Mérida, Enero Martes 20, 2026, 07:31 pm
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El poeta, el amigo, el cronista, el periodista, el dramaturgo, el profesor y el hombre de ateneos; siempre ha sabido darnos luz en estos caminos que marcan los pasos de la tierra seca, la tierra salobre, la tierra que llevamos pegada en nuestros cuerpos por la brisa que nos baña ante la falta del agua dulce que escasea en esta comarca de la península, donde el agua es sustento de vida, como lo dice en su poemario “ Los Pueblos Con Sed” el maestro y líder Luis Beltrán Prieto Figueroa.
Guillermo de León Calles nació en la población de Pedregal un 17 de Septiembre de 1943. Desde pequeño sus padres se fueron a la ciudad de Punto Fijo, y allí comenzó de nuevo su estadía el poeta, quien hoy es cronista del Municipio Carirubana, y presidente de la Asociación de Cronistas de Venezuela. Es miembro correspondiente de la Academia Venezolana de la Lengua por el Estado Falcón, y director de cultura de la Universidad de Falcón. En Guillermo De León Calles, la crónica nombra las cosas por su nombre, esas que se encuentran detrás del antifaz, que encontramos en el interlineado y nos va contando desde los silencios de los espacios en blanco. Así va el cronista desde el lindero de la reelaboración mental del suceso, donde la imaginación va por los infinitos caminos de la razón.
SED.
Abro los ojos /En este mediodía
inútil
Y la sed me conduce /A beber
tierra
Corro el riesgo /de sepultarme
Pero no importa / porque pienso que el mundo
Limita contigo/ hasta en las
profundidades
MAR AMARILLO
Dicen, menos los que todavía
duermen en la orilla del mar,
Que ese mar se puso amarillo, el
febrero en que la Candelaria,
Se llenó de tantos fuegos que
decidió
Lanzarse con manto y todo, a
aquella convención de azules.
La Virgen que había quemado su
mirada
Entre los velones de la noche
venteada,
Comenzó a enjuagarse el cuerpo
completo y,
Las lenguas de las llamas fueron
tostando
La piel del mar de los jureles.
Nunca más la Candelaria volvió a
sumergirse en el mar;
Vuelven a decirlo, ni siquiera cuando los
pescadores
Le pusieron flores de cayena reseca, en sus
pies navegantes,
Ni cuando se convertía en lancha
multiplicada
Para recibir el repicar de las
olas.
Y la veneración de las atarrayas frente a su
cielo.
El mar amarillo, cuentan otros
custodios
De los atardeceres de Punta Cardón,
Se puso así porque el sol molió
su despertar
Y aquel día, los antiguos altares
se refugiaron
En sus brazos para que no se los
llevaran,
Los huracanes de voces oscuras.
El único que dice, que el mar se
puso amarillo,
Cuando la corona de la Candelaria
Descendió de los cielos, es
Faustino.
Faustino es un caminante que no
detiene sus pasos,
Sino en el instante en que los
arrullos del viento
Empiezan a silbarlo y a llamarlo por
su nombre.
Él carga una camisa remendada por
el tiempo
Y unos pies calzados por lo
interminable de la fatiga.
Ahora lo comenta Elodia* frente
al vaivén de las lisas:
"Es la Candelaria la que se llenó de amarillos
Porque el amanecer le construyó un altar, igualito al de Dios".
Son tantos los textos que hay en
la escritura del poeta y amigo Guillermo De León Calles, como los que recuerdo
aquel día que estuvimos Pan Dulce y Yo con él en un recital en una escuela en
Mirimire y las maestras y los niños se pusieron contentos de tanta poesía que
Guillermo les regaló, y se hizo más azul el cielo, y luego se lo contamos a
nuestros amigos que se fueron a otros paisajes a recital, como Douglas Salazar,
Víctor Hugo Bolívar, Jesús Oduber,
Héctor Hidalgo Quero y a Heberto León. Son tantos los trajines de este hermoso
canto que ha llenado las tinajas de poesía y de mucha ternura, en estos caminos de tunas y cardones, de
mechurios de las refinerías, todavía prevalece aquellos nombres de burdeles
famosos, cuando con el poeta Simón Petit y Guillermo nos bebimos a Punto Fijo
de aquella parranda de transeúntes en aquel Fiat Tucán rojo de Simón, me
acuerdo que llegamos al sitio preferido de tus crónicas las Turas, donde el
gordo Guarecuco reposaba la batida de la
Tribuna Popular, hasta la hora de cantar el gallo.
En toda esa hereditaria sed que hemos compartido en Falcón, principalmente los de los pueblos a los que nunca le llega el agua, aunque el gobierno use mucha publicidad, sólo nos queda la esperanza de tener grandes poetas, entre ellos a Juan de la Cruz Estévez o Juan de la Sed, o Alexander Sierralta. Paraguaná tiene siempre ese lucero septentrional que nos indica el faro del cabo San Román, y a un historiador como Isaac López que desde su grupo Tiquiba, nos rescata del olvido, en esta península del desierto amoroso de sus dolientes. Es importante señalar que sus padres, Maximiliano de León Medina y Carmen Calles de León, le colocaron el nombre de Guillermo Segundo en homenaje al gran bardo falconiano Guillermo de León, quien era su abuelo.
Guillermo es el cuarto de ocho hermanos: Max José, Luz María, Hernán José (Fallecido), Harold José, Iris del Valle, Carmen Josefa y Alex José. Se vinieron de Pedregal a Coro y desde allí a la ciudad de Punto Fijo, luego pasó a residenciarse en Caracas en una época, donde ejerció como redactor del Diario El Nacional, Panorama y el Diario Médano en Punto Fijo. Este es un homenaje a su extraordinaria obra literaria y dramaturgia, que ha sido traducida en otros idiomas, además de haber recibido premios internacionales como el de poesía Simón Bolívar, del cual resultó ganador, y el premio latinoamericano de poesía en el XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en la Habana.