Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 06:03 pm
Donde la
mente carece de temores y la frente está bien alta;
Donde el
conocimiento es libre; donde estrechos muros nacionales
han
dividido el mundo en fragmentos;… donde la cristalina
corriente
de la razón no se ha extraviado en las monótonas arenas
del
desierto del hábito entumecido;… en ese paraíso de libertad,
Padre mío,
dejad que mi país despierte!
Rabindranath
Tagore
Años sin
verter la pluma. Vale la pena hoy en que sus autoridades gubernamentales han
decretado la celebración del 467º Aniversario de la ciudad, hacer alguna
reflexión.
Aunque no
comparto esta fecha onomástica, pues se corresponde con la fundación de San
Juan de Lagunillas, un domingo Día de Todos los Santos (San Dionisio
Aeropagita) y luego una nueva fundación (o traslado) a La Punta (La Parroquia)
el 1º de noviembre de 1558 y finalmente en el sitio donde está ahora, Día de
San Juan Evangelista un 6 de mayo de 1559 por el Comendador Martin López de las
huestes de Juan de Maldonado y, sin caer en discusiones bizantinas, me
entusiasmó mi adorada hija para que escribiera algo (muy breve) sobre nuestro
terruño.
Es
necesario hacer un llamado al reencuentro de Mérida con los merideños entre sí.
Preservar y difundir la imagen de la ciudad es un compromiso, no sólo de sus
autoridades gubernamentales o municipales, sino de todo buen merideño que la
ame entrañablemente, una ciudad pródiga en rincones nostálgicos, rica en
edificios y monumentos históricos, con parques y avenidas funcionales y poblada
por ciudadanos orgullosos de su pasado, conscientes de su presente y prestos a
forjarle un futuro promisorio, acorde con nuestro irrevocable espíritu de superación.
De los
platos de la Balanza, tal vez el plato de los incumplimientos, de promesas
falsas y desencanto, pese más que las
obras, que la solución de problemas o de los éxitos. Todo esto en medio de una
crisis nacional, quizás la peor en la historia de Venezuela.
Los invito
a la reflexión, a unirse en un fraterno abrazo para el bien de nuestra ciudad y
de su progreso. Los invito a echarle por
encima de la Balanza, la reconquistada y otrora libertad, amenazada en tiempos
difíciles.
Si hubiera
alguien que todavía considere que no alcanza el peso, le contestaré con las
palabras de los espartanos Spertias y Bulis al sátrapa persa Idarnes, que les
aconsejaba, en medio de la batalla, a entregarse: “Idarnes –le dijeron los
héroes espartanos- el consejo que nos diste no está bien sopesado de los dos
lados; pues es que de las dos cosas, una tú la conoces, la otra no. Tú sabes lo
que significa ser esclavo, pero aún jamás saboreasteis la libertad, y no sabes
cuánto de ella es dulce. Si tú la hubieses probado, nos aconsejarías de pelearnos por
ella no sólo con las lanzas y las hachas, sino también con las garras y los
dientes”.
Necesitamos
Servir a la ciudad. Servir es sembrar… sembrar semillas buenas. Es mucho más que
dar con las manos algo que tienes…es dar
con el alma lo que tal vez nunca nos fue concedido.
No es preciso
haberlas recibido o cosechado… ellas manan milagrosamente de las recónditas
alforjas de nuestro espíritu y del corazón.
Decía mi
profesor y colega Dr. Hernán López Añez que Servir es repartir alegría, es
infundir fe, estima, admiración, respeto, gratitud, sinceridad, honestidad,
libertad, optimismo, confianza y esperanza.
Servir
es… en verdad, dar más de lo que recibimos en la vida y de la vida.
“SERVIR ES
SER COMO EL ÁRBOL DEL SÁNDALO… QUE PERFUMA EL HACHA QUE EN OCACIONES LE HIERE”
Propongámonos
a Servirle a nuestra querida Mérida, Matrona esclarecida de prosapia propia,
muy ilustre.
Un 9 de
octubre en la mañana, bajo un cielo azul, un sol brillante, con entusiasmo y
alegría.