Joaquín Mármol Luzardo por Carlos Guillermo Cárdenas D.
Por Carlos Guillermo Cárdenas D.
El 27 de enero de 2007 falleció el ilustre profesor universitario, rector de la Universidad de Los Andes, 1953-58, que además se destacó como cirujano durante largos años, una figura del mundo académico universitario desconocida por la nuevas generaciones, doctor Joaquín Mármol Luzardo.
Justo homenaje a su memoria este, que enaltece a la corporación académica y se le otorga justo reconocimiento a su memoria.
Nació el último día del año 11, en la víspera de año nuevo de 1912, en la ciudad de Valera, que para aquellos tiempos era una pequeña metrópoli acogedora y de características muy andinas.
Sus padres fueron el doctor José Otilio Mármol Cuervo, reconocido médico zuliano que cursó las especialidades de obstetricia y radiología, en esta última considerado un pionero de la especialidad en Venezuela. Instaló el primer equipo de Rayos X en la ciudad marabina. Una curiosa anécdota rezaba que las muchachas bonitas no se atrevían a pasar frente a su consultorio, porque “allí vivía el médico que las podía ver por dentro”. Su madre fue la distinguida matrona doña Leonor Luzardo, quien procreó 10 hermanos, siendo Joaquín el séptimo.
Para contar esta historia que les comenzaré a relatar, dispuse de varias fuentes de información, además de varias conversaciones que personalmente sostuve con el ex rector en la ocasión de conocerlo un Jueves Santo frente al Edificio Central del Rectorado, cuando el vigilante de guardia nos informó que un señor mayor acompañado de varias personas relataba cómo se había construido el edificio. Al salir al pórtico para mirar al personaje del relato, me recordó la figura que tenía por fotografías del rector. Al presentarme frente a la Barbería que durante muchos años hubo frente al rectorado, el señor respondió que él había sido con constructor del hermoso edificio.
Lo invité a entrar al edificio, lo que al principio se negó, alegando que caminaba por el casco de la ciudad con familiares mostrándoles las benevolencias de la ciudad. Finalmente accedió a entrar, mantuvimos amena y muy cultivadora conversación de cerca de tres horas, con pastelitos y café, relatando como se había construido la instalación más emblemática de la ciudad.
Excelente estudiante de secundaria, se destacó con asignaturas relacionadas con la biología, botánica y zoología. Aunque al culminar la secundaria obtuvo el título de bachiller en Filosofía.
El año de 1932, se traslada a la ciudad capital para seguir los estudios médicos en la Escuela Vargas de la Universidad Central de Venezuela. Problemas de salud que nunca se conocieron lo obligaron a regresar a los Andes para seguir los estudios de medicina en la Universidad de Los Andes.
Como estudiante de elevadas calificaciones en las materias básicas y preclínicas de medicina, obtuvo por concurso el cargo de preparador en distintas cátedras, entre ellas Anatomía Humana e Histología. Ingresó como interno en el recién inaugurado Hospital Los Andes, siendo tal vez de las primeras generaciones que siguió las practicas quirúrgicas y clínicas médicas como médico recién egresado.
Contrajo matrimonio con la señorita Valentina Picón, de ascendencia merideña y nieta en tercera generación del mártir merideño Gabriel Picón González, el niño héroe de los Horcones.
El año de 1938 retorna a la capital para culminar el sexto año de la carrera de medicina que no pudo continuarla en la Universidad de Los Andes, por no cursarse para aquellos años el último año de la carrera. Obtuvo el doctorado en medicina con la tesis “La sinusitis maxilar crónica. Contribución al estudio de su tratamiento por las inyecciones de glicerina yodoformada”.
Tan pronto egresa como médico de la universidad, viaja a centros de investigación en el área médica de los Estados Unidos y Europa, que le permiten consolidar sus conocimientos.
Regresa a Mérida ya como especialista en cirugía, para encargarse de las cátedras de las Ciencias Morfológicas, Patología Quirúrgica y Clínicas Quirúgicas. Imparte docencia en las Escuelas de Medicina y Odontología.
Así comienza una vida colmada de virtudes y aciertos en el campo de la medicina y la cirugía hospitalaria.
Puntual en su horario, impecable en su porte, respetuoso del paciente, esmerada disciplina en las cátedras quirúrgicas del Hospital Los Andes, el doctor Mármol Luzardo comienza a descollar como eminente cirujano de reconocimiento en la ciudad y en la región.
Contemporáneos del doctor Mármol destacan, la generación fundadora de las especialidades en el vetusto Hospital Los Andes. Augusto Gabaldón Parra especialista en patología pulmonar, Antonio José Uzcátegui fundador de la Maternidad Mérida, Humberto Nucete Rodríguez tovareño creador de la Cátedra de Otorrinolaringología, Eloy Dávila Celis creador de la Cátedra de Medicina Interna.
Brillante expositor, sus clases se convirtieron en un santuario de la enseñanza de la patología quirúrgica. Además, enseñó Anatomía Humana, Medicina Legal, Ginecología, Técnica Quirúrgica. Eran los tiempos ya idos que los médicos se aplicaban a varias áreas de la patología humana.
A la temprana edad de 32 años es electo Decano de la Facultad de Medicina, el año de 1944, cargo que ejerció hasta 1947.
El año de 1950 los estudiantes de medicina lo eligen padrino de la Promoción.
En el segundo Congreso Venezolano de Cirugía, 1953, el doctor Mármol Luzardo participa con la ponencia “Organización de los estudios médicos en Venezuela y en particular de la especialidad quirúrgica”. Sus conclusiones fueron consideradas como basamento para seguir la especialidad quirúrgica en los Hospitales del País.
Mientras participaba en el Congreso Venezolano de Cirugía, distintos sectores del claustro universitario presentaron su nombre como candidato a rector de la Universidad de Los Andes. Cargo que aceptó más tarde, para juramentarse con el Ministro de Educación doctor José Loreto Arismendi.
Permítanme ustedes distinguidos académicos y asistentes a este acto homenaje, la siguiente anécdota. Estando quien les habla de residente de guardia en la Clínica Mérida por aquel año de 1971, recién graduado de médico, llegó a la emergencia el doctor Eloy Febres Cordero, conocido jurista merideño y profesor universitario de grato recuerdo, acompañado de un señor mayor, quejándose de dolor de pecho opresivo, con fatiga e intensa sudoración. Procedí a realizar el electrocardiograma de rigor que demostró infarto agudo de miocardio en evolución. El cardiólogo doctor Germán González González lo atendió y el paciente regresó a la capital a las dos semanas. Ese paciente se llamaba José Loreto Arismendi. A los meses el doctor Eloy Febres se apareció con el libro El Corazón de Frieberg, obsequio del doctor Loreto como agradecimiento por la atención recibida de nuestra parte. El doctor Loreto además de ministro, fue magistrado de la Corte Suprema de Justicia.
El doctor Mármol ejercicio el rectorado con probidad, gestión que aún perdura en el sentimiento de muchos universitarios, caracterizada por importantes obras de estructura como el majestuoso Edificio del Rectorado de la Universidad de Los Andes.
Durante su gestión se inauguró el Laboratorio de Hidráulica, se concluyeron los edificios de las Facultades de Medicina e Ingeniería, el Departamento de Ciencias Morfológicas, el Servicio de Patología Digestiva que regentó el siempre recordado doctor José Humberto Ocaríz, nuevos servicios estudiantiles, la construcción de la Imprenta Universitaria, publicación de la Revista Bibliotheca con h intermedia, la fundación de las Escuelas de Bioanálisis y de Humanidades.
El Edificio del Rectorado de la Universidad de Los Andes es una hermosa obra arquitectónica, Patrimonio Histórico y Cultural de la Nación, proyecto del arquitecto Manuel Mujica Millán. La obra fue inaugurada el 15 de diciembre de 1956 por el presidente Marcos Pérez Jiménez, quien en su visita se alojó en la solariega casona de la finca La Cabaña en el sector del Valle, propiedad del doctor Mármol. En dicha hacienda el rector mantuvo los mejores caballos de pasos.
Recuerdo que el doctor Dávila Celis, ex rector de la Universidad de Los Andes y de la Universidad Central de Venezuela y miembro honorario de esta academia, comentaba que el doctor Mármol siempre tuvo, la mejor casa de Mérida, el mejor automóvil y el mejor caballo. Qué cosas!.
El Edificio del Rectorado con su estilo colonial hispánico, de amplios patios internos, siempre ha representado una tradicional casa de estudios superiores. De sobrias facciones coloniales, este edificio es una bella muestra de lo tradicional de una casa de estudios superiores. Es tan impresionante la majestuosa obra arquitectónica, que el más grande escritor merideño don Mariano Picón Salas, al admirar su patio central exclamó: “¡Esto es Salamanca!”.
En merecido reconocimiento al rector que construyó el Edificio Central de la Universidad, también llamado Edificio del Rectorado, el ex rector José Mendoza Angulo propuso al Consejo Universitario de la época como epónimo el nombre de Dr. Joaquín Mármol Luzardo, propuesta que fue aprobada para lo cual se designó una comisión que se encargara de los estudios y trámites pertinentes. Nunca se conoció la razón de la desatención de esa resolución del máximo organismo de dirección universitaria.
Además, el doctor Mármol fue uno de los impulsores y promotores más entusiastas de la construcción del Teleférico de Mérida, el más largo y alto del planeta. Igual comentario podría hacerse sobre las primeras gestiones para la construcción del Hospital Universitario de Los Andes. El doctor Mármol consideró como una prioridad, un Hospital de mayor capacidad y amplitud que el Hospital Los Andes, que ya resultaba insuficiente para albergar la creciente demanda de pacientes de toda la Región Los andes y los Estados Pie de Monte, así como los pacientes provenientes del Norte de Santander de la vecina República Neogranadina. Habían aumentado las especialidades de las clínicas médicas y quirúrgicas, se consideraba conveniente concentrar en un solo centro hospitalario las cinco especialidades madres, Medicina, Cirugía, Obstetricia e Ginecología, Pediatría y Puericultura y Medicina Preventiva. Para aquellos tiempos se iniciaban los procesos diagnósticos y terapéuticos de Medicina Nuclear, que más tarde se instalaron en el Hospital Universitario. Especialidades como Cardiología y Traumatología habían crecido como producto de la demanda, que hacia recomendable mayores espacios físicos y personal médico y para médico. Comenzaba el criterio de aceptar la Unidad de Cuidado Intensivo como una prioridad para la atención de los pacientes críticamente agudos. La Unidad de Cuidados Intensivos (Intensive Care Unit, ICU) proporciona atención a los pacientes que se enfrentan a enfermedades o lesiones que ponen en riesgo la vida. Como historia, las Unidades de Cuidados Intensivos, su concepto originario surgieron durante la campaña del General Napoléon Bonaparte en la conquista de Egipto. El barón Dominique Jean Larrey las ideó. Una figura cimera de la cirugía, a quien el general Napoleón en su testamento calificó como “el hombre más virtuoso que he conocido”, juicio valioso al provenir de un hombre conocedor de sus semejantes y severo en sus apreciaciones.
Regresemos al doctor Mármol Luzardo.
El periodo rectoral del doctor Mármol Luzardo enfrentó tumultuosas situaciones de inestabilidad política, reclamos estudiantiles, restricción del ejercicio del libre pensamiento, esto último inherente a la misma condición universitaria de la institución.
Siempre intervino por los estudiantes presos de la antigua Seguridad Nacional. En una ocasión exclamó “O me entregan al preso o me dejan a mi preso”.
Al caer el gobierno del General Pérez Jiménez, el rector Mármol fue injustamente expulsado de la institución. Muchos de los que habían sido sus colaboradores inmediatos se prestaron para presionar su separación del cargo rectoral. Acusaciones oprobiosas, descalificaciones injustas, una de ellas porque le reclamó a un estudiante de odontología que apoyaba la planta del zapato contra la pared recién pintada. Una actitud vengativa privó en muchos, hacia el rector que ayudó a edificar la institución.
Con el renacimiento de la democracia, aquel 23 de enero de 1958, las pasiones políticas se desbordaron, se aventó a un grupo de profesores que realmente no tenían filiación política. Profesores y empleados que le fueron fieles a la Universidad. “Nunca a ningún régimen se identificó” como el mismo doctor Mármol me lo manifestó aquella semana santa en el Salón Rojo del rectorado.
Después de la destitución, primero se refugió en la Casona del Valle. Luego migró a la capital de la república para afiliarse a una de las principales clínicas privadas. Allí se convirtió en el embajador de lo merideños que acudían a sus manos expertas y criterios clínicos acertados, en la búsqueda de salud y bienestar. Aún viven pacientes que recuerdan los consejos oportunos y la cirugía que les realizó para atender el diagnóstico quirúrgico que les aquejaba.
Sin embargo, veinte años más tarde, la misma autoridad que lo aventó de las aulas universitarias, le abrió la puerta para colocar su retrato en la galería de rectores del paraninfo de la Universidad.
Igual ocurrió en el hospital donde ejercía la condición de cirujano, pues como rector, continuó asistiendo al quirófano a primera hora de la mañana. Su experiencia de cirujano llegó a niveles que se calcula que participó como cirujano principal en más de cuatro mil cirugías. El común lo apodó “El mago del quirófano”.
La reincorporación del doctor Mármol, comentaba el exdecano de la Faculta de Medicina y miembro de esta Academia doctor Miguel Rondón Nucete, fue muy debatida en la Universidad de Los Andes y particularmente en Medicina. Al final se aceptó y el Consejo de la Facultad de Medicina aprobó que el acto de reincorporación se llevara a cabo en el salón de reuniones de la Unidad de Cirugía del Hospital Universitario de Los Andes. Acto que presidió el doctor Rondón Nucete como autoridad de la Escuela de Medicina.
Para el V Congreso Venezolano de Cirugía que se realizaría en Mérida el año de 1959, su nombre fue aprobado como presidente del evento. Con los cambios políticos, la sede se trasladó a la capital y su nombre se tachó como presidente. Era la pasión política que privaba en aquel entonces.
Vivió al Pie del Cerro del Ávila en acogedora casa que remembraba los paisajes del Valle y de La Sierra montañosa de los Andes. Ejerció la medicina privada en la capital durante más de cuatro décadas, haciendo equipo quirúrgico con los doctores Américo Briceño y Hernán Hoffman.
Se le recuerda entrando al Urológico de San Román por la puerta de emergencia, trajeado impecablemente, caminar lento y expresando el saludo a todo el personal. Era un caballero andante. Su carácter recio se conjugaba con la figura que generaba cariño, respeto y admiración. Esta impresión la tuve cuando lo conocí aquella semana santa.
Retornaba a Mérida en las temporadas vacacionales para el retiro en la casona del Valle. El trayecto de Caracas a Mérida lo hacía por automóvil, con un viaje planificado en las paradas que hacía y la comida que le servían y las estaciones de servicio donde equipaba el auto de gasolina.
Disfrutó los caballos como sus animales preferidos. En una ocasión le nació en El Valle un hermoso potro y un señorón de la ciudad le propuso comprarlo. El doctor Mármol le respondió “Yo no vendo a la familia”.
Recibió las condecoraciones Andrés Bello, Francisco de Miranda, 27 de Junio, y Ciudad de Mérida. Perteneció a diversas sociedades científicas, entre ellas la Sociedad de Jefes de Servicio del Hospital Universitario de los Andes, la Sociedad Venezolana de Cirugía y la Sociedad Internacional de Cirugía. Perteneció también a la Academia Venezolana de Medicina, donde ocupó el sillón número 1, como Miembro Nacional Correspondiente, elegido el 12 de febrero de 1953.
La Cruz Roja Venezolana, Seccional Mérida, el año 1994 otorgó como epónimo el nombre de Joaquín Mármol Luzardo al Centro Ambulatorio Tipo III que posee esa institución en la ciudad de Mérida.
La descendencia la constituyó la hija fallecida, cuatro nietos y ocho bisnietos. Casado en segundas nupcias, le sobre vivió su segunda esposa Fulvia Costermani de Mármol.
El doctor Mármol Luzardo ejerció con honestidad y rectitud su vida profesional como cirujano. Profesor, catedrático de clínicas quirúrgicas como médicas, ejerció la docencia en las áreas básicas de la Facultad de Medicina. En su trajinar por la vida dejó una impronta ejemplo para los jóvenes médicos y nuevas promociones de profesores de la institución universitaria.
Profunda huella en su tránsito por los ámbitos universitarios venezolanos quedará para la posteridad. Su desaparición física constituyó un gran vacío para la comunidad universitaria y médica del país. La magnitud de su obra y su comportamiento personal dejó un grato recuerdo que lo mantendrá en el justo sitial de honor de nuestra historia.
Muchas anécdotas se tejieron sobre el doctor Mármol Luzardo. Contaba que en una oportunidad el senador Germán Briceño Ferrigni lo invitó a su casa para platicar sobre el doctor Caldera y en particular sobre el incidente que habían tenido el cardenal Quintero y el doctor Caldera. Le comentaba el doctor Mármol al doctor Briceño Ferrigni que el doctor Caldera había venido a dictar una charla en la Universidad de Los Andes, y notó la ausencia de lo que para él era el más importante personaje de la región. El Cardenal Quintero le había contado al doctor Mármol lo siguiente “Tu sabes que hay un movimiento para proponerme como arzobispo de Caracas. Yo no quiero ir y esto es para mi una angustia muy grande. Ciertos partidos políticos han estado en contra de esa posibilidad. Caldera está en contra de esa posible decisión. Y un día estaba yo aquí sentado, continúa comentando el cardenal Quintero, se presentó el doctor Caldera con el gobernador Carlos Febres Pobeda. Cordialmente yo los saludé. Y estuvimos hablando un rato, y entonces el doctor Caldera me dijo, que además de saludar al cardenal, que cómo era posible que él no había asistido a la charla que dictó en la Universidad. A lo que el cardenal respondió, yo no voy nunca a actos que no me hayan invitado. A mi no me invitaron y por eso no fui. Quizás si me hubieran invitado hubiera ido. Porque usted ha sido uno de mis aliados en ese movimiento para que yo no vaya al arzobispado de Caracas. Yo no quiero ir y usted tampoco quiere que yo vaya. Entonces yo tengo que agradecerle eso, porque yo no quiero ir. Nunca se supo cuál fue la respuesta de Caldera a la afirmación del cardenal”. Al final el doctor Mármol agregó que el doctor Caldera se sintió molesto cuando el cardenal le respondió de esa manera.
Otra interesante anécdota contada por el doctor Mármol se refiere a que cuando ya estaba por cumplir los cinco años en el rectorado, le manifestó al presidente de la República general Pérez Jiménez su deseo para que fuera sustituido en el cargo de rector. En esa época los rectores eran designados por el presidente. El presidente le respondió su deseo de seleccionar un candidato que no le creara problemas ni dificultades desde el rectorado de la Universidad de Los Andes. El doctor Mármol le respondió que había un joven médico muy talentoso y estudioso, que tenía varios años presidente del Colegio de Médicos del Estado Mérida, se refería al doctor Pedro Rincón Gutiérrez. Unos días más tarde el doctor Rincón Gutiérrez se presentó en la Cabaña del Valle para darle el agradecimiento de haber propuesto su nombre como candidato rectoral. Los acontecimientos políticos en el país se precipitaron y el régimen militar cayó. De manera que el doctor Mármol contaba que por unos días, el doctor Rincón G