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Por Néstor Abad Sánchez

Paso circense (II)

Bolívar en Tovar por Néstor Abad Sánchez



Paso circense (II)

Bolívar en Tovar por Néstor Abad Sánchez

A inicio de los 70 del siglo pasado, al secretario del Concejo se le ocurrió inventar que Bolívar se había hospedado en la parroquia Bailadores (hoy Tovar) en una casa ubicada frente o un poco más arriba de la del Dr. Alfonso Ramírez, incluso se realizó un acto especial y la colocación de una placa conmemorativa.

Cómo está aseveración carecía de toda lógica, el Concejo decidió consultar a la Academia Nacional de la Historia y la respuesta de su presidente el Dr. Carlos Felice Cardot fue tajante: mientras no aparezca un documento que diga lo contrario Bolívar no se alojó en Tovar (recuerdo haber leído la carta inserta en el libro de actas correspondiente) y era verdad, que sentido tenía que Bolívar quien se había alojado en Bailadores la noche del 19 de mayo, al otro día lo hiciese en la Parroquia siendo una jornada tan corta de una legua. Bolívar pasó por lo que hoy es Tovar muy temprano entre 8 o 9 de mañana y seguramente ni siquiera se detuvo. ¡No existe ninguna razón de peso histórico para afirmarlo!, el pueblo apenas se estaba conformando con unas pocas casas y sin ningún edificio gubernamental, pues en lo civil y militar dependía de la Villa de Bailadores. Cuando uno revisa y lee la Estadística de Tovar de 1889 no llegan a 10 las casas en la Parroquia que datan antes de 1813. Esa es la verdad.

 Ahora bien, ¡Tiene sentido toda está parafernalia de celebrar el Paso de Bolívar por Tovar! No. Es irrelevante la conmemoración de un hecho histórico que no existió y que sólo está grabado en la primera estrofa de su himno: “…El padre Libertador. A su paso una indiecita lo besó…” Por el contrario, 10 años después la Parroquia había tomado su pleno esplendor, mucha gente de la Villa se avecindó en busca de prosperidad y tranquilidad, dice el Coronel William Duane en su obra Viaje a la Gran Colombia en los años 1822-1823. Tomo I, p. 343-344, que: "…Todas las casas estaban enjalbegadas, y las tejas se veían tan nuevas como si el techo acabara de ser construido. Aquel aire de bienestar producía singular sorpresa, sobre todo si se le comparaba con el antiguo Bailadores y se tenía en cuenta el hecho de que últimamente habían pasado por allí los españoles, quienes raras veces dejaban de destruir todo lo que significase prosperidad" por lo que la participación de Tovar en 1823 es memorable en la Batalla de Mariño del 23 de enero, cuyo bicentenario ni siquiera se recordó y es está fecha histórica a la que las autoridades deberían darle realce por su transcendencia y ser el último combate en suelo merideño que desalojó las huestes de Morales camino de Zea hacia el lago de Maracaibo donde tendrá lugar la Batalla Naval el 24 de julio de 1823.

 La ignorancia de la historia es fatal y nos lleva por los peores yerros, actualmente Tovar apoya su celebración en el elenco del Paso de Bolívar por Bailadores -ni siquiera lo hace a modo propio- quienes tampoco saben que hacer y terminan por gritar consignas gobierneras.

 En los últimos años he visto tantos desatinos en el desfile que se realiza en Tovar: como la presencia de Sucre, que ni siquiera se había incorporado al ejército en 1813; de Páez que se conoció con Bolívar en 1818, de la Negra Matea o hace dos años el baile de las 100 parejas imitando burdamente las 5 de Bailadores, como si Bolívar andaba de jolgorio en mayo de 1813. ¿Qué sorpresa nos tienen para este año? Ni idea. Todo es posible cuando no se sabe lo que se celebra.

 La historia no puede seguir reafirmándose con pan y circo, con teatro de poca monta, con consignas extemporáneas, con pretender aclamar a Bolívar Libertador en Tovar y por todos lados desdibujando su esencia o con hacer ver que Bolívar ostentaba en 1813 la espada que le regaló el Perú en 1825. Un arroz con mango que nadie entiende.

 El Paso de Bolívar en 1813 no puede y debe convertirse en una fiesta de disfraces de ocasión, en actos sin sustento histórico, sí queremos enseñar la grandeza de Bolívar hagámoslo a través de la Cátedra Bolivariana.

 Tovar debe empeñarse en conmemorar por todo lo alto la Batalla de Mariño del 23 de enero de 1823, allí el pueblo se puso pantalones largos y botas para defender con creces a la Patria o la Batalla del 6 de agosto de 1899 que posibilitó con la ofrenda de vida del general José María Méndez que los andinos llegasen al poder. En sendas batallas está plasmada la heroicidad del pueblo tovareño, entonces porque no hacerlo con un teatro propio que por tradición es de los mejores.

Celebrar el Paso de Bolívar por Tovar con un teatro prestado y con actores de segunda desdice mucho de la tradición cultural de Tovar.

 Señor alcalde y demás autoridades la historia no se puede inventar y menos disfrazar, la identidad se construye no se impone. Tovar merece lo mejor, apegado a su verdadera historia. Dejó en sus manos estás líneas a modo de reflexión.

 Lo que Tovar debería estar conmemorando hoy de manera luctuosa es el primer año de la muerte del cronista Don Mario Rosales, que pasará desapercibida. Ni siquiera Don Mario en sus múltiples crónicas escribió sobre la presencia de Bolívar en Tovar. Un invento de la revolución.


Desde La Abadía, mayo 20, 2026