Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 04:57 pm
Todos los años la academia mundial se somete a evaluaciones y mediciones, nos referimos básicamente a la labor de las universidades y los universitarios, es decir, existen una serie de rankings que justamente miden el desempeño de nuestras instituciones de educación superior públicas y privadas.
La medición que se hace o diagnóstico es amplia e integral. Por tanto, se computan o prorratean matrícula estudiantil de pregrado y posgrados, profesores con título de doctorado en universidades prestigiosas y reconocidas, investigadores, proyectos de investigación, publicaciones científicas referidas a libros arbitrados, capítulos de libros, revistas científicas, artículos científicos en revistas indexadas y arbitradas, patentes, laboratorios, bibliotecas y otros ítems.
Es importante antes de entrar en materia, señalar la inversión (léase ve no gasto) que en los países de primer mundo e incluso de nuestra propia América Latina se realiza año tras año en las universidades como semilleros de talento y por ende como instituciones dedicadas a la educación superior y al desarrollo de la ciencia en todas las áreas y por ende su contribución e impacto a la humanidad, a la sociedad y a nuestros países respectivamente.
Muchos creerán que los grandes premios otorgados en los diversos campos del quehacer científico son trofeos caídos del cielo y todo lo contrario, son un estímulo al trabajo fecundo y laborioso muchas veces de décadas de estudio, sacrificios e investigación de nuestros profesores, académicos e investigadores, pero ese esfuerzo está relacionado a países, sociedades y gobiernos que destinan valiosos recursos a la educación e investigación.
Estas reflexiones deben servir para hacer una pequeña reflexión en un país que en los últimos años las ejecutorias del gobierno han desmejorado abiertamente a las universidades y a los universitarios respectivamente, y ese deterioro sostenido por lo demás se ha dado al irrespetar las normas de homologación que por décadas se honraron, a presupuestos justos que son ley de la república (presupuestos aprobados por la Asamblea Nacional) pero que no llegan a las universidades, o la pulverización de nuestros salarios universitarios cuando tenemos unos salarios que el último ajuste fue de 2022 con un dólar referencial a 5,20 y hoy a 198, con lo cual fue literalmente destruido el poder adquisitivo.
Pero el deterioro sostenido se diversifica cuando las universidades no pueden reponer cargos teniendo que cerrar laboratorios, o tener departamentos y cátedras prácticamente desmanteladas, deterioro de la planta física (salones, auditorios, bibliotecas, laboratorios, etc.), graves carencias para dotar laboratorios con equipos y reactivos, no disponer de recursos para la compra de libros y pago de suscripciones de revistas científicas para las bibliotecas y apoyar por supuesto la investigación en las diversas áreas, y como desconocer o negar el drama de ser los universitarios de Venezuela, los peores pagados del planeta, algo insólito, inexcusable e incongruente que instituciones que tienen la responsabilidad de formar el recurso y talento humano estén sometidas a tales situaciones.
Y sin embargo, con estos aspectos que he señalado y que son de dominio público, las universidades y los universitarios no hemos dejado de trabajar, laborar, producir, formar, ingresar y egresar profesionales en todas las áreas, escribir, investigar, enseñar, profesionalizar y algo insólito, titánico e increíble, seguimos apareciendo en los grandes rankings mundiales universitarios, tal vez no en los primeros lugares como otrora época cercana, pero seguimos posesionados y eso sólo es posible por nuestro esfuerzo diario, por no abandonar literalmente el barco y seguir empeñados cumpliendo con esa triple función de docencia, extensión e investigación.
Cierro estas líneas haciendo un reconocimiento a todas nuestras universidades públicas y privadas de Venezuela, tanto a las mejores posesionadas o rankiadas como aquellas que intentan mantenerse o incluso mejorar su calificación.
En el caso de nuestra Universidad de los Andes seguimos despuntando por el esfuerzo tesonero de nuestros colegas profesores, investigadores, por esos empleados y obreros que con salarios que no alcanzan ni para el pago de la buseta no dejan de llegar a sus sitios de trabajo y eso sólo indica la mística, el sentido de pertenencia, la disciplina y una voluntad que ha sido no dudo lesionada pero no quebrada en momentos gravísimos de subsistencia tanto de nuestras universidades como de los universitarios respectivamente.
Nuestra Facultad de Ciencias Jurídicas, Políticas y Criminológicas de la Universidad de los Andes ha venido recuperando espacios, luminarias, salones, baños, biblioteca, laboratorios y sobre todo con muchísimo esfuerzo ampliando matricula en esta etapa post pandemia, hace escasos días iniciamos el periodo anual U-2026 para las escuelas de derecho, ciencias políticas y criminología, sin presupuesto, con limitaciones de toda índole pero nunca abandonando nuestra sagrada responsabilidad de seguir formando el talento y recurso humano de Venezuela.
El autor es profesor de la Universidad de los Andes