Mérida, Junio Jueves 11, 2026, 06:36 am
Es justo dedicar una reseña a
este extraordinario hombre, genio popular y además excelente pensador nacido en
el seno de las montañas de la aldea de Adrián, en Bailadores, municipio Rivas
Dávila, estado Mérida.
Don Luis Zambrano decía que “los locos le abren el caminos a los sabios”, y nuestro poeta Orlando Araujo cuando escribió “Elogio de poetas y vinos”, llegó a decir: “la herencia de mi cultura etílica viene de muy lejos y de muy cerca. Viene de los convites de recogedores de café al pie del monte andino. Viene de la chicha y del guarapo fuerte. De los aguardientes clandestinos, de la caña clara en la ribera del río Motatán, del miche de Niquitao, Jajó y las Mesitas; de la fiebre del sisal de Siquisique, del ponsigué sepultado y resurrecto en la tierra cálida de Oriente, y de la guarapita de los jinetes sudorosos en todas las mangas de coleo de esta Tierra de Gracia..."
"Muy cerca de Bailadores vive un sabio que lo conocerás por las barbas del riachuelo y por su voz profunda. No lo deje, porque él tiene el mapa de la tierra que buscamos". Hago referencia poética de este escritor barinés porque en Los Andes venezolanos, uno puede encontrar desde curanderos, hasta inventores y poetas; músicos, pintores, escultores, actores, hombres y mujeres sembradores de agua y comida, con ideas salidas de las entrañas de la tierra; y en Trujillo, casualmente, hay ciertos inventores poco conocidos y al adentrarme a la obra y vida de este genio e inventor popular Don Luís Zambrano, quien debió inspirarse en los ríos y lograr verlos más allá de sus ojos. Seguramente a temprana edad se le despertó la curiosidad de inventarse la fabricación de una turbina, para la cual sólo necesitó agua canalizada, poleas y correas.
Desde allí entendió el valor de la mecánica, que debía estar al servicio de la utilización popular, y fue entonces cuando logró resolver el problema eléctrico de algunos pueblos y aldeas de Mérida, empezando por su pueblo, la aldea de Mesa de Adrián. Este tecnólogo popular, así como lo refiere en un portal Rubén Belandria, sólo llego a obtener el cuarto grado de instrucción, pero desde niño se había interesado en descubrir por sí mismo las relaciones de velocidad producidas al accionar por medio de chorros de agua y experimentos con naranjas de diversos tamaños a las que solía clavar paletas y luego observar su comportamiento experimental con ruedas y poleas de madera. Dichas pruebas le van a generar nuevos retos para descubrir los principios de la física en forma práctica.
Tenía su taller-laboratorio en la zona del valle nuevo en la aldea de Mariño en Bailadores. Don Luis Zambrano se fue formando su propia manera de conocer la electricidad y la mecánica, aplicando la teoría pedagógica de Simón Rodríguez: “inventamos o erramos”, lo cual le permitió desarrollar cerca de unos cincuenta inventos, algunos por encargo. Entre sus inventos está el haber descubierto por cuenta propia la relación entre la circunferencia y su diámetro, es decir, el valor de PI; y emplear un generador de 600 amperios como soldador de varillas de 3/8, en 1939.
Así mismo, crear un torno grande de 13 tipos de roscas de diferente precisión, una peladora de fresas, una fundición con su respectivo horno en 1948; 20 turbinas utilizadas en pueblos, caseríos y haciendas para generar electricidad que permitieran moler caña, trillar café y otros granos, 5 secadoras de café, una secadora de estiércol para abono, una turbina de doble efecto de 4 salidas con efecto axial nulo, 3 teleféricos montacargas con sus turbinas y una capacidad para transportar media tonelada y de un recorrido de medio kilómetro, una maquina clasificadora, una limpiadora y cernidora de ajo con capacidad para 1400 kilogramos por hora, que le valió el reconocimiento público por parte de la cámara municipal de Bailadores, una bicicleta moledora de granos y huesos, un taladro vertical con la adaptación de un motor de automóvil de 1924.
Don Luís Zambrano vivió en su apasionado mundo de la invención que lo llevó a trascender hasta nuestros días. Se decía de él que con pasión creativa logró hacer funcionar una turbina de reacción, a la que llamó “ Turbozám” (por “turbina” y “Zambrano”) o “motor criollo”, como lo denominaron otros. Además, Luis Zambrano explicaba que un motor convencional tenía miles de piezas, en cambio el Turbozám sólo se componía de 20 piezas y funcionaba con una sola bujía y una sola cámara en donde se realizaban los 4 tiempos. Su diseño era novedoso y tan sencillo, porque no poseía bielas, pistones, ni árbol de levas, válvulas, carburador, cigüeñal, sólo se componía de piezas rotatorias sobre un eje de tracción que al girar producía compresión y expansión ayudado por la inercia de un volante.
Igualmente, Zambrano expresó frases de gran valor y llenas de una lógica filosófica, que nos enseñan que en las cosas más simples y llenas de humildad están los caminos a la verdadera razón de la existencia misma tal como sus pensamientos, de los cuales exponía con orgullo: “ los locos le han abierto el camino a los sabios”... y que no había que “dejar que se le cierre la noche al mediodía, cuando esté en un trabajo, no lo abandone a mitad de camino, termínelo”... “lo imposible no existe, los imposibles los hacemos nosotros”. Don Luís Zambrano tuvo un accidente en 1977 con una sierra, en el que perdió una mano, aunque esto no le impidió seguir adelante con sus inventivas.
Fabricó una planta generadora de electricidad accionada por la caída del agua. Dichas turbinas construidas por él posibilitó que algunas poblaciones tuvieran electricidad antes de la existencia de Cadafe. En Canaguá instaló en 1950 una turbina que movida por el agua generaba electricidad al pueblo. Esto fue en 1978, y también lo hizo en Mucuchachí, San José de Acequias, Río Negro, y en San Antonio de Estanques, así como en otros pueblos de Mérida. Afirmaba que laboró en los años 1940 como maquinista en la construcción de la carretera a Pregonero (estado Táchira).
Este hombre aprendió a tocar el tiple o guitarrón como músico, y se casó dos veces. De esa relación le nacieron 10 hijos. Ese era el gran inventor popular humilde y cordial, hijo de padres campesinos, cuyos progenitores fueron Ramón de Jesús Zambrano y Natividad del Carmen Molina. Luis Zambrano nació en la aldea de la Mesa de Adrián un 1º de mayo de 1901, y falleció en la ciudad de Tovar un 15 de agosto de 1990, a la edad de 89 años.
Dejó un gran legado a las nuevas generaciones que deben conocer a este humilde inventor de grandes sueños.
Para 1933, cuando se instaló el servicio eléctrico por parte de Cadafe, ya Don Luis Zambrano lo había hecho años antes, había construido unos tres trapiches eléctricos para moler la caña de azúcar, y decía: “no espere saber pá ponerse a hacer, haga pá poder saber”. Su vivienda familiar fue la primera en obtener electricidad, gracias a sus experimentos y -según Rivas Vielma- gracias al arquitecto Fruto Vivas y a René Estevez Laprea, que en 1977, organizaron la Fundación Luis Zambrano, con el objetivo de difundir la riqueza creativa y la utilidad del trabajo desarrollado por este tecnólogo popular, autodidacta, a través de un taller que creara y enseñara a los jóvenes de la zona. También el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológica (Conicit), le entregó el Premio Nacional de Ciencias. En el año 1984 la ULA le otorgó el título de Doctor Honoris Causa “por su útil labor creativa”, primer reconocimiento que se le otorgaba a un hombre del campo, y la Cámara Municipal de Bailadores lo declaró hijo ilustre, y una calle lleva ahora su nombre en su pueblo natal. También la biblioteca de la Escuela de Ingeniería Mecánica de la Universidad Central de Venezuela (UCV) lleva su nombre en honor a Don Luis Zambrano.
Por otra parte, permanecen algunas anécdotas de amigos como el arquitecto Fruto Vivas, quien además señala que cuando se le otorgó el Premio Nacional de Ciencias, se le ocurrió al decano decir algunas palabras, como “qué sería de Luis Zambrano, si hubiese estudiado aquí", y el mismo don Luis le respondió: "estuviera sentado al lado suyo viendo los inventos de otros”. Era un inventor que buscaba serle útil al país. Fruto Vivas también recuerda que un día iba don Luis Zambrano hacia Tovar, el autobús se accidentó, se le había fundido el motor y en eso venía un señor con un burro cargado de cambures. Don Luis se los compró y se los metió al motor, y le dijo al chofer: "préndalo". Botaba humo como un ferrocarril, pero llegaron a Tovar. Así era el tecnólogo popular.