Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 06:03 pm
Usualmente se utiliza la palabra mandato para señalar un período presidencial o gubernativo, durante un determinado tiempo. Por ejemplo, se suele decir: durante el mandato del presidente (…) ocurrió tal cosa o se inauguró una obra. El uso de la palabra es correcto. En esta oportunidad quiero referirme a otro significado o acepción, para tratar sobre la vigencia de uno de los principios de la democracia.
Dentro del modelo democrático de gobierno, que dadas sus características y asimilación cultural pasa a ser un modo de vida, el pueblo, es decir los habitantes de un contexto geográfico determinado, uno de los elementos de la vivencia y práctica es la permanente consulta, en todos los asuntos de interés.
Es así como las elecciones periódicas, libres y transparentes, devienen en una orden o determinación, en base al resultado mayoritario, sin que se desestimen los no ganadores o sus opiniones, para que los elegidos desplieguen en favor de la gente un programa (o su equivalente) propuesto o expuesto a la consideración de los votantes.
El resultado viene a ser una orden, un imperativo o un mandato emitido para que los asuntos parroquiales, municipales, estadales o nacionales se manejen por quienes han sido elegidos y en función de ese plan previamente expuesto.
El mandato es dado por los hombres y mujeres que votan. No se trata de un artificio o invento publicitario. Por eso, se trata de un asunto de mucha importancia y plena validez en estos tiempos de confusión y de imaginario equivocado, cuando se manera simplista se piensa que un elegido es un todopoderoso, capaz y autorizado de hacer lo que le venga en real gana.
El mandato popular pasa a ser un compromiso indeclinable por parte de los gobernantes elegidos, por lo que los electores (habitantes) pasar a ser el objeto y motivo del desempeño del cargo por parte de los elegidos. La gente emite un mando, una instrucción, de cumplimiento obligatorio.
Pues bien, detrás de cada elección hay un mandato, una consideración general para que los asuntos se manejen de una determinada manera, distinta a otras que se consideraron previamente, por lo que, de no cumplirse el compromiso, ese mandato puede ser revocado. En nuestra vigente Constitución están las maneras como se puede hacer el revocatorio.
En definitiva, el mandato popular sigue vigente. Cada elección es una expresión de ello y obliga, no solo a los que no votaron, sino a todos los otros, a su respeto y legitimación, sin que se puedan promover subterfugios para invalidarlo. Tema especialmente importante, si nos atenemos a los principios y valores democráticos.
La propia Constitución de 1999 nos revela cuales son esos principios y valores. Algo de lo que nos ocuparemos puntualmente, más adelante.
No se puede obviar que el mandato popular conlleva, igualmente, el cumplimiento de los soportes legales de la sociedad, sin mediatización, y con la presencia en papel importante de la propia sociedad para vigilar su cumplimiento.
Cada elección genera un mandato, pero también cada consulta o asamblea de ciudadanos genera idéntica orden y compromiso de cumplirla. Es decir, el pueblo es lo determinante y nunca la voluntad omnímoda de quienes fueron seleccionados para ejercer la dirección de la sociedad.