Mérida, Abril Martes 21, 2026, 11:12 am
Venezuela es el país latinoamericano que experimentó mayores aumentos en
materia de hambre y malnutrición durante el bienio 2016-2018. Así lo establece
el nuevo estudio que esta semana presentó la Organización de Naciones Unidas
para la Alimentación y la Agricultura (FAO) junto al Programa Mundial de
Alimentos y la Organización Panamericana de la Salud.
Bolivia y Argentina son los otros dos países que acompañan a Venezuela en
este cuadro, que integra un tóxico cóctel de subnutrición, malnutrición y
obesidad. La República Bolivariana aporta 1,3 del total de 1,5 millones de
personas con nuevos problemas estructurales en su ingesta cotidiana de
calorías. El estudio muestra que, en términos generales, los cuadros de
desnutrición aumentaron de un 5 a un 6 % del total de las naciones
latinoamericanas y caribeñas en el lapso que va de 2015 a 2018. Haití, Antigua
y Barbuda, Bolivia y Granada son las naciones con mayores niveles de
desnutrición en relación con el total de sus poblaciones.
El nuevo informe de la FAO sobre la seguridad alimentaria en Venezuela
refleja una de las muchas paradojas de la crisis sistémica que atraviesa el
país caribeño. En 2012, con Hugo Chávez todavía vivo, la misma organización
había otorgado un reconocimiento público al gobierno venezolano por sus avances
en la cantidad y calidad de la ingesta diaria de calorías. La institución
felicitaba a Venezuela “por haber alcanzado anticipadamente la meta número uno
del Objetivo de Desarrollo del Milenio: reducir a la mitad la proporción de
personas que padecen hambre en 2015”.
Durante aquel año 2012, en el cual hubo unas presidenciales en las que
Chávez logró la reelección, el gobierno bolivariano orquestó con aquella
certificación de la FAO un poderoso despliegue propagandístico para alcanzar
sus objetivos. Para entonces, la economía venezolana, apuntalada por los altos
precios petroleros, seguía creciendo, la inflación no tocaba las brutales cotas
de alza del momento actual y el gobierno, apurado por los imperativos
electorales, había diseñado un ambicioso sistema de distribución de alimentos
baratos, expresado, sobre todo, en las bodegas estatales Mercal (Mercados de
alimentos) y las Casas de Alimentación. Ambos programas tuvieron, durante un
tiempo, una indudable penetración en las zonas populares y empobrecidas del
país.
El lapso que comprendió la enfermedad y muerte de Chávez, y la llegada al
poder de Nicolás Maduro, vino acompañado de una grave crisis cambiaria que
produjo una costosa sangría de divisas al país. Los programas sociales
expresados en las bodegas de Mercal se derrumbaron y desaparecieron entre las
coimas y la corrupción desenfrenada. Muchos alimentos importados comenzaron a
descomponerse en las aduanas y puertos. La decisión de Maduro de radicalizar el
modelo político chavista produjo el histórico derrumbe de la economía
venezolana, que se ha expresado en una contracción del 44 % del Producto
Interno Bruto entre 2014 y 2018.
Algunas organizaciones especializadas, como la Fundación Bengoa y el
Centro de Estudios del Desarrollo de la Universidad Central de Venezuela,
llevaban tiempo cuestionando el pronunciamiento de la FAO, alertando sobre el
violento deterioro de las condiciones sociales de la población y el crecimiento
del hambre en Venezuela, uno de los aspectos en los cuales el chavismo
tradicionalmente ha considerado que tiene logros concretos para mostrar. Ni los
jerarcas del oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela ni el gabinete de
Maduro se ha pronunciado sobre el nuevo informe de la FAO.
Aunque jamás ha dejado de ser un problema que genera inquietudes y
polémicas, la desnutrición y el hambre no habían ocupado, en términos
históricos, un lugar especialmente protagónico en el radar de preocupaciones
inmediatas del venezolano promedio en los estudios de opinión. En los mejores
tiempos de Chávez este punto incluso había desaparecido del listado de
preocupaciones inmediatas de la ciudadanía, aquejada tradicionalmente por otros
asuntos, como la seguridad ciudadana, los servicios públicos y el desempleo.
Hoy, la ingesta de comida, la escasez y el aumento de los precios
encabezan todas las respuestas de la población en las consultas demoscópicas
realizadas por las firmas de opinión especializadas.
EL PAÍS