Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 06:02 pm
Con alabanza y
gratitud los canagüenses celebramos el sesquicentenario de la parroquia Eclesiástica
Nuestra Señora del Carmen de Canaguá, un largo y fecundo camino misionero,
cultivado por 45 párrocos, desde el primero, Padre Ezequiel Moreno (1876-1879)
hasta su actual párroco Pbro. Cornelio Marín, sembradores de semillas de
Evangelio vivo, junto a una pléyade de laicos comprometidos con hacer presente
el Reino de Dios en nuestras vidas.
Fue para el año
1872 cuando Libertad o Canaguá se creó como Parroquia Civil, tomando la
iniciativa sus autoridades, encabezados por su primer jefe civil Don José
Antonio Belandria, de pedir al Obispado merideño se erigiera como parroquia
eclesiástica, bajo la devoción más honda en la fe de este pueblo, la Virgen del
monte Carmelo. Todo un adelanto en el tiempo de un laicado que toma conciencia
que lo más importante es convivir como parroquia -comunidad de hermanos,
acompañados por su sacerdote-párroco y caminar juntos en la fe que nos mueve a
las grandes obras.
Vale
la pena recordar la invitación del camino sinodal en Venezuela de formar
“parroquias, comunidad de comunidades”, parroquias llamadas a la conversión
pastoral, a responder con creatividad, bajo la guía del Espíritu Santo, a los
desafíos del tiempo actual, a ser comunidades fraternas, donde todos se sientan
amados y acogidos y salgan a las periferias humanas y existenciales y a anunciar
a Jesucristo Resucitado, celebrando la fe y viviendo la caridad”.
El segundo
acontecimiento fue que, para el año de 1875, la Diócesis de Mérida se
encontraba en orfandad por la muerte de su Obispo Bosset. Por tanto, el decreto
de erección canónica no tuvo que esperar la llegada del sucesor Román Lovera,
(1881-1892) sino que, movido por el celo pastoral, por el cuidado de tan
apartados pueblos surmerideños, el Vicario capitular, Ilustre sacerdote
Monseñor Tomás Zerpa, firma dicho decreto y cuida de cerca los primeros pasos
de la naciente parroquia, como consta en documentos de nuestro archivo
arquidiocesano. Clara muestra de una Iglesia cercana y solicita con sus
comunidades, una Iglesia diríamos ahora en sinodalidad, como lo resaltó el Papa
León XIV al inicio de su pontificado frente a la plaza de San Pedro: “debemos comenzar
juntos una iglesia misionera. Una Iglesia que construya puentes de apertura y
de diálogo siempre abierta a recibir, como esta plaza, con los brazos abiertos a todos. Todos aquellos que necesitan caridad.
Nuestra presencia, el diálogo y el amor”.
Damos gracias al
Espíritu impulsor del Anuncio de la Buena Noticia, por los sacerdotes
doctrineros agustinos que desde las tierras de Aricagua, con la misión de
Nuestra Señora de la Paz se asentaron en el corazón del sureño en 1597, y
esparcieron la semilla del Evangelio por estas comunidades abiertas a la acción
de Dios. Junto a los párrocos de san José de Mucuchachí que antes del 24 de
julio de 1875, fecha de institución de esta parroquia eclesiástica, cuidaron la
fe de Canaguá y sus aldeas.
Nuestro
municipio lleva el nombre del Segundo en ocupar la sede metropolitana merideña,
el Arzobispo Chacón, símbolo de la gratitud de estas tierras por sus pastores
desde el primero Monseñor Silva, con su primera visita a esta Parroquia el 11
de febrero de 1897, el apoyo incondicional del “Arzobispo Constructor” Acacio
Chacón para “los curas de pico” con la apertura de los caminos del progreso, la
paternidad de Monseñor Rafael Pulido, la obra catequética de monseñor Pérez
Cisneros, la pesca vocacional del santo Monseñor Salas, el rescate de la
tradición del Cardenal Porras y la cercanía misionera de nuestro actual
Arzobispo Helizandro Terán, a ellos nuestra oración, obediencia y comunión. Las
grandes obras del sur merideño siempre han estado acompañadas por la
preocupación pastoral y la caridad plena de nuestros Obispos.
Agradecemos al
dueño de la mies que ha enviado obreros a sus campos, hijos de esta parroquia,
como el santo cura caminero Adonaí Noguera, el incansable y fecundo padre Onías
Mora, los ejemplos de santidad de Sor Belén Mora dominica de Santa Rosa de Lima
y de la hna. Dominga Mora, carmelita de la Madre Candelaria, todos ellos de
grata memoria, les pedimos nos acompañen y ayuden al gran número de los
consagrados, sacerdotes y religiosas nacidos en estas amadas montañas de
Canaguá, para seguir construyendo juntos la Iglesia signo de unidad y esperanza
para todos.
Agradecemos al Párroco
Cornelio Marín y las directivas de los grupos de apostolado y cofradías, por
tan esmerada y excelente preparación de las festividades, como fue la
presentación de las representaciones de las artes y oficios de la tradición
canagüense, entre ellas, la molienda de caña, el amasijo del pan, la faena del
café, los tejidos de cestas, sombreros y esteras, así como la mejor gastronomía
y dulcería criolla, junto al teatro, la poesía y el canto que evoca el pasado
surmerideño.
Nuestro
agradecimiento a nuestros laicos, todos los movimientos y grupos de apostolado,
testigos valientes de Evangelio y maestros de una fe que se encarna en la vida.
Recordemos la invitación de nuestro Papa León: “ser testigos activos de la luz
de Cristo, en un mundo cada vez más secularizado”. Y el sur de Mérida es tierra
de verdaderos testigos de Cristo Resucitado.
Que nuestra
Madre del Monte Carmelo interceda ante el Señor para que sigamos construyendo
parroquias, verdaderas comunidades de hermanos, modelo de humanidad en un mundo
cada vez más virtual y vacío de verdaderos valores que sean base de una
verdadera sociedad más justa y más fraterna.
Mérida,
27 de Julio de 2025