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CRÓNICAS MEMORABLES

José Oswaldo Trejo Febres: Un Representante del Modernismo Textual por Orlando Oberto Urbina

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José Oswaldo Trejo Febres: Un Representante del Modernismo Textual por Orlando Oberto Urbina


Un gentleman nacido en San Buenaventura de Ejido un 10 de Junio de 1924, en una ciudad que se encuentra a veinte kilómetros de la capital del estado Mérida. En doce o quince minutos se llega a su población que tiene como característica la producción de caña de azúcar y sus trapiches. La cuentística de Trejo y sus novelas narran, por momentos, los andares por una ciudad nostálgica, pueblerina, cuyos recuerdos fotografían las hazañas y leyendas de una tierra que vivió grandes desafíos, como aquella gesta histórica de 1781 que hizo estremecer los cimientos de la sociedad colonial de Mérida por influencia de la célebre rebelión de los comuneros, ocurrida en la ciudad de la miel y las flores.

 Hasta nuestros días, Ejido sigue siendo una ciudad de hombres y mujeres laboriosos que la han hecho crecer, pero, cuya transformación ha sido también muy maltratada por quienes la han administrado. En la narrativa de Trejo persisten unas miradas que nos trasladan a lo gráfico, experimental y lo minimalista; así lo expone Juan Carlos Palenzuela, quien dice que José Oswaldo Trejo Febres, en su oficio literario, hace del texto un juego no solo tipográfico, sino además una textura de palabras en su novela También los hombres son ciudades, en la que coincide con su paisano y escritor de renombre Mariano Picón Salas (Viaje al amanecer, 1943), ya que ambos narran en los Andes: en torno de ese paisaje, y sobre aquellas vivencias en las que parece escucharse el zumbido de los ríos, donde las montañas alimentan su breve espacio. Trejo consigue orientar las imágenes en historias del lugar donde creció y de donde emigró, aunque su extraordinaria novela se vale de un lenguaje vanguardista que se adelantaba a los años por venir. Así era ese gran narrador hoy casi desconocido por completo en su tierra natal, Ejido.

A los 16 años se traslada con su progenitora y su hermana a la capital de la República, luego de fallecer su padre en 1940. Su madre falleció al final de 1949, cuando la llevaba a Nueva York, Estados Unidos, pues debía someterse a una intervención quirúrgica, Al regresar a Venezuela, Trejo se reintegra a sus labores regulares de la compañía de seguros American Internacional  Underwriters, la cual abandona en 1953, con el cargo de vicepresidente, luego de publicar su segunda antología de Cuentos de la primera esquina.

 Se va a Europa (primero a España y luego a Italia) cuyas capitales recorre, visitando monumentos, museos y recabando todo detalles para escribir su primera novela También los hombres son ciudades, en la cual hay una gran influencia sobre el neorrealismo italiano, “en lo que respecta a los personajes, en unos ambientes, en cuanto a una familia venezolana que por no poseer vivienda propia alimenta de manera dolorosa ingenua la esperanza de tenerla en algún lugar”.

Fue escritor, diplomático, promotor cultural, director y editor, así fue este ilustre merideño, casi olvidado. Tal vez, sin temor a equivocarme, las nuevas generaciones no conocen la osadía de este escritor, y pareciera borrarse en la historia que nos reclama reivindicar este y otros personajes ante las instituciones culturales del Estado.

Fiel al impacto de la imagen visual, se desempeñó como director del Museo de Bellas Artes y en 1988, recibe el Premio Nacional de Literatura, además de pertenecer a la junta asesora de los museos nacionales.

Este insigne escritor merideño, llamado José Oswaldo Trejo Febres, y mejor conocido como Oswaldo Trejo, es un genuino representante del modernismo textual, señalado por la crítica literaria como un narrador que nos lleva a constituir en sus textos toda una inesperada reconstrucción del discurso, que posteriormente va restándole importancia a la anécdota y explora un nuevo horizonte en el lenguaje literario. En su propuesta, nos va indicando la modernidad y la universalidad como soportes lingüísticos y semióticos esenciales en toda su obra, que desde temprano se va deslastrando de regionalismos, y nos introduce a un surrealismo a su manera en la que sus obras se hacen aún más experimentales.

En 1948 publica Los cuatro pies, en 1952 Cuentos de la primera esquina, luego en 1953 Aspasia tiene nombre de cometa. En 1966 Depósito de seres, en 1969 Escuchando al idiota y otros cuentos (correcciones). En 1980 publicó Al trajo, Trejo, Trujo, Treja, Traje, Trejo. En 1985 Una sola rosa y una mandarina, y en 1996 Mientras octubre afuera. En lo que concierne a sus novelas. Trejo publicó en 1962 También los hombres son ciudades, luego en 1968 Andén Lejano, y finaliza con las obras Textos de un texto con Teresas (1975), Metástasis del verbo (1990), y otros últimos textos en 1992. 

En sus obras hay un narrador particular con piezas únicas, vinculadas al absurdo de Kafka y con toques fantásticos, que en su primera novela tiene junto a su paisano y amigo del mismo terruño Mariano Picón Salas. Ambos narran el paisaje y las vivencias propias desde niños, así como los sentimientos dejados en su lugar de crianza como imágenes extraviadas de sus recuerdos. En su exquisito lenguaje pulcro parece escucharse los sonidos del Chama y otros terruños que son recogidos en su breve novela. Era José Oswaldo Trejo Febres un escritor, entrañable y encantador, conversador, ameno, sincero a la amistad, que cultivaba un humor interesante y finísimo.

El grupo Contrapunto del cual también fue miembro, destacó por presentar un ámbito de personajes y argumentos, propios de esa vanguardia que nació en el siglo XX, como parte de innovaciones que transformaron manera de ver el arte literario y también artístico. Hay algunas notas que señalan que Oswaldo Trejo estuvo por el grupo Sardio entre 1955 y 1965, el cual se formó como grupo literario en oposición a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, que permaneció hasta 1958, hasta que el pueblo se obstinó de vivir bajo el yugo de la bota militarista en ese año.

El ensayista y escritor Luís Barrera Linares señala que la obra de Oswaldo Trejo “nos adentra a un marco narrativo que pareciera constituirse en uno de los  representantes más significativos de la corriente estética que rinde culto al regodeo verbal y estima muy poco la relevancia de la anécdota “. Su cuentística y sus novelas vienen a constituir ejercicios permanentes en los que casi toda la esencia pareciera radicar en el lenguaje. En 1948, Claudio Vivas, quien hace el prólogo del primer libro de Oswaldo Trejo, señalaba que traía “la valentía lirica del cuento nuevo”.  Oswaldo Trejo Solía decir que su obra era” toda la claridad del otro lado”. De la mano de su paisano y amigo Mariano Picón Salas, ejerció la diplomacia en Bogotá y Sao Paulo. Fue ministro consejero de la cancillería venezolana, y en su ejercicio buscaba integrar el arte venezolano a estos países.

Disfruto de la breve apertura de la crítica literaria en las décadas de los 60 y 70, pero a la larga su destino fue como el de aquellos que no han podido disfrutar los frutos de semejante trabajo: el silencio. Su memoria pareciera  conservarse  en los cofres arcanos de las escuelas de letras, y por ello un público joven ignora su escritura y su paso por la literatura venezolana, en donde dejó una obra significativa a través de esa corriente vanguardista que expuso en este país, falto a menudo de conciencia.

Oswaldo Trejo falleció un 24 de diciembre de 1996, y solo hubo en su despedida una corta nota con una pequeña fotografía que quizás lloraron los asiduos visitantes del Gran Café en Sabana Grande, en donde acostumbraba frecuentar con otros escritores y amigos.





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