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La fecha silenciada, o qué pasó aquel día por Orlando Oberto Urbina

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La fecha silenciada, o qué pasó aquel día por Orlando Oberto Urbina


Orlando Oberto Urbina

bajarigua@gmail.com


En Venezuela hay hechos históricos contemporáneos que han sucedido durante el pulso de la historia. A veces parecen coincidir; otras veces, la historia se repite y parece no aprender de sus ciclos anteriores, aunque hayan sido duros, y le hayan costado al país su sello democrático. Descompaginar algunos sucesos nos lleva a la travesía de oscuras realidades a las que se enfrentaron hombres muy formados políticamente y filosóficamente acerca de la realidad que se avecinaba en aquella fecha importante, y todavía silenciada. Nos referimos al 30 de noviembre de 1952, cuando se convocó la elección de una Asamblea Constituyente, y cómo ésta fue convertida en una elección presidencial.

Para el 30 de noviembre de 1952, el soberano no tenía información objetiva de lo que acontecía en la Venezuela de ese entonces, ni que se preparaba para aquella gesta electoral, donde se suponía se elegiría una Asamblea Nacional Constituyente. Sus líderes, sin embargo, sí estaban claros del devenir de los hechos. Acción Democrática y el Partido Comunista estaban ilegalizados y muchos de sus miembros exiliados. Solo la Unión Republicana Democrática (URD) y el partido socialcristiano Copei estaban legalizados para ese entonces. Eran los únicos que poseían tarjetas para elegir en ese momento a sus constituyentes. Pero el pueblo es sabio y paciente, especialmente por la situación de abuso y descaro del sector militar que sustentaba el poder para ese momento, y el abuso de los recursos tanto humanos como materiales a favor de los candidatos y partidos oficiales, los cuales deseaban seguir usufructuando la nación.

De esa anatomía del fraude cometido en aquella fecha silenciada, el 30 de noviembre de 1952, hay que señalar que de aquel primer boletín de las autoridades electorales, ya los testigos de mesa tenían noticia de que el partido URD ganaba holgadamente las elecciones, mientras que Copei y el FEI se disputaban el segundo lugar en esa contienda electoral. Debido a los acontecimientos devenidos después de esa jornada, no se logró terminar de la manera correspondiente.

Había llegado una hora aciaga para el país. A pocas horas para que terminara el proceso electoral, se desató una serie de órdenes de allanamientos a las sedes del partido URD en todo el interior de Venezuela, y detenciones de sus principales dirigentes políticos de esa tolda, entre los que estaba Jóvito Villalba.

La celebración de las elecciones del 30 de noviembre de 1952 tenía como fin elegir una asamblea constituyente, y no la elección del presidente de la república. Según investigaciones de autores como Mario Briceño Iragorry, Leo B. Lott, José Ramón Avendaño Lugo, y Donato Villalba, se señala que se intentó “comunizar” a los responsables de la victoria del partido Unión Republicana Democrática (URD) y que, al ganar ese partido, triunfaba el comunismo en Venezuela.

El gobierno norteamericano tenía sus narices metidas en todo lo que ocurría en Venezuela en 1952 y por eso algunos políticos acudían al Departamento de Estado a dar información sobre el “comunismo” de Jóvito Villalba y de otros ligados a la iglesia católica. Varios de ellos eran acusados de ser comunistas, solamente por manifestarse contra el antimperialismo se les condenaba. Entre ellos por cierto, estaba Ignacio Luis Arcaya, a quien se le bautizó de comunista solamente por haber ido a ver una película soviética.

Ahora, en investigaciones más recientes, se acusa a los Estados Unidos de América de haber aceptado cínicamente los falsos resultados electorales, con el supuesto fin de evitar que las compañías petroleras sufrieran con un cambio de gobierno y se viera perjudicado el futuro de dichas empresas. Además, se señala que ya había un informe elaborado días antes de las elecciones, que el propio Foreign Office había elaborado calificando al partido Unión Republicana Democrática como una “organización de la izquierda moderada” calificando a Jóvito Villalba como un reconocido “comunista de los años 1930” por sus opiniones que en su opinión eran parecidas a los políticos socialistas europeos, simplemente porque en la campaña electoral de ese entonces, Jóvito acusó al gobierno de haberse entregado en cuerpo y alma a las compañías petroleras.

En ese tiempo, la Junta Militar no había contemplado una derrota electoral, y el partido Unión Republicana democrática estaba “menos preparada” para un triunfo, y para enfrentarse al aparato militar de la dictadura. Es invaluable el gesto de los dirigentes urredistas en ese esfuerzo extraordinario que realizaron durante la campaña electoral. Eran perseguidos por la policía, e impedidos de todo acceso a los medios de comunicación social. Carecían de los medios más elementales para poder organizar una protesta colectiva contra el fraude.

No valía la buena conducta, ni la posición política, ni las ideas. Mario Briceño Iragorry iba de segundo en la lista del partido Unión Republicana democrática como candidato a diputado por la ciudad de Caracas. Jóvito Villalba, el líder, era un margariteño que se las traía, y era un orador brillante que se había destacado como dirigente estudiantil en la generación de 1928. La Venezuela de aquel tiempo parió hombres y mujeres de una talla invaluable que no tenían personalismos exacerbados, sino que pensaban más en el país que necesitaba una gran alianza para defender la democracia.

Los partidarios de la alianza del gobierno militar se agruparon alrededor de aquella fuerza electoral independiente denominada FEI, junto con el partido independiente organizado PIO, y el Partido Unión Nacional (PUN). Tales partidos eran unos parapetos que fueron creados para dicha campaña electoral; eran organizaciones fantasmas que manejaban los funcionarios del gobierno en todas sus dependencias públicas.

Se señalaba que eran unas maquinarias que estaban organizadas en todos los estados y que cubrían hasta los funcionarios de menor jerarquía como parte del proselitismo electoral a favor de los partidos ligados al gobierno militar. Sin embargo, con respecto a la situación de URD y Copei, su campaña debía ser cada día más cautelosa por la represión y detención de sus líderes, lo cual conllevaba a reunirse en locales cerrados, y aun así muchas veces eran detenidos y llevados a la sede de la Seguridad Nacional (SN). Los mítines eran disueltos por ese aparato represor, y los oradores con frecuencia tenían que rendir declaraciones a pesar de ser legales sus organizaciones (tanto Copei como URD). A veces los dejaban detenidos. En esa época, los esbirros decidieron darle una salvaje paliza al dirigente de Copei Edecio La Riva Araujo, quien era miembro de la dirección nacional del partido.

Muchos señalan que esta campaña de 1952, ha sido catalogada como la más difícil de las celebradas hasta el día de hoy en Venezuela. Si se llegara a comparar con la campaña de 1958, sería única por muchas razones ya esgrimidas. También se habla de algunas excepciones en 1952, con respecto al uso de hojas volantes que se imprimían con eslogan y documentos partidistas. Era el único medio de comunicación entre el político y el electorado: era lo que se disponía en el mítin, lo cual tuvo una importancia que no haría sino disminuir con la presencia de la radio y la televisión en campañas posteriores.

Los medios -en ese entonces prensa y radio- eran sujetos a la constante vigilancia de los censores oficiales si mencionaba la celebración de algunos actos de la oposición, y no podían dar información detallada sobre el contenido de los discursos pronunciados por los líderes de esa generación. Hay que mencionar que el 2 de diciembre de 1952 se hizo pública una carta enviada a los líderes del partido Unión Republicana democrática (URD), en la cual se pretendió justificar la interrupción de los escrutinios con el expediente de que ese partido había servicio de fachada de las organizaciones ilegalizadas de Acción Democrática (AD) y del Partido Comunista de Venezuela (PCV).

Inadvertidamente, se reconoce el triunfo electoral del partido URD, como opositor al gobierno militar del General Marcos Evangelista Pérez Jiménez, y ese mismo día se hace designar Presidente Provisional de Venezuela por el Estado Mayor, en la cual se consumaba un rotundo fraude electoral. También se habla de una tesis elaborada en un informe enviado el 8 de diciembre por la embajada británica en Caracas al Foreign Office (Departamento de Relaciones Exteriores): “Los militares nunca tuvieron la menor intención de hacer entrega del poder a un gobierno izquierdista, pero la junta estaba completamente segura del apoyo popular y no tenía un plan de acción para la eventualidad de una derrota electoral”. 





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