Mérida, Abril Martes 21, 2026, 10:53 am
Aunque una mayoría la sabe frágil y por eso hay que cuidarla, sin embargo espera surgir fortalecida del alma, sangre y corazón de todos los venezolanos que, hurgando en el fondo nacional, la convertirán en indiscutible Carta Magna. Sostiene, sin pena alguna, que se siente alegre porque a su lado estarán hombres de todas las tendencias a los que pudiera darles el sí, no lo niega, siempre que le demuestren quererla más que a sus propios intereses. Joven, muy humilde, porque viene de abajo, y honesta en su intención, se mira en el espejo donde se retratan los fantasmas de sus parientes, nacidos unos de golpe de estado, otros de revoluciones y ella en democracia para no cometer los mismos errores. Afirma con singular entereza que no se le entregará a ningún tirano, tampoco a un demagogo porque está comprometida con la paz ya que el nombre suyo quiere decir precisamente libertad.
Allí entre el pueblo, la encontramos. Azorada, sin saber qué hacer, cuál muchacha buenamoza que debe cruzar la calle plena de hombres dispuestos a piropearla. Vestía falda amplia, larga y multicolor; blusa blanca, de faralaos, de encajes. Su pelo negro, largo, liso y hermoso, laboriosamente tejido en dos crinejas, remataba en claveles rojos y amarillos, trenzados con cinta azul color de cielo. Cara linda, fresca; ojos grandes, de mirada fija, penetrantes; labios gruesos, provocadores, dispuestos siempre a la sonrisa. Alegre, no hay que negarlo, se imponía sobre él. gentío que la felicitaba, llamándola reina, intentando tocarla, sentirla suya, llevársela para su casa. Entre abrazos y también algunos besos dados con apuro y emoción, la linda niña respondió con soltura las preguntas del entrevistador, mientras recorría las cuatro esquinas de la plaza, luciendo nuevas alpargatas como si marchase hacia la gloria, se dirigió al monumento y, junto al mármol eterno, flameó entonces la bandera que portaban sus blancas manos, de dedos finos. El bravo pueblo, que ahora prefiere que lo llamen soberano, entonó el Himno de la Patria para prorrumpir finalmente en atronadores aplausos cuando ella, la muchacha, lanzó margaritas al firmamento y al héroe.
-Contenta, desde luego. Pero el camino luce difícil.
-No lo niego. Siento que habrá de ser así. Por eso desde ya pido calma y cordura. También ayuda. La tarea encomendada debo cumplirla con la ayuda de todos.
-¿Segura de encontrar esa fuerza, ese respaldo, esa ayuda?
Son necesarias. De otro modo, ¿para qué votaron por mí los venezolanos? La cooperación, el entendimiento resultan tan urgentes como la salvación misma del país.
-¿Y de verdad Venezuela está tan mal que puede morirse?
Un país no muere nunca. Sólo que su gente puede anarquizar cuando irrespeta y olvida las leyes. Y al anarquizar la gente, adviene la guerra civil. Y la guerra civil puede matar a la gente. Y al morirse la gente, ¿para qué queremos un país sin gente y sin leyes?
-Para que surja otro, nuevo y distinto, donde reine la justicia.
-De acuerdo, un país donde existan paz y libertad, donde no haya desigualdades...
-...donde no aflore el odio social, menos el político entre los que están llegando y se proclaman buenos contra los que están marchándose y se les acusa de malos.
-Hay que evitar el desgarramiento nacional.
-Propósito que usted debe trazarse y mientras la redactan dejar en claro que viene a trabajar en positivo.
-Desde luego. No me lo entregaré a ningún tirano, tampoco a un demagogo. Recuerde: si bien mi nombre es Constitución, me llamo Venezuela y mi apellido es Democracia.
-¿Qué espera realmente de quienes dicen que usted salvará la patria?
- Ya dije: mi tarea será de reconstrucción nacional.
-Pero ese esfuerzo requiere tiempo, dedicación y recursos.
-El país, la nación, Venezuela cuenta con recursos humanos suficientes, capaces de generar los recursos materiales que requerimos para el progreso y bienestar colectivo. El tiempo perdido hay que recuperarlo y en cuanto a la dedicación, rescatar el espíritu de sacrificio.
-¿Más sacrificios?
-¿Por qué no? ¿Acaso el país no los merece?
-Pero, mire usted, desempleo, pobreza crítica, inseguridad, robo, corrupción, crisis económica, crisis moral.
-No lo niego. El panorama no está claro. Se dificulta ver el horizonte. Pero ahí precisamente reside la fortaleza del encargo que se me encomienda: el rescate nacional.
-Repito, ¿usted tendrá la fuerza suficiente para no fallar? ¿Para llenar el vacío existente en todo? ¿Incluso la desesperanza?
-Usted me observa joven. A lo mejor cree que no tenga experiencia alguna. Es cierto. Sin embargo anote a mi favor lo siguiente: tengo muchos parientes. No soy la primera constitución nacional. Han sido muchas.
-Pero usted es la primera que surge en una democracia. Sus parientes provenían de dictaduras o de revoluciones.
-Apreciación correcta, la suya, amigo mío. Eso me obliga mucho más a darle cumplimiento fiel a mi objetivo, a revisar la historia familiar, sobre todo la última, la que habré de sustituir, la del 61, que tiene bien marcados sus errores y defectos.
-También sus aciertos, jovencita.
-Desde luego. No lo niego.
-Es que negar lo positivo de la democracia, por cierto, parece cuestión de moda.
-Sí. Defecto nacional, muy propio de los venezolanos, más dados a negar bondades que a reconocer defectos. Ya lo señala Manuel Barroso cuando al analizar «La autoestima del venezolano», indica que «Venezuela está en crisis desde su nacimiento». Dice que esa crisis «la llevamos en la sangre» y para comprobar su verdad invita a repasar la historia: «caudillos, matanzas, atraso, Ignorancia, miseria, violencia». Afirma que el propio Libertador «pensó que su más grande hazaña no era libertar su pueblo, sino conducirlo hasta el desempeño de su libertad». Agrega Barroso que Bolívar «sabía muy bien que un pueblo ignorante, pobre, hambriento, enfermo, no era un pueblo libre».
-Y Rufino Blanco Fombona, adolorido, se pregunta en su Diario si ha fracasado para responderse que quien fracasó «fue Venezuela en cuanto democracia, en cuanto República y en cuanto país de civilización»,
-Sí. Nos lo recuerda don Augusto Mijares en «Lo Afirmativo Venezolano». Y, es bueno que la pregunta de Blanco Fombona tenga, ahora, respuestas que permitan corregir errores.
-¿Usted lo cree posible?
-Pienso que sí. Yo no pongo en duda, todavía, las buenas intenciones de alguna porción importante de venezolanos. Hay que apuntar, insisto, hacia lo positivo. Digamos que llegó la hora del definitivo entendimiento.
-Pero son muchos los intereses en juego.
-Los intereses seguirán siendo eso, intereses, sean personales, grupales, colectivos. Lo importante es precisar que los únicos a defender y a preservar en esta hora nacional son los del país.
-¿Los que la creyeron posible, los que la favorecieron y votaron por usted así lo entenderán?
-Tienen la obligación histórica de entenderlo. De lo contrario podrán ser juzgados como traidores a la esencia misma de esta jornada, la última favorable al país en el final del siglo.
-¿Y permitirán que impere la democracia en sus deliberaciones?
-Y permitir también que sea el espíritu democrático el que fundamente cada uno de sus artículos.
-Eso es lo que espera suceda entre gente honorable y preocupada por el destino venezolano. No por imponer sus criterios personales, de grupo, de partido, de gobierno.
-Exactamente. Ya dijimos que los únicos intereses a defender son los del país y de su gente.
-¿Y si no sucede así?
-Entonces seremos los pésimos actores de una pésima comedia que nos mal pondría ante el concierto mundial. Lo cual no es ni saludable ni menos recomendable.
-Entiendo. Aprobar a usted como Carta Magna no es cuestión de simple mayoría sino de impregnar su texto con verdaderos valores democráticos.
- Correcto. Lo contrario sería vergonzoso y lamentable.
-¿Cómo impedirlo?
-Con voluntad y firmeza de demócratas convencidos. También con entendimiento, mucho diálogo, concertación, y convivencia.
-¿Cree usted que los vencedores tendrán grandeza con los vencidos?
-Afirmo que no hay vencedores ni vencidos. Somos todos venezolanos y Venezuela es un solo país.
-Se lo pregunto porque algunos se empeñan en dividirnos entre buenos y malos, entre corruptos y puros, entre decentes e indecentes.
-Manera muy mala, así lo creo, de gobernar que, pienso, debe dejarse de lado antes que divisiones de tal naturaleza terminen por profundizarse a extremos que resulte luego imposible encontrar cómo detenerlos.
-Pero, según Barroso y otros más, «la crisis de Venezuela, del venezolano, es la de la persona, de su intimidad, de sus hombres, de su dignidad, de sus valores”.
-Sí. Es cierto que «el venezolano, como persona, ha perdido claridad consigo mismo».
-Y el rumbo.
-Y el rumbo. El venezolano ya no sabe «quién es y qué quiere. El venezolano no está claro con sus necesidades, malbarata su potencial, carece de objetivos y anda al garete sin valores».
-¿Por qué sucede de este modo?
-Porque, al decir de Barroso, criterio que comparto plenamente, «el venezolano no tiene contextos definidos: el contexto individual, el de pareja, el de familia, el organizacional y el social. Lo que el venezolano es a nivel individual tiene poco que ver con quién es en otros contextos, determinándose una pluralidad de identidades contradictorias entre sí».
Retrato perfecto de una situación imperfecta.
-Y dañina, que debemos detener antes que termine por corroer lo que nos queda.
-¿Qué cree usted que nos queda?
-Bueno, disposición al cambio, por lo menos. Siempre que en esa intención de cambio prive el deseo de permanencia y no el circunstancial, el del momento.
-Es decir, el de la conveniencia.
-Sí. El de querer utilizar al pueblo para que el pueblo continúe apoyándonos en los proyectos personales, no importa si son políticos o comerciales.
-Por usted votaron demócratas pero también aquellos que creen haber llegado lo que tanto tiempo esperaron: la dictadura.
-Los demócratas votaron bien. Los otros perdieron el voto,
¿Está segura?
-Creo estarlo. Debo estarlo. Es mi obligación estarlo. Al fin y al cabo en mi estará representada la voluntad popular. Y la voluntad popular no terminará inclinándose a favor de un régimen de fuerza.
¿Tampoco hacia una democracia debilitada?
-Tampoco. Hay que fortalecer la democracia para impedir la dictadura.
¿Y si se inclina hacia el autoritarismo?
-Rotundamente me opondré a un hecho de tan grave significado y naturaleza.
¿En qué consistirá ese rechazo suyo, ésa oposición?
-En la fortaleza misma de la democracia.
Pero acordamos que está muy debilitada tanto como desprestigiada.
-Una cosa bien distinta es debilidad y otra desprestigio. La debilidad tiene nombre y apellido. Se cerraron sus instancias, se agotaron sus postulados. El desprestigio igual.
¿Acaso los puntofijistas?
-El presidente Chávez afirma que todos somos culpables.
-Bueno, unos más, otros menos.
-No señor, en cuanto al país y su realidad de hoy en día, la culpa tiene idéntico peso.
¿Toda la carga hacia los partidos?
-Es lamentable porque los partidos tienen que seguir siendo fundamento de toda acción. Es decir de gobierno, de democracia.
-Insisto, ¿la culpa es sólo de los partidos?
-No. También la tienen los demás sectores de nuestra sociedad, incluyendo la Iglesia y las Fuerzas Armadas.
- ¿Todo el mundo?
-Todo el mundo.
¿Incluye al pueblo?
-Sí, porque el pueblo es culpable de sus propias equivocaciones.
--Pero el pueblo es Dios y Dios no se equivoca.
-Eso es verdad. Pero sucede que Dios nos pone a prueba y cuando lo hace nos deja al libre arbitrio, porque supone que somos gente pensante, cuerda y responsable.
-Lanza usted directo a la goma.
-Tengo que ser directa, sin rodeos, no se me permite ligerezas, menos debilidades. La responsabilidad que me entregaron es una cuestión muy seria.
¿Hasta el final?
-Hasta el final. Una constitución no es una simple relación de buenas intenciones. Es la carta de identidad de un país.
-La partida de nacimiento de la nueva Venezuela.
-Sí. Debe ser clara y precisa, representativa de la pluralidad en que se abarca el pensamiento nacional. No puede ser impositiva ni menos muestra de cualquier autoritarismo. Lo último no lo perdonaría el mundo democrático con mucha cautela, con mucha preocupación pero también con mucha esperanza.
-¿Creerá el mundo en nuestras buenas intenciones?
-Debe creernos.
-Pero sucede que afuera se habla un lenguaje y adentro otro distinto.
-Bueno, es cuestión de unificar criterios, lenguaje y disposición al trabajo.
-¿También de unidad?
-¡Claro! La unidad es el principio de toda acción. Sin ella, ¿qué podremos esperar? Disolución, anarquía, pleitos.
-¿A quién cree usted le corresponde dar el primer paso hacia esa pretendida unión?
-Por igual al gobierno y a sus gobernados.
-Pero el gobierno prosigue en sus ataques, en sus ofensas, en sus acusaciones.
-Y los gobernados, algunos, desde luego respondiendo.
¿Se precisa, entonces, un «boto tierrita y no juego más»?
-Sí. Un «taima» que calme ánimos y facilite tiempo para proseguir jugando, Pero eso sí, que el dueño del bate, de la pelota y de los uniformes no termine creyendo que los jugadores, los espectadores, el estadio y la novia del equipo son también propiedad suya.
-Es cuestión de respetar las reglas.
-Y de respetar a nuestros semejantes. Recuerde que el derecho nuestro termina donde comienza el del vecino.
-Es cumplir con nuestros deberes para tener moral a la hora de exigir derechos.
-Dejar de ser más vivos que los demás, no traspasar responsabilidades, darle cumplimiento a nuestras obligaciones, no quejarnos tanto y trabajar más. En fin, darle un vuelco a nuestra actuación ciudadana.
-¿Todo ello surgirá de usted? ¿Será usted capaz de transformar nuestra conducta? ¿Podrá usted construir un nuevo país?
-En mí estarán las bases morales que permitirán transformar la sociedad y, al hacerlo, posibilitar la nueva y gran conducta nacional: más hacia el país que somos todos. Ese será el nuevo país.
-¿Sobre qué bases, fundamentalmente?
-Que no sea impuesta de modo arbitrario ni autoritario; que no sea producto de un grupo sino del trabajo plural y colectivo; que incluya el más amplio respeto por los derechos humanos; que garantice el derecho a la educación, a la salud y a la alimentación; que autorice la figura del referéndum; el pluralismo democrático y la autonomía y equilibrio de cada uno de los poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, porque la Constituyente es para hacer la Constitución no para sustituir poderes. Ya la CSJ determinó que yo no soy originaria. Y debe respetarse esta decisión. Violentarla es violarme y burlarse de la buena fe del pueblo. El objetivo es reformar, transformar, cambiar lo malo por lo bueno. Ese debe ser el nuevo país.
-¿La Quinta República?
-El nombre de Venezuela es Venezuela y seguirá por siempre siendo Venezuela.
-¿Y el suyo la Constitución Bolivariana?
-Repito: mi nombre es Constitución, me llamo Venezuela y mi apellido es Democracia.
Del mi libro “Más allá de la Frontera”, Mérida, 1999