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Julio Iglesias y la responsabilidad como ídolo: “La libertad es al hombre tan vital como la sangre” por Ángel Ciro Guerrero

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Por Ángel Ciro Guerrero


Está consciente de la realidad que lo circunda. El ser estrella, y balance de una época le cuesta mucho. Más que el éxito alcanzado. Porque entiende que la del astro es una responsabilidad que le configura al mismo tiempo sacrificios. Tantos que ni siquiera es el dueño de su privacidad personal. El ser eje de una organización, que ya es transnacional, igualmente significa dedicación y le ocupa los pocos días que pudiera robarle a su agenda que rebosa  de compromisos en Madrid, Moscú o Santiago, en Tokio, Jerusalén o Buenos Aires, para dedicarlos al descanso o a la reflexión. Y es balance porque a su alrededor –casi en colmena y aparte del reducido grupo de sus colaboradores inmediatos- se mueven con diligencia, empresas y empresarios del espectáculo que en él se dan cita en cualquier parte del  mundo.

 

Con resignación acepta su verdad. Sabe que está  inmerso en el show-business; no se siente molesto, pero a estas alturas cualquier observador pudiera apreciar cansancio. Porque el pertenecer, con categoría, experiencia y autenticidad a tan rigurosa disciplina fue su decisión. Y es también vida. Quizás por ello ha roto con moldes que otros de su misma estructura como artista han encontrado a lo largo de su actividad, más como freno que como puerta abierta.

 

-“Porque he actuado con honestidad”, afirma.

 

De la imagen y del ser

 

Cuando explica  -dentro del apretado marco de quienes desde siempre le acompañan- sus anhelos o ratifica esperanzas en el hombre, no es muy retraído en sus angustias, problemas interiores o frustraciones; tampoco huraño pro sí muy pensador. Al dar paso a la imagen del símbolo, la figura es clara, abierta, extrovertida y se convierte, sin  pose, -(ya se habló de su “responsabilidad”)- en dinamismo. El entorno es otro entonces. Como uno de los cientos de interruptores que se abren o se cierran, dependiendo de su función inmediata sobre el escenario, y proyectan bien audio, bien luz, bien inteligencia en diálogos o calidad en sus interpretaciones. Hay, se aprecia, un trasvase. El que capta el público. El que debe ofrecerse. El que se adquiere  en multiplicidad de horas frente a taquillas y frente al artista vestido de negro, azul oscuro o de  riguroso blanco, jugando con el micrófono y hurgando los sentimientos de quienes están ante él, al comienzo como a la espera de que la estrella les llene de esa “luz” que bien les irradia; después inundados, dando rienda suelta a emociones escondidas, a amores nuevos o viejos, muy viejos, legales o no, pero al fin amores.

 

Es él quien les dirige hasta esos sentimientos porque va hacia ellos en un caso o los rescata en otros. Aquí la simbiosis, aquella dualidad que no pasa desapercibida ni para el hombre ni para el artista. Menos para los admiradores. Los suyos. “Y son de él” sentencia uno de sus asistentes, “porque la luz que emana es propia, no puede confundirse con la de otros como él”. Lo contrario lo comprobó Sarita, la más enamorada del artista (¿acaso también del hombre?) en todo Maracaibo. Ella, a sus 62 años, (vistiendo un escotado y vaporoso modelo, trabajo fino de costurera famosa en la capital zuliana, muy de avanzada para su cuerpo), rompiendo barreras, dando y recibiendo codazos, sorteó emociones y alcanzó llegar a la suite presidencial del Hotel El Lago para estamparle un beso y recibir otro aunado a un “te quiero”. La señora regresó satisfecha a su casa y, de seguro, por el camino fabricaría sueños.

 

“¿Cómo negarme?”,  dice el ídolo. “No podría”, argumenta el hombre. El mismo que dice a una agencia internacional de noticias que “Soy así, porque pertenezco a todo el mundo”, ratificando con seriedad, sin embargo, que su “gran amor” es “la flaca” -Virginia Sipl- quien, de “Mis Bikini” hace algún tiempo, hoy es la mujer de la cual Julio Iglesias ha confesado no poder pasar “ni un minuto” sin ella. Y no es publicidad. Es cierto. Publicidad a lo mejor lo sea Priscilla Presley, viuda de Elvis o Carolina de Mónaco, la princesa, aunque Iglesias confiesa  que “por  una chavala se pierde”.

 

Él frente al mundo

 

Tiene entereza. Si bien hace años subió a su primer escenario lleno de interrogantes, en el presente su tránsito por miles, ha encontrado respuestas. Una de ellas encierra lo principal de su hábitat interior: “Estoy claro internamente”. Y cuando la ofrece, él sabe que no ha encontrado una todavía exacta, que le retrate finalmente, el otro mundo, el personal. En donde desarrolla su intimidad porque no se niega a que son muchos los conflictos si por ellos se entiende su deseo de paz, tranquilidad, reafirmación. En una palabra: felicidad.

 

Tiene inteligencia porque “he podido enfrentar caminos y encrucijadas”, pero otorga mayor importancia a la abnegación, al esfuerzo sostenido, al sacrificio constante que a su propia capacidad. Porque se supo un dia con ella, “me fui a recorrer el mundo” y por el mundo anda y tras él todo el mundo. Su voluntad, tan solo, puede doblegarla cara dulce y tierna, “porque en ella hay pureza, ternura y verdades”. Por eso, al llamado de los niños el artista es más padre que ídolo, más hombre que figura, más humano. Y cuando canta para ellos, aunque su voz, como ya se dijo, rescate o componga amores y entuertos sentimentales, “con mis canciones de amor para gente grande pretendo fabricar imágenes de futuro”. Lo último está referido a su tema “De niña a mujer” en la cual el padre le habla a la hija que enrumba personalidad, cuerpo y mente hacia  los naturales niveles de la pubertad.

 

De allí que no se niegue a abandonar su casa, “amplia y sola”, de Miami para trasladarse (pagando sus gastos y los de su equipo, 25 personas) a cualquier ciudad de cualquier estado de cualquier continente en donde llevar su música, su figura, su personalidad, si comercialmente se hablara, le significaría algo más de 50 mil dólares, pero cuando el objetivo del viaje es participar con su imagen junto a sus admiradores en causas justas, es uno solo el propósito que le mueve: la fraternidad, la comprensión, la solidaridad. De allí que con su presencia, Azupane, un organismo privado que cuida de los niños excepcionales zulianos haya podido, en una sola noche, recaudar  cuatrocientos mil bolívares. Un gesto del hombre y del artista al mismo tiempo. Una acción que entre otras muchas estrellas, incluso venezolanas,  posiblemente a su nivel, se negaron a protagonizar. Más por las medidas que sobre ellas hayan tomado sus representantes que por las estrellas mismas.

 

La diferencia estriba en que “Julio manda en Julio” y en otros son muchos los que mandan, regulan, dirigen y hacen quedar bien o quedar mal. Es un problema de imagen, una situación de estar bien parado frente al mundo, por más que se esté en tan crucial posición.

 

Cuando no se es “objeto de consumo”


Un solo grito, más bien grito de angustia, cancelado en letra comercial, ya llega a los seis millones de copias distribuidas en distintos pueblos y en distintas lenguas. Que apasiona o entristece a una indiecita quechua en Los Altos de La Paz,  sobre historia e inestabilidad de tiempo, política o raza tanto como a la colegiala escandinava atrapada en extraños liberalismos, que también hace suya la canción y su significado. Por eso “Hey” es una advertencia. Su autor lo sabe, quizás para él mismo  lo fue al meditarla y componer. Más tarde el disco, el de la empresa, que gira con mayores revoluciones por minuto, le buscan otro objetivo. Pero en el fondo del hombre está asegurada su particular intención

 

Es comercial, su disciplina, su profesión. De otra forma él no sería la estrella ni el balance. Mucho menos  esa suerte de “Papá Noel” para quienes le rodean. Ni generara una industria, con su voz, que por año asciende, en ganancias, a cifras superiores a los 40 millones de dólares; ni hiciera posible la movilización, física, de algo más de cuatro millones de personas que en cientos de ciudades, acuden a verlo y otros millones más, difíciles de incluirlos en estadísticas, que le siguen por  la radio y la televisión.

 

Pero en su caso, y es lo que interesa, lo comercial cede un tanto ante la calidad. Y no es que la calidad sea su condición fundamental. Por el contrario, él reconoce la existencia “de muchos, pero de muchos otros cantantes con mayores condiciones” que las suyas. “Lo que priva es la honestidad, la dedicación y paciencia”, según Alfredo  Fraile, su segundo, porque el primero es Julio Iglesias mismo.

 

Quiere decir con paciencia el estudio y con  honestidad la proyección de una imagen auténtica. El estudio, porque superó barreras y de español como lengua y gallego como dialecto, ahora habla y canta en italiano, alemán, inglés, ruso y portugués; porque de jugador de fútbol, es árbitro de espectadores que llenan  estadios. ¿Un mito? Calificarlo de tal corresponde a críticos comprometidos, de ídolo se encarga su propia visión de lo que representa en el escenario: “Aprendí a ser responsable para no convertirme en simple objeto de consumo”.

 

Un “otro yo” comprometido

 

Su figura ha sido en ocasiones portada en doce de las más importantes revistas internacionales. Pero la diferencia aquí también radica en que no sólo lo buscaron las que hablan del espectáculo, sino que analistas de primera línea interpretaron al hombre y al artista como fenómeno de una época, antes que una década, donde se han roto estructuras sociales de toda índole, no sólo musicales.

 

Con frecuencia es llamado por Jefes de Estado tanto como por dueños absolutos de monopolios industriales que van  desde petroleros hasta millonarios en decadencia financiera que temen por la pérdida, también, de ese codiciado y defendido sitial en la high-society, puesto que Julio Iglesias, hoy día,  está  en esos niveles, donde se conjuga su condición de estrella eje y balance.

 

Por ejemplo, el pasado martes cantó para los niños excepcionales de Maracaibo; ayer  viernes y hoy sábado lo hará para público grande en el Hilton y el martes próximo llenará el llamado “Barco de la Paz”, anclado frente a Jerusalén, que regenta un ´árabe enredado en negocios que originan millones de dólares, de los cuales una parte invierte en lograr, a su modo, la estabilidad de la región. En primera fila, su mayor admirador: Bejín, el premier israelita, amigo personal con quien el cantante charlará, una vez más, de ciencia, de cultura y de política.

 

Tres días después estará en El Cairo. Allí, tanto Sadat, el presidente egipcio, le distingue con una amistad de años. Desde cuando Iglesias se iniciaba y desde cuando el otro líder del Medio Oriente acuartelaba esperanzas  políticas. Lo que poca gente árabe sabe, salvo quienes testimoniaron las históricas citas, en sus recónditos, es que Carter y Sadat hablaron de cómo arreglar el mundo frente a Bejín, y también de Julio Iglesias, como bandera de paz. Invitado permanente de la Casa Blanca, la primera dama norteamericana actual, Rosalyn Reagan le buscó para actuar. Su esposo, Ronald, el presidente, fue el primer satisfecho. Podría muy bien haber recordado sus años, un tanto difíciles en el otro mundo, el de Hollywood.

 

Una vez, entre Ciudad de Panamá e Isla Centradora, a bordo de un helicóptero, Omar Torrijos le venía hablando de su revolución, de la recuperación total del Canal de Panamá. Había turbulencia. “Nos movemos, Omar, y muy duro” le dijo. “Sí, Julio, nos movemos; pero recuerda que el Caribe ha sido siempre un mar para incertidumbres…”

 

Ante Carlos Andrés Pérez, presidente, y en La Casona, Iglesias contaba su experiencias con Somoza, al mandatario quien le refirió la situación política y personal que le distanciaba del dictador nicaragüense. Iglesias le dijo: “Recuerde usted, presidente, que los dictadores obligan, pero es el pueblo quien finalmente encuentra su propio destino”.

 

Después, entre el periodista y Julio Iglesias, el análisis  de los grandes conflictos en agradable sobremesa, para digerir una “empanada gallega” que un paisano suyo le preparó. Uno de los conflictos que se trataron esa tarde, sin sol, en el hotel El Lago, fue el que protagoniza el pueblo Saharaui por su Independencia, total, del reinado de Marruecos., que el rey Hassán se niega a entregarle, una vez que el dictador Franco, de España, antes de morir le entregase, después que Francia se lo cediese. Una lucha libertaria que conduce el heroico Polisario.

 

“La libertad, la independencia es una condición del hombre”, me dijo. “Como la sangre, es vital. Si todos los hombres entendieran su condición, el mundo viviría en paz”.

 

Desde luego que hablamos más con el hombre que con el artista. Lo segundo es tema para especialistas

 

Este trabajo lo escribí hace 44 años, el jueves 3 de septiembre de 1981 y fue publicado el sábado 5  en las dos páginas centrales de El Diario de Caracas. Fui el único periodista venezolano, que no de Espectáculos, invitado por Julio Iglesias para darle cobertura a su concierto en Maracaibo. Mi gran amiga Isa Dobles, a su vez amiga de Julio Iglesias, fue quien me entregó la invitación y juntos viajamos a Maracaibo. El concierto, a casa llena, fue dado el martes 1 de septiembre en el Hotel El Lago, y el cantante lo dio sin cobro alguno. Lo recaudado fue pro-fondos para Azupane, la Fundación que cuida el tratamiento médico-asistencial de niños excepcionales en el Estado Zulia. Desde entonces somos amigos.





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