Mérida, Octubre Lunes 19, 2026, 11:49 pm
El colapso institucional y monetario experimentado por
Venezuela tras el shock de precios de materias primas en 2014 constituye la
crisis socioeconómica más severa registrada en América Latina durante los
últimos ochenta años. La consolidación de un modelo estatista e
intervencionista, caracterizado por la erosión sistemática de los derechos de
propiedad, la centralización de la asignación de recursos y el
desfinanciamiento del gasto público extrapresupuestario, desencadenó una
bancarrota fiscal acelerada al contraerse la renta petrolera. Desde la
perspectiva de la economía política institucional y la teoría económica, la
crisis ilustra con crudeza la advertencia de Ludwig von Mises: cuando la
planificación estatal reemplaza al sistema de precios de mercado, se destruye
la función informativa indispensable para la coordinación intertemporal de los
agentes económicos. Esta distorsión estructural de la matriz productiva forzó a
la sociedad venezolana a desarrollar mecanismos informales de preservación de
valor y supervivencia económica.
En un esfuerzo por entender los efectos de dicha
distorsión en materia monetaria, cambiaria y comercial, el artículo titulado Venezuela’s economic recovery of 2019-2025: De facto
dollarisation and the limits of commercial expansion (Mora, J. U., Acevedo, R., & Hurtado, 2026),
disponible en: https://doi.org/10.32992/rb6e8242 ,
demuestra que Venezuela es un caso
paradigmático de colapso monetario inducido por la pérdida absoluta de
autonomía y credibilidad del Banco Central de Venezuela, en la medida que la
dolarización de facto venezolana no respondió a un programa oficial de
estabilización ni a una reforma institucional de la oferta monetaria, sino a un
proceso de ajuste espontáneo impulsado por la demanda y las necesidades de
supervivencia de los agentes privados.
También demuestra que el dinamismo comercial registrado en
el país entre 2019 y 2025 fue una paradoja macroeconómica de consumo sin
acumulación de capital. Donde la proliferación de bodegones, concesionarios de
vehículos de lujo y supermercados de alta gama coexistieron con una
infraestructura productiva devastada y una inversión neta negativa. Lo que
condujo a un esquema de flexibilización comercial y tolerancia del dólar sin
medidas orientadas al libre mercado, sino a través de decretos en materia
económica para la supervivencia política del Gobierno. Abriéndose espacios al
sector importador privado solo en la medida en que no desafíe el poder
político, omitiendo deliberadamente la restitución del Estado de Derecho, la
independencia judicial y las garantías constitucionales sobre la propiedad.
Además, del análisis macroeconómico e institucional para
el período en estudio, se concluye que la expansión comercial urbana en
Venezuela no constituye una recuperación estructural, sino un espacio de
consumo segregado y altamente vulnerable a shocks externos. En otras palabras,
ante la ausencia de formación bruta de capital y esfuerzos de reconstrucción
institucional, la desregulación de la actividad comercial solo sirvió de
oxígeno para los consumidores y no revirtió el colapso evidente en el país. La
superación definitiva de la crisis exige reformas institucionales profundas, centradas
en la restitución de garantías constitucionales, la protección irrestricta de
los derechos de propiedad y la reconstrucción de la estabilidad monetaria, en
lugar de arreglos regulatorios informales.
De esta forma, la realidad venezolana analizada en el
artículo ilustra que cuando las instituciones formales colapsan, la sociedad
desarrolla mecanismos informales de supervivencia que pueden simular
estabilidad a corto plazo, pero que nunca pueden sustituir al andamiaje
institucional que hace posible el crecimiento económico sostenido y la
prosperidad compartida.
@zerpasad