Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 06:04 pm
La
Iglesia nos dice que el mismísimo Jesús, antes de
comenzar su vida pública, fue tentado por el diablo en persona.
Al
ser este un tiempo en el cual el llamado es a la oración, mortificación y
renuncias voluntarias, veo necesario para muchos creyentes hacerse una idea más
clara sobre la tentación, ya que es un tema central en la espiritualidad
cristiana, y es ampliamente discutido en la Biblia y la Doctrina de la Iglesia.
Es
un tema con varios matices: en siguientes artículos iré hablando sobre la
tentación, la relación con nuestra naturaleza pecadora, el rol que ejerce el
diablo mismo como tentador respecto a nuestra naturaleza caída (viene a mi
mente en estos momentos el diálogo de “El abogado del diablo” entre su
protagonista y el diablo: “¿Estamos negociando?” Y este le responde
“¡Siempre!”).
Definición
de tentación:
Comencemos
por su etimología: La palabra “tentación” proviene del latín tentatio, -ōnis,
que significa “prueba”, “ensayo” o “ataque”. Este término latino se deriva del
verbo tentare, que significa “tocar”, “probar”, “intentar” o “poner a prueba,
instigación, estímulo que induce el deseo de algo, generalmente pecaminoso.
La
palabra “tentación” ha evolucionado desde su raíz latina, que denota la acción
de probar o intentar. Hoy adquiere un significado más profundo relacionado con
la atracción y el deseo, especialmente en el ámbito moral y religioso: “Lo que
debe alentar al alma puesta sinceramente en las manos de Dios, a estar siempre
apercibida para las tentaciones, es que la vida del hombre, según Job, es
tentación o, como dice la Vulgata, combate perpetuo” (J. B. de La Salle).
La
tentación se refiere a un intento de inducir a una persona a actuar de manera
contraria a sus principios morales o éticos, y en el contexto cristiano, se
refiere a las seducciones que alejan al individuo de Dios y lo llevan al
pecado. La tentación, según nos enseña la Iglesia, es una parte integral de la
vida cristiana y representa una prueba de la fe y el compromiso moral del
creyente. Desde un principio la Iglesia misma nos dice que Cristo en persona
enfrentó tentaciones y mostró así cómo resistirlas con fe y fortaleza. K.
Rahner y H. Vorgrimler definen la tentación como “la incitación al pecado”.
Implica: incitación a la pecaminosidad, a la privación de un amor total, una
dimensión radical de falta de amor.
En
sucesivas entregas iremos ampliando este tema, en especial la influencia del
diablo en su rol de tentador por excelencia. Dios con nosotros