Los falsos 240 años de la fundación de la Universidad de Los Andes
por Alí Enrique López Bohórquez (*)
Junta Superior Gubernativa de Mérida 21 de septiembre de 1810. Cuadro de 1938 del pintor Marcos León Mariño
Nuevamente
la Universidad
de Los Andes vuelve a falsear su historia fundacional. Anualmente insiste en
que esta institución fue establecida el 29 de marzo de 1785 por el Obispo Fray
Juan Ramos de Lora, cuando en verdad los hechos y los documentos demuestran que
ello no ocurrió hasta el 21 de septiembre de 1810, cuando la Junta Superior Gubernativa de
Mérida decretó mediante Acta de ese día la creación de la Real Universidad de San
Buenaventura de Mérida de los Caballeros. La que en 1832 se denominaría
Universidad de Mérida y a partir de 1883 Universidad de Los Andes. No son
especulaciones históricas de nuestra parte, así lo prueban el referido decreto,
lo acontecido en esta ciudad entre 1810 y 1812, las fuentes documentales
generadas al respecto entre 1800 y 1806 y el más de centenar de opiniones de
historiadores, intelectuales y universitarios que han manifestado en algún
momento estar de acuerdo con la fecha de 1810, criticando a su vez la impuesta
de 1785. Esa historia documental e historiográfica la hemos expuesto en nuestro
libro: La fundación de la Universidad de Los
Andes. 21 de Septiembre de 1810. Estudio crítico e incómodo, pero necesario.
Por cierto auspiciada su edición por el Rectorado de la ULA en el 2011. En otros
libros y artículos hemos también dado cuenta no solamente del proceso histórico
fundacional de esta institución universitaria, sino también del debate al respecto, sin solución de continuidad en el
tiempo.
En
esta oportunidad solamente vamos a referirnos a dos aspectos que deben ser
tomados en cuenta por “neófitos e ilustrados” en el asunto. En primer lugar: las
tres conmemoraciones institucionales de la instauración de la Universidad de Los
Andes en 1910, 1960 y 2010, que reconocieron al 21 de septiembre de 1810 como
la verdadera fecha. En segundo lugar: la intervención de la Iglesia en 1950 y 1985
imponiendo el 29 de marzo de 1785, sin sustento documental e historiográfico
alguno. En efecto, en 1910,
a proposición del catedrático Tulio Febres Cordero la ULA conmemoró su primer Centenario,
siendo rector el Dr. Ramón Parra Picón, descendiente de quien fuera presidente
de aquella Junta Gubernativa de 1810, Antonio Ignacio Rodríguez Picón, la que
decretó la creación del instituto universitario merideño. Entonces hubo dos
actividades académicas, con amplio programa conmemorativo, que incluyó el
discurso de Gonzalo Picón Febres y la conferencia de Caracciolo Parra Pérez.
Hubo actos en el centro histórico de la ciudad con desfile de cien caballos y
de personas portando cien coronas, además de actos literarios y musicales. El
edificio fue iluminado para los eventos, con apoyo de las dos familias
propietarias de las plantas de alumbrado público (Parra y Picón). Estudiantes y
Catedráticos dieron discursos en representación de sus respectivas Facultades. Una
medalla, diseñada por el mismo Febres Cordero, fue editada para rememorar el
hecho centenario, repartida a personalidades e instituciones a nivel local,
regional, nacional y hasta internacional. En fin, las palabras de apertura del
Rector Parra Picón, el discurso de Picón Febres y la conferencia de Parra Pérez
son tres documentos que no pueden ser desconocidos para la dilucidación del
hecho fundacional, pues los tres reconocieron entonces que la Universidad de Los
Andes fue establecida el 21 de septiembre de 1810. Hasta 1950 ese
reconocimiento se mantuvo, siempre la Universidad estuvo atenta a la celebración anual
de la fundación del Colegio Seminario de San Buenaventura por parte de las autoridades
eclesiásticas, como aconteció en 1935 en la conmemoración de su
Sesquicentenario.
El
segundo momento conmemorativo se corresponde con la celebración del
Sesquicentenario de la fundación de la
ULA en 1960. Nuevamente los actos dentro y fuera de la
institución estuvieron a la orden del día, no tan lucidos como en 1910 en lo
que respecta a la proyección en la ciudad. El Discurso de Orden correspondió al sacerdote jesuita Pedro Pablo
Barnola, quien reconoció la fecha de 1810. Entonces ejercía como Rector el Dr.
Pedro Rincón Gutiérrez, coincidiendo con su segundo año de gestión, después de
su elección en 1959. Por cierto, esta autoridad universitaria el 17 de septiembre
de 1958, a
nombre del Consejo Académico (Consejo Universitario actual), emitió un Decreto en
el que la Universidad
de Los Andes reconocía al 21 de septiembre de 1810 como la fecha de su
fundación y determinaba que ese día iniciaría sus actividades anuales. Esta
disposición de la institución tenía su explicación: Enfrentar las
conmemoraciones que se habían realizado durante la dictadura de Marcos Pérez
Jiménez, alrededor de cada 29 de marzo, lo que dio origen a las llamadas
Semanas Universitarias. Esto a su vez como consecuencia de una primera
intervención de la Iglesia
de Mérida, cuando el Arzobispo Acacio Chacón Guerra impuso en 1950 que la fecha
conmemorativa era la de 1785, más haciéndose énfasis en la Universidad que en el
Colegio Seminario, como correspondía. Para ese Sesquicentenario de 1960 ocurrió
otro hecho que no es ajeno a esa intervención eclesiástica: la instauración de la Estatua de Fray Juan Ramos
de Lora realizada por el escultor español Enrique Pérez Cantor. Obra encargada
con anterioridad por el Rector Joaquín Mármol Luzardo y no por Pedro Rincón Gutiérrez.
A éste solo correspondió su inauguración en el patio central del Edificio
construido por el gobierno de Pérez Jiménez entre 1954 y 1956, frente al Aula
Magna.
Un
dilema se presentó para esa ubicación. Muchos universitarios opinaron que debía
instalarse en el patio donde en la actualidad funcionan el Museo Antropológico
y el Vicerrectorado Académico, por ser el espacio más cercano al sitio en el
que Fray Ramos de Lora mandó a construir la Casa del Seminario en 1790, como lo propuso el
profesor que fungía de Coordinador de la Secretaría, Nicolás Tablante Garrido. Nuevamente
se impuso el criterio del Arzobispo Chacón Guerra, al convencer al Rector
Rincón de que debía ser colocada dicha estatua donde en la actualidad se
encuentra. Un acto simbólico que obviamente tiene incidencia en el
reforzamiento de la falsa fecha fundacional. Por cierto, como el escultor reiteradamente
solicitaba información acerca de los rasgos físicos de aquel Obispo franciscano,
y nunca le fue suministrada, decidió utilizar su cara, la de Pérez Comendador,
para culminarla y enviarla por vía marítima a Venezuela. Invitamos a los
lectores a consultar en Internet para que compruebe lo que señalamos. Esa
historia ha sido bien estudiada y publicada por el historiador Pedro María
Molina Márquez (“El monumento de Fray Juan Ramos de Lora”, Boletín del
Archivo Histórico de la
Universidad de Los Andes, I: 1 (Mérida, enero-diciembre
de 1999), pp. 55-58). No fue hasta el 2001 cuando esa estatua fuera
identificada con el personaje que representaba, por solicitud al Archivo
Histórico de quien entonces ejercía la coordinación de la Secretaría, el actual
Rector Mario Bonucci Rossini.
A
partir de 1981, a
pesar de las conmemoraciones y los respectivos discursos de 1910 y 1960, y del
referido decreto de 1958 del Consejo Académico del 17 de septiembre de 1958, se
fue sembrando en la mente colectiva de autoridades y universitarios en general,
incluyendo al Rector Rincón Gutiérrez, firmante de esa disposición, la falsa
historia fundacional de 1785. Pero la debilidad de esa última fecha, antes y
después criticada por autores y universitarios como Mariano Picón Salas, Pedro
Nicolás Tablante Garrido, Héctor García Chuecos, Humberto Cuenca, Guillermo
Morón, Ildefonso Leal, Carlos César Rodríguez, Leonel Vivas, Horacio López
Guédez y William Lobo Quintero, entre muchos otros historiadores e intelectuales,
condujo a la necesidad de reforzar la fecha vinculada a la creación de la Casa de Educación de 1785
para jóvenes inclinados exclusivamente a lo eclesiástico, no convertida en el Real
Colegio Seminario Conciliar de San Buenaventura hasta 1787-1790. En razón de
las Constituciones elaboradas para dicha Casa por Ramos de Lora no respondían a
la exigencias del Concilio de Trento al respecto, el Obispo Fray Manuel Cándido
Torrijos ordeno en 1794 la elaboración a unas cumplieran con los requerimientos
de la Iglesia. De
igual manera, al asumir la
Diócesis de Mérida Santiago Hernández Milanés, también
consideró que los estudios eclesiásticos no eran propiamente los que debían
hacerse en un Seminario, dictando nuevas instrucciones al respecto en 1802. Durante
esos años no se habló de una Universidad en Mérida, excepto en 1800, cuando el
Deán de la Catedral Francisco
Javier de Irastorza propuso la conversión del Seminario en Universidad, lo cual
negó el Rey Carlos IV mediante Real Cédula del 18 de junio de 1806. El
contenido de este documento, junto al extenso expediente que le dio origen (con
intervención del Claustro de Doctores de la Universidad de
Caracas, el Fiscal de la Real Audiencia,
del Gobernador de la
Provincia de Maracaibo y del Fiscal del Consejo de Indias), evidencia
la no existencia de una Universidad en Mérida antes de 1810. La Junta Superior
Gubernativa de Mérida, luego de instalarse el 16 de septiembre de ese año y
declarar la independencia de España y de Maracaibo, decretó la creación de la
institución universitaria merideña, como su primer acto político fue decretar,
antes de disponer la reorganización de la Provincia.
Después
de 1960, las dudas siguieron existiendo, y había necesidad de revivir aquella
intervención del Arzobispo Chacón. Esto ocurrirá con la llegada a Mérida en
1981 de Baltazar Enrique Porras Cardozo, en la condición de Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de
Mérida, entonces regentada por Mons. Miguel Antonio Salas. A Porras Cardozo se
encomendó también la tarea de coordinar la primera visita a Venezuela del Papa
Juan Pablo II para 1985, incluyendo a Mérida. Adelantándose a ese
acontecimiento “vendió la idea” al entonces Rector José Mendoza Angulo de la
necesaria coincidencia de esa visita con el Bicentenario, no de la creación de la Casa de Educación, mediante
unas Constituciones para su funcionamiento del 29 de marzo de 1785, sino con
los supuestos doscientos años de la Universidad de Los Andes. Y así ocurrió en 1985. Para
entonces el Rector nuevamente lo sería Pedro Rincón Gutiérrez, a quien
correspondería la celebración, con “bombos y platillos”. Las protestas de
algunos universitarios se hicieron presentes, con escritos en la prensa y hasta
una comunicación oficial de la
Escuela de Historia de la Universidad de Los
Andes. Un artículo en el diario Frontera
del doctor Carlos César Rodríguez titulado: “Paciencia esperemos al 2010 para
conmemorar el bicentenario de la
ULA” causó preocupación en la comunidad universitaria acerca
de la celebración programada desde 1983.
Ante
las críticas formuladas dentro y fuera de la Universidad, la
respuesta del Dr. Rincón Gutiérrez, en una entrevista, de manera jocosa, manifestó:
“el traje ya estaba hecho y yo solo tenía que vestirlo”. Todas las opiniones locales
fueron desatendidas. El Coordinador del Rectorado de entonces se excuso
públicamente diciendo: “Ya el Afiche conmemorativo está circulando y las
invitaciones fueron enviadas”. La situación fue expuesta ante la Academia Nacional
de la Historia,
a la que se le solicitó un dictamen al respecto, y esto es parte del informe
rendido por los académicos numerarios designados al efecto, Carlos Felice
Cardot e Ildefonso Leal: “…es plausible que la respetable e ilustre Universidad
de Los Andes…celebre dignamente el Bicentenario de la iniciación de los
Estudios Superiores en la ciudad de Mérida, lo
que no significa sea la fundación de la actual Universidad.” Sin embargo, a pesar de los llamados de atención
dentro y fuera de la ULA,
se siguió insistiendo en la falsa historia fundacional por intervención de la Iglesia de Mérida o mejor,
por incidencia de algunas de sus autoridades; y cada 29 de marzo la Universidad se embarca
en programas conmemorativos, siempre con una efectiva participación
eclesiástica, más que de los propios universitarios. Esto de por si es otra
evidencia de lo que venimos señalando. La historia impuesta desde afuera, por la Iglesia, no su
discernimiento dentro de la
Universidad para ser analizada y debatida, con puntos de
vista divergentes, como corresponde a una institución que enseña e investiga
distintas ciencias,para aproximaciones
o conclusiones definitivas.
Así
había transcurrido el tiempo hasta que en enero del 2010 advertimos al Consejo
Universitario, en nuestra condición de Coordinador de la Cátedra Libre de Historia de la Universidad de Los
Andes, designado por ese órgano de cogobierno universitario desde el 2003,
sobre la necesidad de que se rescatara la fecha del 21 de Septiembre de 1810,
para que en aquel año se conmemorara el verdadero Bicentenario de la fundación
de la Universidad
de Los Andes. El único acto al efecto tuvo lugar en el Aula Magna, con una
limitada invitación por parte de las autoridades universitarias, a diferencia
de lo solía y suele hacerse para la fecha del 29 de marzo. El Orador de Orden
fue el historiador de la Universidad Central
de Venezuela y Académico de la
Historia, Dr. Ildefonso Leal, quien expuso y explicó con
detalles la controversia fundacional para concluir categóricamente que la ULA fue fundada el 21 de
septiembre de 1810, y no antes. Este discurso de Ildefonso Leal: “Dos siglos de
Historia de la Universidad
de Los Andes” puede ser consultado en Actual
Investigación, 71 (Mérida, 2011), pp. 9-28, una edición especial dedicada a
“Estudios para la Historia
de la Universidad
de Los Andes”. De igual manera, para que se consideren otros puntos de vista
diferentes a los nuestros, invitamos a la lectura de los discursos y artículos
de José Mendoza Angulo: “Sobre los orígenes de la Universidad”; Edda O.
Samudio A.: “De la Casa
de Estudios a la Real Universidad
de San Buenaventura de Mérida de los Caballeros”; “Baltazar Enrique Porras
Cardozo: “21 de septiembre de 1810 ¿Punto de partida o llegada?” en Boletín del Archivo Histórico, 15 (Mérida,
enero-junio de 2010), pp. 15-31, 33-64 y 65-86, respectivamente). Invitación
que demuestra nuestro interés en que la comunidad merideña y la universitaria
en particular evalué otras interpretaciones sobre el asunto que cuestionamos,
incluyendo algunos de los estudios que publicado al respecto y que indicamos al
final de este artículo.
Cerramos
esta nueva disertación, sin límite en el tiempo, con estas consideraciones: La Universidad de Los
Andes en lo que respecta a su historia, no solamente la fundacional, sino
también la de sus 215 de existencia, siempre ha estado de espaldas a la misma,
sin querer comprender que es el devenir de más de dos siglos el que ha marcado
sus logros pero también su perenne crisis estructural, existencial. Crisisque se prolonga hasta nuestros días, con
muchas responsabilidades de autoridades y de universitarios que no conocen ni
entienden el significado de la historia como herramienta para la transformación
definitiva de la institución. A lo que se suma una persistente intervención
eclesiástica, solapada o evidente, atendida por desconocimiento, complacencia o
acomodamiento político de un momento determinado, particularmente a partir del
2002, cuando tuvo lugar el Golpe de Estado contra el Gobierno Constitucional de
la República Bolivariana
de Venezuela, en el que se evidenció no solamente la participación de
universitarios de la
Universidad de Los Andes, sino también de funcionarios de la Iglesia de Mérida
vinculados a toda esa historia comentada en este artículo. Definitivamente,
hace falta un debate serio, académico, como corresponde a una institución que
se precia de ser científica y humanística, pues de lo contrario seguiremos con
una ceguera histórica no solamente en cuanto a sus años de existencia, sino
también al conocimiento y comprensión de su trascendencia histórica,
conceptualmente hablando. Ello considerando la intrínseca relación de la Universidad con
Mérida, como ciudad y entidad federal, en lo que respecta a la educación, la
cultura, la economía, la política, el urbanismo y el relacionamiento social a
lo largo de su desarrollo desde su fundación el 21 de septiembre de 1810, al
iniciarse el proceso emancipador venezolano y merideño
Insistir
en la fecha del 29 de marzo de 1785 es seguir apegado a la etapa de la
dominación colonial, a la preponderancia de lo eclesiástico de entonces, prolongada
en el tiempo, pues en esta nueva falsa conmemoración el discurso de orden
estará a cargo del principal responsable de esa falsificación desde 1981, como
si la Universidad
de Los Andes no tuviera profesores o historiadores en condiciones de presentar
sus puntos de vista al respecto, contando con una Escuela de Historia que sería
la llamada a programar ese debate científico sobre el hecho fundacional de la
universidad andina. Debate que tome en cuenta la realidad histórica de
Seminarios y Universidades durante el régimen colonial monárquico de España en
Hispanoamérica, los documentos que exponen el origen y funcionamiento de ambas
instituciones educativas y la opinión de historiadores especialistas en el
tema. Todo ello en el contexto de lo acontecido en Mérida en materia educativa
entre los siglos XVI y XIX.
Considérese,
pues, este nuevo escrito como una propuesta para que ello ocurra de manera
pública. Debate convocado para que participen todos los que consideren tener
condiciones para opinar sobre tan importante asunto histórico, incluyendo a
civiles y eclesiásticos que deseen continuar insistiendo en la falsa historia que
hemos desde hace tiempo desmontando con fuentes documentales e
historiográficas, y sus respectivas interpretaciones. Lo aquí expuesto no son
elucubraciones apasionadas del momento. Son consideraciones surgidas de la
hermenéutica aplicada a los únicos veintitrés documentos existentes al
respecto, y las investigaciones expuestas en libros y artículos de nuestra
autoría, así como de un número importante de historiadores, profesores y
estudiantes de la ULA
y de otras instituciones universitarias del país. Para que ello pueda ser
comprobado, remitimos entonces a la lectura de estos dos libros, Alí Enrique
López Bohórquez: Un Siglo de Historia de la Universidad de Los
Andes (2011), La Fundación de la Universidad de Los
Andes. 21de Septiembre de 1810. Estudio crítico e incómodo, pero necesario
(2011) y el artículo “La fundación de la Universidad de Los Andes entre la tradición
oficializada y la verdad histórica” (Boletín
del Archivo Histórico, 15 (Mérida, enero-junio de 2010), pp. 159-198). Concluimos
con esta afirmación del profesor y doctor William Lobo Quintero: “La Universidad de Los Andes es hija de la Ciudad, no de la Iglesia”.
Mérida, 27 de marzo
de 2025.
(*) Coordinador de la Cátedra Libre de Historia de la Universidad de Los
Andes