Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 05:06 pm
La primera
expedición de la televisión venezolana a esta maravilla de la naturaleza, la
caída de agua más alta del mundo, se cumplió el pasado viernes 22 de septiembre
de 1972, después de un recorrido desde Caracas de casi 2000 kilómetros, de los
cuales 160 fueron hechos a través de la selva y navegando por dos ríos, el
Carrao y el Churun Meru.
La expedición,
dirigida por Renny Ottolina, tuvo como objetivo la realización de un programa
que se distribuyó a nivel mundial sobre esa maravilla natural que se desprende,
en caída libre de casi un kilómetro, de la cima del Auyantepuy, el más alto de
todos los dioses de piedra, grande y hermoso de todo el planeta, que el Creador
le regaló a Venezuela, enclavado en lo que sigue siendo un mundo perdido,
presidiendo la belleza, espectacular en todo sentido, de la selva, la montaña y
la Gran Sabana en nuestro estado Bolívar..
Un equipo de
técnicos acompañó al Número Uno de la
televisión en nuestro país, en un viaje que, sin duda alguna se convierte en la
más brillante página de la historia local de tan importante medio de
comunicación social
El viaje al Salto
Ángel duró 7 días. No se escatimaron esfuerzos de ninguna clase. El costo total
de expedición, que filmó aproximadamente 3.000 mts de película, fue de
250.000,00 bolívares. Su preparación se llevó 90 días, aunque la idea de
realizar el programa se le ocurrió a Renny en 1970, pero fue en septiembre de
1973 que lo llevó a cabo.. El programa llamado “Churúm Merú”, de corte
turístico y musical, fue filmado a color con la participación de los cantantes
José Luis Rodríguez, Carlos Moreán y
Nora Suárez, la hija de Mario Suárez. Nora debuta profesionalmente en este
programa que tendrá una hora de duración y será transmitido por el canal 8, el
domingo 15 de octubre.
En este recorrido
que muestra a Guayana en general, tanto en su progreso como en su belleza y
misterio, la expedición contó con la valiosa ayuda, entre otros organismos
públicos, de la Corporación Venezolana de Guayana y privados, como la línea
aérea Avensa. Rudy Truffino, guía y guardia forestal de la zona en donde está
enclavado el Salto Ángel fue quien comandó la expedición en lo que se refiere a
organización y recorrido.
“Conociendo a
Venezuela para quererla más”
Renny Ottolina, a
los 42 años de edad y con 23 haciendo cine y tv es un hombre que ha aprendido a
hacer muy bien las cosas. Cada acto de su vida es programado con anterioridad,
de allí que los resultados que obtiene siempre son positivos. Es un venezolano
preocupado por su país y aunque en numerosas oportunidades algunos partidos
políticos le han propuesto llevarlo al Congreso
de la República, Renny ha logrado realizar, desde la televisión, muchas
campañas que han reportado beneficios colectivos.
“Conociendo mejor a Venezuela para quererla
más” es una serie de programas musicales-turísticos, que Ottolina viene realizando
desde hace 3 años. Son muestra de inmejorable realización técnica de la
Venezuela de Adentro que muy pocos compatriotas conocen.
El programa “Churún;
Merú” es, según Renny, la mejor producción por cuanto cumple importantes
objetivos: mostrar en toda su belleza y grandiosidad el Salto Ángel, interesar
a las autoridades, a mayor y mejor planificación de nuestro turismo, y,
finalmente, demostrar el grado de adelanto que tiene nuestra televisión.
“Churún Merú”,
reto cumplido
Lo fue para Renny y
su equipo. Reto, porque visitar el Salto Ángel no es tarea fácil. Mucho menos
transportar por selva y ríos un preciado cargamento que incluía cámaras
costosísimas, sensibles a cualquier condición de clima, películas y toda una
serie de implementos necesarios para la realización de este documental que si
hubiera sido realizado por un equipo extranjero, su costo ascendería a más de
medio millón de bolívares.
El recorrido fue de
casi 2.000 km, saliendo de Caracas por vía aérea a Ciudad Bolívar, Puerto
Ordaz, Cerro Bolívar, Canaima y finalmente el Salto Ángel. El último trayecto,
Canaima-Salto Ángel, se realizó a través de la selva y navegando por los ríos
Carrao y Churún, del enclave donde se ubica el Salto Ángel.
Todo este esfuerzo
humano valora aún más el programa realizado por Ottolina, especialmente si se
toma en cuenta que el Salto, desde que fuera descubierto por Jimmy Ángel en
1935, sólo ha sido visitado en su cabeza y en su pie, por 500 personas, la
mayoría científicos y exploradores, entre ellos nuestro apreciado Charles
Brewer Carías, ex ministro de la Juventud, mundialmente reconocido como el
mejor conocedor de la selva y de la Gran Sabana y el Hombre de los Tepuyes.
Nunca por técnicos de televisión. Desde luego que han sido cientos las personas
que lo han sobrevolado.
Una vez al aire el
programa “Chorúm Merú”, a Renny Ottolina le restaría filmar el territorio
Federal Amazonas para cumplir el reto venezolanista que se impuso hace 3 años:
dar a conocer el país para que todos lo queramos más.
El esfuerzo técnico
Renny Ottolina tiene
como mano derecha a Gonzalo Fernández de Córdoba, un hombre criado entre el
cine y la televisión que, además, representa en Venezuela a la TV española.
Gonzalo es el gerente de “Producciones Ottolina”.
En la parte técnica
cuenta con la cooperación de Vicente Schruren, un internacionalmente reconocido
profesional de la cámara y el periodismo audiovisual, Scheuren, yugoslavo de
origen, llegó a Venezuela -donde se nacionalizó- en 1947. Fue el primer
corresponsal de la NBC en el país. Es el director de fotografía del “Churúm
Merú”. Luis Reingruber, es el director del programa. Pino Iodice, director
fílmico. Jimmy Naser, segunda cámara; Martín Ayesta, ayudante general de
Filmación, Carlos Larrazábal, sonidista principal, Teddy Pino, encargado del
sonido. Orlando Daza, coordinador general; Carlos Rivadaud, fotógrafo y Rina,
la hija de Ottolina, debutó como Scrip-Girl.
El esfuerzo
realizado por Renny y sus técnicos, considerados lo mejor en su tipo existente
en el país, significó la filmación in situ, la grabación y la descripción
sincrónica de paisajes y canciones especialmente escritas. Para eso fue
necesario llevar un equipo con previsiones especiales para evitar la destrucción del material
fílmico por efectos naturales de la zona. Una expedición de esta clase, pero
realizada por un grupo norteamericano por ejemplo, llevaría solamente entre
personal técnico unas 120 personas y una tonelada de equipo. Renny llevó
solamente 50 kilos de equipaje y 32 acompañantes.
Además del programa
“Churún Merú”, Renny Ottolina encargó a Pino Iodice (18 años haciendo cine), la
filmación de otro programa en el que mostrará todas las peripecias e
incidencias cumplidas por la expedición al Salto Ángel. Con una hora de
duración será llevado al aire el domingo 22 de octubre, después de la
presentación del programa estrella.
Truffino, su esposa
Gertie, 10 indios kamarakotos; Hugo Carnevali y Alexis Rojas, los dos últimos
de la CVG y personal del Grupo de
Rescate Venezuela, así como a la señorita Simona Botti, (jovencita hija de una
familia aristocrática italiana, amiga de las hijas de Renny) viajaron
Igualmente.
Los que fuimos al Salto
Ángel y que el enviado especial de las revistas Bohemia, Momento y del diario
2001 fue seleccionado por Renny para darle cobertura al evento con carácter de
exclusividad-, saben muy bien que el trabajo no finalizó en el momento en que
terminó de filmar al pie de la caída de agua más alta del mundo. En realidad,
la preocupación habría de comenzar cuando los materiales fueron entregados al
laboratorio, porque será allí donde se sabrá si lo filmado estuvo bien. Todos
apostamos por el éxito y con absoluta seguridad así resultará.
Aquí viven los dioses
El Salto Ángel y los
Tepuyes se encuentran en una región donde la selva, el río y la sabana se
integran como pilares de un templo gigantesco.
“¡Hueco!” y el grito que lanza el guía
atraviesa la selva y llega hasta los expedicionarios que la cruzan centrando
entonces la atención sobre la endeble capa vegetal por donde caminan y que
cubre la montaña. Hay que estar vigilante. Un descuido puede ocasionar la
muerte, una caída grave o ir a enterrarse en cualquier nido de serpientes.
“¡Hueco!” y el grito retumba entre los árboles gigantes que entrecruzan sus
copas ocultando el sol. Las gruesas lianas
imposibilitan el avance. La pendiente es de casi 600 mts a medida que se
sube y en los pocos claros que deja la selva se puede observar el panorama
gigante, también en extensión, pleno de misterio y belleza. No se sabe dónde
empiezan o terminan alguna de estas tres verdades. Abajo, al frente, el río
Carrao que cual una culebra inmensa va doblándose en el centro del Valle. A los
lados, los tepuyes que van a morir en la frontera con Brasil.
Por todas partes
orquídeas y helechos. Las hay de los más variados colores y especies. Es la
región del mundo donde abundan preferentemente. Por su hermosura, y con razón,
ha sido declarada flor nacional de Venezuela.
Llueve
constantemente. Pero sucede algo raro. Es un fenómeno que muy pocos saben
explicar: los ríos no crecen o abultan su cauce, pero hay días que amanecen más
allá de lo que ayer era su rivera. Sus aguas amarillas ocultan un fondo
totalmente rojo por el ácido tánico que desprenden los árboles. Y la selva,
siempre selva, el marco general que rodea la inmensa mole de piedra que se
eleva al cielo, de la cual se desprende el río que forma la caída de agua más
alta del mundo.
Un paraíso perdido
El paisaje es un
inmenso anfiteatro. Como si Dios mismo hubiera construido un templo para su
propia magnificencia. Ubicado en el sur profundo de Venezuela, el lugar donde
se encuentra el Salto Ángel completa la formación Roraima que, a su vez, se
inicia en la Gran Sabana y finaliza en la frontera venezolano-brasileña, en una
extensión superior a los 2.500 kilómetros cuadrados.
El Auyantepuy o
Montaña Grande, es la principal estructura con aproximadamente 300 km2. Es un
macizo o meseta con altura promedio de 2.000 m sobre el nivel del mar. Es una
de las cinco montañas del mundo que nunca estuvieron cubiertas por el agua,
dicen los geólogos. Otra de ellas fue el Monte Ararat, en Turquía, donde -según la Biblia- llegó el Arca de Noé
después del diluvio universal.
Toda esta cadena
montañosa tiene una edad geológica calculada en 20 millones de años. Es una de
las más antiguas del continente
americano, al igual que el cañón del Colorado. En la meseta del
Auyantepuy corren numerosos riachuelos que van a ensanchar el cauce del Churún
que, desprendiéndose, después de correr por un pasadizo subterráneo de 50
metros, cae al vacío en una altura de 1.500 mts de los cuales 800 son de caída
libre.
Las formaciones de
todas estas inmensas moles son de arenisca en un 75% y de diversos tipos de
silicatos de varios colores. De allí que, por ejemplo, la llamada “Pared de
Oro”, cuando el sol le da de frente brilla y su brillo puede ser visto a
kilómetros de distancia. Las cimas de los Tepuyes semejan figuras extrañas, una
de ellas parece la cabeza de un caimán y otra el perfil casi perfecto de George
Washington.
La vegetación es
extraña igualmente y en su mayoría de líquenes. Aparte de las orquídeas. El
musgo llega a tener largas capas y las piedras son curiosamente inmensas lajas
con peligrosos filos que han ido amoldando las aguas. En las orillas de los
ríos abundan también las piedras de variado color. Las hay incluso con manchas
azules y extrañas rayas como círculos. La temperatura constante es de 15
grados. A veces desciende a 12 grados.
Pero la selva, así
como esconde bellezas inigualables y exuberantes también oculta peligros.
Abundan la macaurel y la cuaima-tigre con pigmentación negra, las únicas en
Sudamérica; arañas-mona tan grandes como una mano extendida; hormigas gigantes
del tamaño de una cucaracha pequeña, que son llamadas 24, porque al picar
producen al hombre o al animal fiebre durante 24 horas; y plantas peores que la
comúnmente llamada pica-pica.
“¡Hueco!” y el grito entonces nos despierta
porque la selva, cuando el viajero la cruza, pareciera hechizarlo. Se siente en
todo su extensión el prodigio que es la naturaleza. Y al mismo tiempo aprecia
lo pequeño que es el hombre frente a esta Inmensidad que no termina. Más allá
de los monstruos de piedra se abre la Gran Sabana, larga y supremamente hermosa.
El Churún Merú o Salto Ángel en verdad es el
Kerepakupai
Descubierto en 1935
por el aviador y aventurero norteamericano Jimmy Ángel, el Salto es –ya se
dijo- la caída de agua más alta del mundo. Domina todo el paisaje y, desde que
comienza el valle se le puede observar escondido casi entre dos inmensas lajas
abiertas en el tiempo por el efecto del agua que pareciera no terminar de caer
sino vaporizarse. A veces lo cubren las nubes hasta la mitad. No es una sola
caída, sino tres, pero se unen en el vacío.
(Años después, cuando la maravilla del
Internet hoy en día nos muestra precisiones más recientes de las cinco
maravillas de la naturaleza existentes en el mundo, los verdaderos expertos
indican, vía Multimedia, los siguientes datos con respecto al Salto Ángel, que
tampoco se llama así, menos Churún Merú:
“El nombre correcto, en dialecto Pemón, es Kerepakupai verá que significa
«salto del lugar más profundo, también llamado el mundo perdido..
“Es la cascada de agua ininterrumpida más alta
del planeta, con una altura de 979 mts (807 mts de caída ininterrumpida), la
cifra de altura, 979 mts (3212 pies), consiste principalmente en la caída
principal, pero también incluye unos 400 metros (1300 pies) de cascada inclinada
y rápidos debajo de la caída y una caída de 30 metros de altura (100 pies)
aguas abajo del rápidos del astrágalo. Originada en el Auyantepuy, el Salto
Ángel cuenta con 4 caídas de agua, 2 permanentes y 2 no permanentes. Está
ubicado en un espacio natural protegido, que se extiende sobre un área de más
de 30.000 km² (similar a la extensión territorial de Bélgica), hasta la
frontera con Brasil y el Territorio Esequibo y fue .declarado Parque Nacional
el 12 de junio de 1962 y Patrimonio de la Humanidad-
“El Salto Ángel
también es conocido erróneamente como Churún-Merú (cuando lo correcto en lengua
pemona sería Kerepakupai vená, nombre del río Kerepakupai que da origen al
salto y el cual es tributario del río Churún). Churún Merú es el nombre que
corresponde en realidad al salto del río Churúm en el mismo Tepuy, de unos 400
metros de altura y a una distancia
aproximada de 11 kilómetros del Salto
Ángel”..
Entre las más impresionantes maravillas del planeta
tierra
Solo es posible
observar su inmensidad desde el pie de la montaña de piedra que le sirve de
cauce vertical, para que el agua con gran estrépito se precipite 979 metros
hacia abajo.
Para llegar hasta el
templo donde el gigante domina es necesario un recorrido de casi 2.000 km desde
Caracas a Canaima. De allí al pie del Salto Ángel hay 160 km que se recorren
entre selva y ríos. Se navega primeramente por el Carrao, después por el
Churún. La navegación se hace en curiaras que manejan los expertos indios kakarotos,
de La Raza Waika. En el recorrido se atraviesan 20 raudales. Algunos de enorme
fuerza que pareciera arrastrar a curiaras e indígenas. Por trechos, en tierra,
para sortear la rápida y fuerte corriente de agua, mientras estos hombres
pequeños, de piel morena, se hablan a gritos en su lengua llevando la curiara
sobre sus hombros, los viajeros cruzamos la selva a pie. Recorrerla no es nada
fácil. Las condiciones de topografía y clima dificultan la travesía. Por eso se
hace en 5 días, desde Canaima o Ucaima, este último un campamento-hotel que
tiene Rudy Truffino, el guía oficial de esas selvas que son Parque Nacional.
Se hacen escalas en
Mayupa, que una vez fue pueblo de indios, en la “Isla de las orquídeas” ubicado
en el centro del Carrao; luego en la “Laguna de los árboles muertos”, (que el
periodista así bautizó el, sitio donde el río se abre en curva y sepulta a
numerosos troncos viejos que parecen cadáveres), dando la impresión de emerger
de las aguas cuando la curiara los va sorteando y, finalmente, el campamento
básico, en la confluencia del Churún con el Carrao a 20 kilómetros del Salto.
Desde el
descubrimiento de esta maravilla de la naturaleza, el 23 de enero de 1935, lo
han visitado en la cima y en el pie aproximadamente 500 personas, pero han sido
miles los que lo han sobrevolado desde hace 16 años, cuando Avensa, una línea
aérea venezolana, estableció la ruta Maiquetía-Canaima. De su existencia, antes
de ser descubierto por el aviador aventurero, se conocía poco. Sobre el Salto
Ángel se han ido tejiendo muchas leyendas. Se dice, por ejemplo, que los indios
de la zona nunca se le acercaban por su grandeza y el estrépito del agua al
caer que les producía miedo. De allí que misioneros y aventureros nunca
tuvieron noticias, porque de la existencia y lugar los indios preferían callar.
En cuanto al
descubrimiento por parte de Jimmy Ángel, también hay leyendas e historias muy
raras. El audaz piloto era un norteamericano acostumbrado a correr toda clase
de riesgos. No tenía miedo a volar sobre cualquier cielo. En su monomotor
estuvo transportando armas, licores y mujeres entre Panamá y Venezuela, cuando
la fiebre del petróleo se aposentó en Maracaibo y Cabimas. Supo que en las
grandes mesetas ubicadas al sur del país había diamantes y se vino a buscarlos.
Aterrizó volando a ojímetro en el Auyantepuy, pero su avión quedó atrapado en
el fango imposibilitando el despegue. Durante 13 días caminó hasta encontrar
indios que lo condujeron a Canaima.
Del Santo Ángel, que
recibió ese nombre, informaría primero en su país. Años más tarde el Estado
venezolano decidió rescatar la pequeña aeronave, que se exhibe desde entonces
en el Museo Aeronáutico de Maracay, Estado Aragua. El resto de la historia es conocido.
Al pie del gigante
Hasta este lugar
viajó el enviado especial de Bohemia y Meridiano, acompañando a Renny Ottolina
y su equipo en la primera expedición de la televisión venezolana al Churún
Merú.
El agua cae en una
especie de cañón cuyo escenario es parecido al que muestran las películas sobre
la Edad de Piedra. Desde que sale el caudal en su caída es pequeño y luego se
abre para deslizarse más abajo en otra cascada que, escalonada, remata en un
pozo. Allí se baña quien logre llegar a ese sitio después de una agotadora
caminata de 4 horas desde el campamento básico. Podrá contemplar, si las nubes
lo permiten o hace buen tiempo, el Salto en toda su grandeza. Acostado de
frente al Salto, se siente la impresión de que agua y montaña se le vienen
encima. El viento trae y riega el agua por todas partes como una llovizna. El
ruido es ensordecedor.
Casi al frente y
como un reto perenne está otro salto, a casi 50 km de distancia. Para muchos es
el segundo más alto del mundo, pero todavía no ha sido posible averiguarlo
porque no se puede llegar por tierra. El terreno es demasiado peligroso y por
aire los vientos son tan fuertes que ningún piloto se atreve a desafiarlos.
Pueblo fantasma
“Tambay certupuyre, Auyantepuy, Churun Merú,
Guanyepupua, Guaratu Uicapua”, dicen los indios cuando saludan al extraño.
Significa “Bienvenidos hombres de la ciudad al Auyantepuy donde está el Salto
Churún Merú”. Porque no faltan los blancos que visitan la zona atraídos por las
bellezas naturales unos, y otros por las riquezas que aquí se esconden. Pocos,
ya lo hemos dicho, suben donde termina la caída de agua. Pero sí abundan
quienes se pierden en la selva buscando oro y diamantes.
Llama la atención al
periodista el hecho de que en esta zona hay muchos extranjeros, no como
turistas. Uno de ellos es Rudy Truffino que tiene años en la selva. Otro
empleado de la línea aérea es alemán. Hay españoles, eslavos, letones,
yugoslavos, lituanos y norteamericanos. Rudy es holandés. Un caso típico es el
de Alejandro Laime que según dicen, vive
selva adentro. ¿De qué vive? ¿Qué Busca? Nadie sabe. Pero otros son los
casos que preocupan. Alguien me dijo en Canaima “que son muchos los técnicos
disfrazados de aventureros que, en vez de buscar oro y diamante, están buscando
otro tipo de minerales más preciados, como el uranio”. Para la persona que me
dio la información, “esos técnicos están actuando a escondidas del Estado y
podrían ser también enviados de compañías o gobiernos”. Después de lo del
“Cerro Impacto” esta zona también está llena de esa gente.
Aparte de estos
aventureros, privan los que de verdad sí buscan diamantes y oro o la libertad.
Muchos podrían tener un historial tipo “Papillón” y están en esta selva
escondidos de toda acción penal. Se dice, por ejemplo, aunque las versiones son
contradictorias, que en San Salvador de Paúl estuvo Martín Borman.
A esta aseveración
se suma la dada recientemente en Puerto Cabello por un judío alemán que asegura
que Borman vivió en Venezuela. El ex jerarca nazi habría estado en la población
de Paúl como comprador de diamantes, cuando allí explotó hace años una de las
“bullas” más grandes que registra la historia diamantífera venezolana
Entre los ríos
Carrao y Churún arriba, solo hay dos pueblos: Kamarata, con 300 personas y
Arenal. Este último fue hace unos 15 años un poblado minero. Allí reventó una
“bulla” que atrajo gente de todas partes. Cuando la tierra ya no dio más, la
abandonaron. Una familia de andinos (él, ella y cuatro niños) vive en un rancho
perdido en la selva. Cuando los visitamos se disponían a comer carne de Danta
semi podrida. Pancha, su marido y los hijos mostraban un total desamparo. El
hombre vino de otras montañas, las verdes y a veces nevadas, a buscar fortuna y
no halló nada entre la sabana, la selva y las moles de piedra. Ni siquiera
fuerzas para el regreso. A su compañera la encontró en Arenal en los tiempos en
que una cerveza costaba 10 bolívares y cuando las mujeres cobraban 200
bolívares por acostarse en la orilla del río con los enfebrecidos hombres de
Las Minas.
La ley del más fuerte
Sobre esta inmensa
porción de nuestra geografía se legisló en el sentido de proteger las riquezas
que encierra, tanto minerales, como fauna. Pero de allí no pasaron las
autoridades. Es imposible vigilar toda esta vasta extensión incluso desde el
aire. Es significativo, sin embargo, que ni siquiera un puesto de las FAC
exista en Canaima. .Rudy Truffino es guía y guardia forestal. Él vigila, pero
eso es todo. La ley es la del más fuerte, que es la verdadera ley de la selva..
Aquí cada quien lucha por sobrevivir. En la Gran Sabana sucede igual. Allá
manda el misionero y en la región de los gigantescos Tepuyes, el aventurero.
Entre uno y otro el
indio sobrevive, todavía explotado y maltratado.
Este reportaje fue
publicado en las revistas Bohemia,
Momento y el diario 2001, en septiembre de 1972, hace ya 53 años.