Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 06:03 pm
Son muchos los tropiezos pero son mayores los logros de una organización
con 78 años de existencia, lamentablemente nuestra democracia civil republicana
durante 40 años olvido reforzar el valor de la libertad y el compromiso de
protegerla día a día, incluso de nosotros mismos.
El represamiento generacional y la permanencia del liderazgo fundacional
por más tres generaciones impidió el refrescamiento del liderazgo nacional al
extremo de cometer el error de reelegirse como presidentes Carlos Andrés Pérez
y Rafael Caldera, dejando en la estacada a hombres que se prepararon por años
para asumir el cambio gerenacional tan anhelado y necesario.
Hoy a 78 años de aquel inicio debemos escribir nuestra propia historia,
recordando a nuestros fundadores pero, sobre todo, imitando su sacrificio y
determinación, su honestidad en el manejo de los dineros públicos, su constante
preparación intelectual aprovechada en la consolidación de un modelo de gestión
que permitió modernizar al país y ponerlo en el sitial del desarrollo
sostenido.
Imitar su desprecio por el protagonismo enfermizo de estos tiempos, carentes
de contenido programático e inmediatista al extremo de pretender convertirnos
en opinadores de oficios y no en constructores de proyectos, propuestas y
soluciones a los problemas estructurales del país, no lo queremos.
Hoy enfrentamos una dictadura de nuevo cuño, llena de dinero y poder, que ha
sido subestimada una y otra vez por tanto toca, en consecuencia, regresar al
sentido original de la praxis política, entender que “el cementerio de los
políticos está lleno de impacientes" y que el proyecto debe estar por
encima de los hombres.
Muchos caciques y pocos indios, en otrora, los indios eran los caciques y
luchaban a brazo partido como iguales, estimulando a sus militantes y dando el
ejemplo.
Hoy las nuevas tendencias obligan a nuestra organización a dejar lo
ortodoxo y mirar con determinación de cambio las transformaciones de la
sociedad, sin perder el objetivo principal de nuestra existencia, ser útiles y
medio para convertir el bienestar y el progreso en felicidad y modernidad para
todos por igual.
Vaya mi felicitación y gratitud eterna a mi segunda familia de la cuál
aprendí lo bueno y aprendí a combatir lo malo, volvamos a la esencia de nuestra
existencia como partido, sin perder de vista las nuevas exigencias de la
sociedad, que la democracia y la libertad sean letra viva y ejercicio
cotidiano, solo así evitaremos la extinción y seguiremos siendo legatarios de
la evolución y permanencia de un instrumento social como lo es nuestro glorioso
partido social cristiano Copei.
(*) Copeyano y entrañablemente merideño.