Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 05:13 pm
Ramón Sosa Pérez
Un recorrido por la subregión llamada Pueblos del Sur de Mérida, nos permitió esta vez certificar la magnificencia de una tierra bendecida por El Creador en sus bondades naturales y escenarios de portento inigualable. A quienes, como yo, nacidos en medio de su exuberancia, no nos toman de sorpresa sus maravillas, se nos hace fácil distinguir las riquezas esparcidas por doquier pero el tema de hoy recoge elementos que por sí solos hablan de otra realidad.
No ausentes de la situación país, estos pueblos viven su hora menguada y allí la merma poblacional acusa niveles de alta preocupación porque de su seno han emigrado decenas de jóvenes, cuyo rumbo al exterior los dejó en absoluta orfandad -hijos sin padres pero también padres sin hijos-, que hoy lloran el infortunio sin esperanzas de un próximo encuentro.
Las tierras que otrora fueron cultivos de gran plétora, hoy sencillamente están ociosas porque las manos vigorosas de sus muchachos partieron buscando lo que en su patria se les negó. Sin oportunidades, la juventud asoló los campos y ahora en otros países luchan por la sobrevivencia. Eso no es todo porque los gobiernos, ya locales y nacionales, confinaron la posibilidad de desarrollo con la carestía y escasez de insumos agrícolas y acceso al combustible.
La competencia desleal, alentada por quienes deben garantizar el abastecimiento del mercado con productos nacionales ha promovido la ruina de las tierras sureñas. Los altos precios de producción frente al irrisorio precio de café, ganados, verduras y demás recursos obtenidos de la tierra surandina, condenan a estos pueblos a su devastación económica. Las carreteras desasistidas y en abandono inmisericorde inhabilitan el rendimiento del campesino.
Hay paradojas en el sur. Su gente vive en medio de penurias y grandes privaciones, aferrados a la esperanza de que algún día, su realidad cambiará. Por ello persiste en la siembra, la cría y el ordeño. Las cifras alarmantes rondan el 90 por ciento de merma en la compra de insumos agrícolas, certificadas en las casas proveedoras de El Molino, Canaguá y Mucuchachí, sumado al risible precio en la demanda de un saco de cebollas en apenas 8 y 10 dólares.
En el tema del café hay evidente preocupación pues crece la oferta en los cafetales que asoman la próxima cosecha triplicando la producción de recientes años pero con los precios a los niveles más bajos que haya tenido el rubro, mientras el que se produce más allá de la frontera entra al mercado nacional con desparpajo y amparo hasta ahora no conocidos. El sector pecuario sufre los efectos ante una política que resiste nivelar los precios de producción.
La papa en el sur de Mérida ostenta excelentes tierras de ventaja productiva pero la competencia se ve muy disminuida por los altos costos de combustible en el lugar, el deterioro progresivo de los caminos, ausencia de políticas certeras que atiendan al productor, falta de asistencia técnica y apoyo crediticio real a quienes deben ser sus destinatarios. Es la hora de atender su llamado y clamor para que estos pueblos sigan socorriendo la mesa venezolana.