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El Oficio de Nombrar a Guillermo De León Calles: “Daria la Vida Por No Morir” por Orlando Oberto Urbina

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El Oficio de Nombrar a Guillermo De León Calles: “Daria la Vida Por No Morir” por Orlando Oberto Urbina


bajarigua@gmail.com

 

 El poeta, el amigo, el cronista, el periodista, el dramaturgo, el profesor y el hombre de ateneos; siempre ha sabido darnos luz en estos caminos que marcan los pasos de la tierra seca, la tierra salobre, la tierra que llevamos pegada en nuestros cuerpos por la brisa que nos baña ante la falta del agua dulce que escasea en esta comarca de la península, donde el agua es sustento de vida, como lo dice en su poemario “ Los Pueblos Con Sed” el maestro y líder Luis Beltrán Prieto Figueroa.

Guillermo de León Calles nació en la población de Pedregal un 17 de Septiembre de 1943. Desde pequeño sus padres se fueron a la ciudad de Punto Fijo, y allí comenzó de nuevo  su estadía el poeta, quien hoy es cronista del Municipio Carirubana, y presidente de la Asociación de Cronistas de Venezuela. Es miembro correspondiente de la Academia Venezolana de la Lengua por el Estado Falcón, y director de cultura de la Universidad de Falcón. En Guillermo De León Calles, la crónica  nombra las cosas por su nombre, esas que se encuentran detrás del antifaz, que encontramos en el interlineado y nos va contando desde los silencios de los espacios en blanco. Así va el cronista desde el lindero de la reelaboración mental del suceso, donde la imaginación va por los infinitos caminos de la razón.

 El poeta y amigo Guillermo De León Calles lleva toda una península de infinitos caminos de la razón y los  sentidos por los planos de la sensibilidad estética y moral de nuestro país. Un hombre que habla como cronista con la voz de los siglos y como la melodía que componen  los trovadores de los sueños. Guillermo es nuestro patrimonio viviente del Municipio Carirubana, pero también lo es de Venezuela, como expresión que va trasponiendo la  realidad para hacerse carne en otros planos de la sensibilidad, como Enrique Bernardo Núñez, como Alí Brett Martínez, Arístides Bastidas, Ramón Querales,  como él que fue una crónica de lo imposible, como Einstein, quien desde los 16 años de edad, al igual que Arístides Bastidas, ya se preguntaba por lo que le pasaría a un ser humano que corriera  tras un rayo de luz.

 La poesía de Guillermo De León Calles está en la memoria de nuestros pueblos de los que sufren, y de los que luchan día a día por un mejor país, por una justicia y un adecentamiento de una Venezuela digna y honesta. En nuestro amigo y poeta hay  versiones musicales que han llevado  a  canciones sus textos gracias a Serenata Guayanesa, José Montecano, Morela Muñoz, Lilia Vera y María Teresa  Chacín, entre otros. La obra del poeta ha sido reconocida gracias a algunas distinciones como la del premio reciente dado en el 2022, como Cronista Venezolano por el cual se le otorgó el Premio Internacional. Por otra parte,  la  Universidad  Experimental de Yaracuy le confirió  el Doctorado Honoris Causa. La poesía de Guillermo De León Calles está hecha de ternura y esperanza, y va en busca de nuestra querencia a la que nadie nombra y cuando la escuchamos o la leemos, nos causa encantamiento y descubrimos la belleza de ese nostálgico canto a la tierra nuestra que nos llena de palabras para despoblar el silencio, donde arde la brasa verbal de los prodigios.

 Entre sus obras están: La piedra no está hecha de piedra (1974),  El Canto a Bolívar (1983), Los dientes están de demás (1976), Cantos para arrullar abuelos (1983), La llovizna del Turupial(1985), palabra de honor(1986), Memorias de Punto Fijo (1987), Relatos de mi otra infancia (1989), Vuelto Ebrio (1991) entre otros. Un personaje que, aun con sus limitaciones visuales, no ha dejado de escribir y de enseñarnos la palabra y su legítima  crónica sobre la ciudad y sus personajes, como en Venezuela, la crónica se hace periodística con  los hechos y acontecimientos en el orden del cual sucedieron y se desarrollaron en el tiempo.  A  sus ochenta años de vida, el poeta Guillermo, sigue escribiendo, y para quienes lo apreciamos y conocemos, es un honor tener en Paraguaná a este poeta  que le ha escrito a la tierra y al mar. Como estos textos: 

 

SED.

Abro los ojos /En este mediodía inútil

Y la sed me conduce  /A beber  tierra

Corro el riesgo /de sepultarme

Pero no importa / porque  pienso que el mundo

Limita contigo/ hasta en las profundidades

 

MAR AMARILLO

Dicen, menos los que todavía duermen en la orilla del mar,

Que ese mar se puso amarillo, el febrero en que la Candelaria,

Se llenó de tantos fuegos que decidió

Lanzarse con manto y todo, a aquella convención de azules.

La Virgen que había quemado su mirada

Entre los velones de la noche venteada,

Comenzó a enjuagarse el cuerpo completo y,

Las lenguas de las llamas fueron tostando

La piel del mar de los jureles.

Nunca más la Candelaria volvió a sumergirse en el mar;

 Vuelven a decirlo, ni siquiera cuando los pescadores

 Le pusieron flores de cayena reseca, en sus pies navegantes,

Ni cuando se convertía en lancha multiplicada

Para recibir el repicar de las olas.

 Y la veneración de las atarrayas frente a su cielo.

El mar amarillo, cuentan otros custodios

 De los atardeceres de Punta Cardón,

Se puso así porque el sol molió su despertar

Y aquel día, los antiguos altares se refugiaron

En sus brazos para que no se los llevaran,

Los huracanes de voces oscuras.

El único que dice, que el mar se puso amarillo,

Cuando la corona de la Candelaria

Descendió de los cielos, es Faustino.

Faustino es un caminante que no detiene sus pasos,

Sino en el instante en que los arrullos del viento

Empiezan a silbarlo y a llamarlo por su nombre.

Él carga una camisa remendada por el tiempo

Y unos pies calzados por lo interminable de la fatiga.

Ahora lo comenta Elodia* frente al vaivén de las lisas:

"Es la Candelaria la que se llenó de amarillos

Porque el amanecer le construyó un altar, igualito al de Dios".


Son tantos los textos que hay en la escritura del poeta y amigo Guillermo De León Calles, como los que recuerdo aquel día que estuvimos Pan Dulce y Yo con él en un recital en una escuela en Mirimire y las maestras y los niños se pusieron contentos de tanta poesía que Guillermo les regaló, y se hizo más azul el cielo, y luego se lo contamos a nuestros amigos que se fueron a otros paisajes a recital, como Douglas Salazar, Víctor Hugo Bolívar,  Jesús Oduber, Héctor Hidalgo Quero y a Heberto León. Son tantos los trajines de este hermoso canto que ha llenado las tinajas de poesía y de mucha ternura,  en estos caminos de tunas y cardones, de mechurios de las refinerías, todavía prevalece aquellos nombres de burdeles famosos, cuando con el poeta Simón Petit y Guillermo nos bebimos a Punto Fijo de aquella parranda de transeúntes en aquel Fiat Tucán rojo de Simón, me acuerdo que llegamos al sitio preferido de tus crónicas las Turas, donde el gordo Guarecuco reposaba la batida  de la Tribuna Popular, hasta la hora de cantar el gallo.

En toda esa hereditaria sed que hemos compartido en Falcón, principalmente los de los pueblos a los que nunca le llega el agua, aunque el gobierno use mucha publicidad, sólo nos queda la esperanza de tener grandes poetas, entre ellos a Juan de la Cruz Estévez o Juan de la Sed, o Alexander Sierralta. Paraguaná tiene siempre  ese lucero septentrional que nos indica el faro del cabo San Román, y a un historiador como Isaac López que desde su grupo Tiquiba, nos rescata del olvido, en esta península del desierto amoroso de sus dolientes. Es importante señalar que sus padres, Maximiliano de León Medina y Carmen Calles de León, le colocaron el nombre de Guillermo Segundo en homenaje al  gran bardo falconiano Guillermo de León, quien era su abuelo.

Guillermo es el cuarto de ocho hermanos: Max José, Luz María, Hernán José (Fallecido),  Harold  José, Iris del Valle, Carmen Josefa y Alex José. Se vinieron de Pedregal a Coro y desde allí a la ciudad de Punto Fijo, luego pasó a residenciarse en Caracas en una época, donde ejerció como redactor del Diario El Nacional, Panorama y el Diario Médano en Punto Fijo. Este es un homenaje a su extraordinaria obra literaria y dramaturgia, que ha sido traducida en otros idiomas, además de haber recibido premios internacionales como el de poesía Simón Bolívar, del cual resultó ganador, y el premio latinoamericano de poesía en el XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en la Habana.





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