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Copei hacia su evolución o extinción por José Luis Vásquez Crespo

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Copei hacia su evolución o extinción por José Luis Vásquez Crespo


Son muchos los tropiezos pero son mayores los logros de una organización con 78 años de existencia, lamentablemente nuestra democracia civil republicana durante 40 años olvido reforzar el valor de la libertad y el compromiso de protegerla día a día, incluso de nosotros mismos.

 

El represamiento generacional y la permanencia del liderazgo fundacional por más tres generaciones impidió el refrescamiento del liderazgo nacional al extremo de cometer el error de reelegirse como presidentes Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera, dejando en la estacada a hombres que se prepararon por años para asumir el cambio gerenacional tan anhelado y necesario.

 

Hoy a 78 años de aquel inicio debemos escribir nuestra propia historia, recordando a nuestros fundadores pero, sobre todo, imitando su sacrificio y determinación, su honestidad en el manejo de los dineros públicos, su constante preparación intelectual aprovechada en la consolidación de un modelo de gestión que permitió modernizar al país y ponerlo en el sitial del desarrollo sostenido.

 

Imitar su desprecio por el protagonismo enfermizo de estos tiempos, carentes de contenido programático e inmediatista al extremo de pretender convertirnos en opinadores de oficios y no en constructores de proyectos, propuestas y soluciones a los problemas estructurales del país, no lo queremos.

 

Hoy enfrentamos una dictadura de nuevo cuño, llena de dinero y poder, que ha sido subestimada una y otra vez por tanto toca, en consecuencia, regresar al sentido original de la praxis política, entender que “el cementerio de los políticos está lleno de impacientes" y que el proyecto debe estar por encima de los hombres.

 

Muchos caciques y pocos indios, en otrora, los indios eran los caciques y luchaban a brazo partido como iguales, estimulando a sus militantes y dando el ejemplo.

Hoy las nuevas tendencias obligan a nuestra organización a dejar lo ortodoxo y mirar con determinación de cambio las transformaciones de la sociedad, sin perder el objetivo principal de nuestra existencia, ser útiles y medio para convertir el bienestar y el progreso en felicidad y modernidad para todos por igual.

 

Vaya mi felicitación y gratitud eterna a mi segunda familia de la cuál aprendí lo bueno y aprendí a combatir lo malo, volvamos a la esencia de nuestra existencia como partido, sin perder de vista las nuevas exigencias de la sociedad, que la democracia y la libertad sean letra viva y ejercicio cotidiano, solo así evitaremos la extinción y seguiremos siendo legatarios de la evolución y permanencia de un instrumento social como lo es nuestro glorioso partido social cristiano Copei.

 

(*) Copeyano y entrañablemente merideño.

 





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