Mérida, Marzo Miércoles 18, 2026, 10:40 pm

Inicio

Entretenimiento



En Venezuela lidiaría a nombre de San José de Bolívar y El Paraíso

Muere don Jerónimo Pimentel: el torero que le dijo ‘no’ al apoderado de Manolete para triunfar en América

Diario Frontera, Frontera Digital,  Entretenimiento, ,Muere don Jerónimo Pimentel: el torero que le dijo ‘no’ al apoderado de Manolete para triunfar en América
Todo un personaje de la fiesta brava ha sido y lo fue, don Jerónimo Pimentel, el gran hombre del campo bravo tanto en Colombia como en Venezuela. La grafica tomada en la Plaza de Toros de Táriba, en el lente del recordado “El Vito”, junto al polémico ganadero Ricardo Ramírez. Foto: VJL


La historia del toreo ha perdido este martes en la madrugada a su último gran aventurero. Jerónimo Pimentel Gómez, el hombre que de niño estuvo a punto de ser fusilado en los días más oscuros de la guerra y que casi termina enviado a Rusia, ha fallecido en Bogotá a los 97 años. Natural de Cenicientos, el ‘maestro Jero’ no solo fue un matador de reconocido éxito en España, sino el arquitecto que modernizó la fiesta en América tras inyectarse el ‘veneno’ del toro gracias a un capote regalado que le cambió la vida para siempre.

Su trayectoria en los ruedos parece escrita por un guionista de Hollywood, tal como recoge el periodista colombiano David Jaramillo en el portal cultoro.com. Una madrugada, tras una noche de casetas y confidencias con el astro estadounidense Bing Crosby, Pimentel recibió a las cuatro de la mañana, en la puerta del hotel tras su llegada de la Feria, la noticia de que debía sustituir a Antonio Ordóñez en Sevilla con la de Miura. «La resaca se me pasó en el paseíllo», recordaba con la lucidez de quien tuvo que mentalizar en seis horas una corrida que otros preparan durante meses. Esa rebeldía marcaría su carrera: fue el único capaz de rechazar el apoderamiento del todopoderoso Pepe Camará porque no aceptaba imposiciones del poder.

Pimentel perteneció a la estirpe de Antoñete y Gregorio Sánchez, figuras con las que compartió la gloria de las salidas en hombros en Las Ventas. Aunque sus ídolos fueron Manolete (de quien recibió sabios consejos en varios tentaderos) y Parrita, su destino final se selló en 1957 al cruzar el Atlántico. En Colombia fundó una familia, gestionó plazas míticas como La Santamaría, Cali o Iñaquito, entre muchas otras, y creó un ecosistema empresarial que profesionalizó el sector en la Sudamérica taurina, convirtiéndose en el mentor y referente de los criadores de bravo de todo el continente americano.

Como ganadero, su visión fue revolucionaria. En 1995 fundó El Paraíso junto a Enrique Martín Arranz, importando 150 vientres de élite de Jandilla y Juan Pedro Domecq. Esta inyección de genética española en los pastos de Cundinamarca dotó a la cabaña colombiana de una jerarquía internacional sin precedentes. Su ojo clínico no solo brilló en sus propios cercados, sino que fue el motor detrás de vacas fundamentales en Venezuela como Los Aránguez, demostrando que su concepto de la bravura no entendía de fronteras geográficas ni de climas adversos.

Pese a su reinado en América, Pimentel nunca cortó el cordón umbilical con su Cenicientos natal. En 2018, su pueblo le rindió tributo bautizando la plaza de toros con su nombre e inaugurando un museo con su legado. Sus hijos, en un acto de amor a las raíces, fundaron el hierro Cenicientos para que el nombre de la tierra de su padre siguiera herrando el lomo de los bravos. Don Jero, como se le conocía coloquialmente, era un ciudadano total: torero de luces, empresario de despachos y un hombre de una labor social incalculable que nunca llegó a cortarse la coleta de forma oficial.

A sus 97 años, confesaba que aún soñaba con Madrid y con revitalizar su ganadería. Y hasta sus últimos días mantuvo su espíritu generoso, ese que le llevó a crear y sostener, de su propio bolsillo, obras sociales en el municipio de Choachí, donde está instalada su ganadería y una escuela taurina que lleva su nombre.

Con su partida, desaparece un hombre que hizo de la independencia su bandera y del toro su razón de ser. Colombia despide a su gran patriarca taurino y España a un emigrante que llevó la dignidad de su tierra a la eternidad de los ruedos andinos. El rastro de Jerónimo Pimentel permanece vivo en cada embestida de sus ‘paraísos’ y en la memoria de una afición que hoy se descubre ante un señor de la fiesta.

 

Se nos ha ido “el socio”, el maestro Jerónimo Pimentel, torero, ganadero, empresario, apoderado y referente de la historia del toreo en Colombia

En el calendario quedó una cita para encontrarnos con don Rafael Moscoso… Le llamé y me dijo hace poco que me respondería pronto. Se ha ido casi centenario, rodeado de su familia y con el inmenso cariño de los taurinos que tanto le debemos por haber sido uno de los arquitectos del toreo en Colombia en su faceta de torero, ganadero, empresario, apoderado.

Y como bien lo cuenta uno de sus nietos, José de Antia, hijo de Arritokieta Pimentel, más allá de todos sus saberes en materia taurina, era un hombre de una infinita nobleza. Currito Pimentel, nieto, me dice que el abuelo no se quería ir y murió como un toro bravo. Amaba la vida, lo que había dejado, su legado…

En una de nuestra conversaciones con el maestro Jero, siempre tan apasionadas, tan enriquecedoras , tan llenas de magia por esa sabiduría del hijo de Cenicientos me relató que siendo un niño lo iban a fusilar en esos tiempos duros de la guerra en España…Se salvó. Ya mayor don Jero se vino para América y en Colombia fundó una familia, una ganadería, apoderó toreros y llegó a ser empresario de la Plaza de Toros Santamaría de Bogotá.

Es difícil que se me crea, pero más que el mejor ganadero y un torero de aquellos, era el alma más noble del mundo. Los ayudó a TODOS. Alguna vez le dije que le estaban robando por su infinita amabilidad. ¿Su respuesta? “Si ya lo sé socio, pero es lo que quiero”. Con ocasión de su reciente cumpleaños, este portal le dedicó unas palabras pensando en su esposa, en la querida Arritokieta y sus nietos…

Jerónimo Pimentel Gómez, nacido en el pueblo madrileño de Cenicientos el 5 de Marzo del 1931. Estudió en Madrid, hasta los 16 años que empezó a trabajar, cuando empezaba a ser adulto, decidió meterse en la escuela taurina de Madrid… Torero, ganadero, empresario, apoderado. La Colombia taurina le debe su modernización y parte de lo que somos como nación taurina tiene una cuota parte en ese quehacer del maestro.

Jerónimo se impuso como novillero, novillero de Madrid que tuvo un gran momento cuando agotó la boletería la tarde que le anunciaron con el venezolano Óscar Martínez y Salomón Vargas. La tarde del 3 de septiembre de 1950, aciaga para Vargas que sufrió terrible cornada y le dejó el encierro de Ignacio Sánchez a Óscar y a Pimentel. Jerónimo brilló al lado del gran Antonio Ordóñez, del gaditano Rafael Ortega, con triunfos que le abrieron las puertas de Francia que le llevaron a la alternativa. Fue en Burdeos, el 30 de septiembre con lusitanos toros de Palha y el madrileño Julio Aparicio de padrino y Antonio Ordóñez testigo. Un cartel de puras figuras del toreo, que confirmó en Madrid, plaza de Las Ventas con toros de Manuel Arranz, nuevamente con Antonio Ordóñez de padrino y Rafael Ortega testigo.

Además el maestro Pimentel encarnó como figura del toreo en los carteles de la Plaza México, El Toreo de Cuatro Caminos, Acho en Lima, y la Santamaría de Bogotá entre las muchas plazas americanas que sembró su arte, y las bondades como ser humano.

Tomó en 1951 la alternativa en Francia y confirmación en 1952 en Madrid y en 1957 se fue a nuestro país, para Bogotá, donde allí hizo su vida, se casó y tuvo hijos.

El maestro Pimentel es de esa generación de la segunda mitad del siglo pasado con Antoñete, Jumillano, Gregorio Sánchez, Bernadó, se vino un día de su Cenicientos natal para América y aquí no solo fundó una ganadería sino una familia maravillosa. Torero, ganadero, empresario, apoderado, ha sido un referente para muchos de los criadores de bravo tanto en Colombia como en Ecuador y Venezuela…

Sus paisanos se sienten orgullosos y dicen cosas como esta: “El maestro Jerónimo Pimentel, torero de Cenicientos emigrante a tierras colombianas que lleva en ese país una importante labor social y taurina. Figura en sus tiempos podemos decir que gran parte de lo que es Cenicientos en el mundo de los toros se lo debemos a él. Propietario de la ganadería de El Paraíso, sus hijos han fundado otro hierro que bautizaron con el nombre de Cenicientos como recuerdo a la localidad en la que nació su padre.

La ganadería El Paraíso, propiedad de Jerónimo Pimentel Gómez, en sociedad con don Enrique Martín Arranz, se fundó en junio de 1995, con vacas y sementales importados de España. Se importaron 150 vientres de las ganaderías de Jandilla, Juan Pedro Domecq y El Torreón. También se importaron once sementales: tres con el hierro de Jandilla, tres con el hierro de Don Juan Pedro Domecq, tres de la ganadería El Torero, de Don Salvador Domecq, y dos sementales con el hierro de Enrique Martín Arranz. Actualmente la ganadería pasta en la vereda de Fonté, municipio de Choachí, en el departamento de Cundinamarca.

En Venezuela participó como empresario en plazas como Mérida, Maracaibo, San Cristóbal y Caracas. En las ganaderías de Los Aránguez, Rancho Grande, El Prado, La Consolación y, muy especialmente, la de Los Ramírez que premió con el toro «Lanudo», # 120, único semental en la historia del toreo al que le han indultado, hijos, nietos y sus bisnietos, por medio de la inseminación.

Propietario de la ganadería de El Paraíso, sus hijos han fundado otro hierro que bautizaron con el nombre de Cenicientos como recuerdo a la localidad en la que nació su padre.

Por su labor social, por su grandeza como torero, ganadero, apoderado y persona, le quedaremos eternamente agradecidos. Generaciones y generaciones de novilleros y matadores pasaron por la sangre de su hierro.

Dios le conceda la paz. / Guillermo Rodríguez Muñoz – www.tendido7.co





Contenido Relacionado