podido matarlo bien y ahí ya no puedo hacer nada». Al diestro murciano se le ha visto visiblemente contrariado después de que el respetable no pidiera con más insistencia una oreja por su primer toro, que ha logrado matar con gran acierto.
Por su parte, Borja Jiménez, que ha comenzado muy bien la tarde cortando una oreja de su primer toro, no ha podido conseguir más trofeos después de que en su segundo no le acompañara la suerte al matarlo. El de Espartinas ha dicho al acabar la corrida que «sé lo que quiero en el toreo, pero no es tan fácil conseguir los objetivos. Ha sido una pena no poder acompañar al maestro Miguel Ángel Perera en la Puerta del Príncipe porque hubiera sido muy bonito». A continuación ha citado al público para la corrida del sábado, donde volverá a tener una buena oportunidad para triunfar en esta Feria de Abril 2024. / A. G. B. - Diario ABC de Sevilla