Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 04:58 pm
adicorazul@gmail.com
Hoy escribimos sobre
alguien que ha dado a Coro su vida, su amor y todo su reclamo por una mejor
ciudad. Ha sembrado su cultura en cuanto al rescate de valores y de la historia
de la ciudad que ha sido resguardada por esta dama que lleva en su sangre todo un
río de amor por la conservación de una memoria que no se derrumbe en la desidia
y el abandono de grandes tesoros.
Olga guarda la
vida de esta comarca que se hizo ciudad colonial que ha permanecido en desvelo
por sus contrarios que intentan borrar todas las huellas del pasado, negándole
a las generaciones venideras que puedan
conocerla y quererla, y que la defiendan como la vida misma. Los antepasados
que tuvimos en esos grandes episodios nos han llenado de valor y sentimiento
por esta ciudad que pronto arribará a su quinto centenario de fundación, entre
las primeras ciudades de Venezuela.
Olga Elena
Hidalgo de Curiel es una profesora que ha sido una noble representante de la
sociedad falconiana, y en particular de la corianidad. De esto pueden hablar
sus hechos, entre éstos la fundación del Ateneo de Coro, símbolo de respeto y
admiración de nuestra cultura que muestra el devenir diario de esta dama coriana
que ha logrado proteger el patrimonio de los falconianos; entre ellos, se ha
mantenido la Coral Falcón, por la cual han pasado unas cuantas generaciones de
hombres y mujeres. Además, las pinturas, esculturas y obras de trascendencia,
así como las valiosas fotografías de los tiempos de ayer.
Estamos a setenta
años de la fundación del Ateneo de Coro, el cual se fundó el 15 de mayo de 1963
según la periodista Magalys Hassán, en un trabajo realizado en el diario “La
Mañana”, medio de comunicación Social que también ha dado sus frutos al
quehacer diario de la región. Olga Hidalgo de Curiel señala en su entrevista
que “la memoria histórica es un antídoto para evitar que aventureros se adueñen
de las instituciones”. A ella la caracteriza esa hidalguía coriana que reviste
una manera muy precisa y valiente de decir las cosas por su nombre.
Parece llevar esa estirpe de mujer curiana, nombre
éste que tenía la primera porción del territorio patrio cuando fue poblado
indígena, que de hecho constituía la capital de la nación narhuaca. En
“Curiana” residía el Cacique o Boratio Manaure, especie de soberano teocrático
de las colectividades” (Sánchez, R. Curiana,
p.8). De esta sangre está hecha esta insigne mujer, Olga Elena Hidalgo de
Curiel, hija de esta tierra que nos ha dado ese quehacer diario de la cultura, y
este gran Ateneo de Coro. Por allí han pasado grandes figuras como el Br. Ángel
S. Domínguez Gutiérrez, autor de la “Mojiganga”; el odontólogo Nicolás Mendoza
“Conca”; Belda Benet, Ildemaro Alguindigue e Ismael Padilla. Seguramente puedan
olvidarse otros, pero en ellos está representado el esfuerzo de llevar a cabo
el quehacer cultural en todas sus expresiones de la vida cotidiana, a lo cual
Olga Elena corresponde merecidamente.
A Olga le
debemos y le agradecemos que haya estado, y siga al frente del Ateneo de Coro,
que ha sido dirigida sin mezquindades ni sectarismo, ni partidismo ni populismo,
sino que ha sido una institución incluyente y ejemplo de pluralidad. Por esta
razón, ha tenido el apoyo incondicional de personalidades de pensamientos
diversos que convergen en las artes y la cultura, y que ha tenido a una dama de
la talla de Olga Elena Hidalgo de Curiel.
La conocí hace
unos cuantos años, y puedo dar fe de sus virtudes y de la amplitud de una dama
que ha logrado llevar a buen puerto esta institución cultural que con poco o
nada de recursos financieros, y con un equipo capaz de hombres y mujeres, han
hecho del Ateneo de Coro un símbolo de falconianidad, de solidaridad, y de
mucha voluntad para seguir creyendo en la producción cultural, espiritual e
intelectual de nuestra región.
El Ateneo de
Coro ha estado al servicio de las instituciones y del Estado desde aquella
fecha histórica en que el escritor Agustín García daba su discurso de
inauguración del Ateneo de Coro. Ella realiza sus actividades por voluntad, y la
entrega desinteresada de quienes han acompañado a la profesora Olga Elena,
quienes han hecho presencia de cuerpo y alma “ Ad Honoren”, sin recibir ni
sueldo ni salario alguno, manteniendo sus puertas abiertas a todo el público, y
en particular a los amantes del arte y la cultura.
El Ateneo de
Coro es una voz plural y llena de inquietudes infinitas que contempla una
vertiente histórica y sistemática del arte, floreciente sol que nos vitaliza
ese sueño y que resiste el tiempo de penurias y de escasez económica; pero
conserva esa espiritualidad y ánimo que enciende la antorcha que va iluminando
voluntades y esfuerzos en esa escuela de gerencia cultural, donde se aprende a administrar
lo poco que se tiene con ese liderazgo apasionado que va unificando la
disposición de la gente con esperanza para llevar a cabo la tarea útil que representa
la falconía noble y sincera, sin esperar a cambio nada.
La Coral Falcón
es una obra de muchos, y de ese trabajo encabezado por Olga Elena, José
Maiolino Conte, Ildemaro Alguindigue, José Nicolás Mendoza, y Rafael Sánchez,
quien estuvo como primer presidente del Ateneo de Coro. Todos ellos con sus
aportes se sumaron a la idea de llevar adelante ese proyecto de la Coral,
juntaron sus voces, y así despertaron a la ciudad que dormía el sueño de gloria
de su pasado. Sus obras se han presentado en el teatro y auditórium Omar
Hurtado, la galería, los espacios generados a la Orquesta Sinfónica infantil y
juvenil, todo lo cual es parte de sus grandes obras, junto con las
publicaciones, además de aquel rescate de publicaciones de la biblioteca de
autores falconianos, que quizás por falta de recursos no hayan visto luz para seguir
publicando a nuestros escritores.
La
perseverancia, el compromiso, la disciplina y sobre todo las ganas de
participación ante el trabajo que no se agota ante las dificultades evidencia
esa fe en hacer las cosas, de la que está hecha la Coral Falcón, así como de
compromiso y canto de corazón de ese
testimonio que ha pasado por toda una generación del arte como expresión simbólica
y de su relación con la verdad, la moral y los valores esenciales de impulsar
las expresiones culturales de los pueblos sin distingos, sesgos y mezquindades
que abundan en ese mundo.
En el Ateneo de
Coro, valga todo es trabajo y reconocimiento a quienes han dado lo mejor de sus
obras que están a la vista de todos. No son decretos ni discursos vacíos, sino
acciones que llenan nuestra identidad de sabernos que estamos bien
representados en la hidalguía de Olga Elena: una hacedora de obras duraderas.
Solo he tenido a
la mano este recurso de opinión sobre esta dama humilde y sencilla que ha logrado
ganarse el respeto de la sociedad venezolana que, sin falsos compromisos, ha
sido sincera y honesta. Olga es la corianidad y la falconía que tanto anhelamos
los habitantes de esta ciudad: que sea más humana, solidaria y fraternal. Hoy
Coro exige una reflexión seria y responsable.