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Diario Frontera, Frontera Digital,  Opinión, ,Por Alí Enrique López Bohórquez,La Universidad de Los Andes en discursos de Mariano Picón Salas por Alí Enrique López Bohórquez (*)
Por Alí Enrique López Bohórquez

Nuevas Crónicas de Historia Universitaria (50)

La Universidad de Los Andes en discursos de Mariano Picón Salas por Alí Enrique López Bohórquez (*)



Nuevas Crónicas de Historia Universitaria (50)

La Universidad de Los Andes en discursos de Mariano Picón Salas por Alí Enrique López Bohórquez (*)

La referencia, en pasadas crónicas, a dos discursos de Mariano Picón Salas para dos actividades conmemorativas programadas en la Universidad de Los Andes (1954) y en Mérida (1958), generó en algunos lectores de nuestros escritos semanales la inquietud de conocer más acerca del contenido de aquellas disertaciones del “más universal de los merideños”. Complaciendo a los interesados y para volver a dar a conocer lo que publicamos en 2001 en la Revista Actual con el título de “Mariano Picón Salas en la Universidad de Los Andes” (Actual. Revista de la Dirección de Cultura de la Universidad de Los Andes, III Etapa, Nº 46. Mérida, abril-junio de 2001, pp. 202-209). En razón de su extensión, hemos suprimido las notas explicativas y sintetizado el contenido de algunos párrafos. En todo caso, ello no cambia el sentido de la interpretación que hizo entonces Picón Salas con respecto de la ULA y de su ciudad natal, de la que partió en 1923 para volver en diversas ocasiones a recorrer sus calles y entablar conversaciones con familiares y entrañables amigos de la institución universitaria y su querida Mérida, como lo dejó expresado en sus más emblemáticos escritos sobre esta ciudad: Viaje al Amanecer (1943), Nieves de Antaño. Pequeña Añoranza de Mérida (1958) y Regreso de tres mundos: un hombre y su generación (1959). Con la referencia a estas narraciones, queremos invitar a su lectura para advertir hechos históricos y la idiosincrasia merideña prolongada en el tiempo.

El principal problema para el conocimiento de la historia de la Universidad de Los Andes lo representa la carencia de conciencia de que la Universidad también es un objeto de estudio de la Historia, así como la falta de preocupación de los universitarios -entre ellos sus historiadores- por aportarle a la institución un trabajo que dé cuenta de su devenir histórico y que a su vez explique -con la fuerza que se requiere- lo que ella representa no sólo en el sentido de ser el centro fundamental de enseñanza superior en Mérida, y en cuanto a su extensa actividad de investigación en la región andina, sino también en el impacto económico local, en la formación de los profesionales que mayoritariamente dirigen los destinos de su administración pública, o en el aporte de su personal, cedido periódicamente para dicha tarea o para el servicio cultural, y hasta turístico; sin dejar de señalar el asesoramiento que la Universidad ha hecho tanto a instituciones públicas como privadas. De igual manera, no se ha sabido demostrar la contribución de esta Universidad al desarrollo de Mérida, los Andes y el país a través de diversos proyectos de investigación en los más variados campos del conocimiento; todo lo cual, debidamente reconocido, daría un mejor sentido a la existencia de la Universidad de Los Andes.

El desconocimiento de lo que ha significado la Universidad de Los Andes para la ciudad, la región y el país se ha debido a la carencia de memoria histórica de muchos de los universitarios que la han dirigido o la dirigen y de los que conducen política, económica y culturalmente la ciudad y el Estado. No los culpamos en su totalidad, pues si carecen de esa conciencia, debido a sus múltiples ocupaciones, también otros, conscientes de ello, hemos podido colaborar a exponer esa estrecha relación histórica entre Mérida, los Andes y su Universidad. Pero ocurre que a veces los mejores recursos humanos no están al servicio de su institución, ni tienen a su alcance los medios de expresar sus ideas con la fuerza que desean con el apoyo institucional universitario. Lo cierto es que para que la Universidad mejore, cambie y se prepare para eso que gusta mucha gente llamar el “tercer milenio”, no debe olvidar o dejar a un lado su historia, pues -como señaló hace tiempo Mario Briceño Iragorry-, su función “...es mantener viva la memoria de los valores que sirven de vértebra al edificio social. Su objeto es presentar las formas antiguas como elementos indispensables para el proceso de reelaboración de la cultura que comprende a cada generación. No se puede mejorar lo que no se conoce...”

En ese sentido, desde la Cátedra de Historia de la Universidad de Los Andes iniciamos en 1997 la tarea de recuperar la memoria historiográfica de la institución. Para ello acudimos primero a las obras más conocidas, a fin de identificar los autores que habían tratado el tema; luego a las publicaciones periódicas de las distintas dependencias universitarias, para localizar trabajos referidos a las mismas, y finalmente al sistema bibliotecario para situar los textos que ha conservado la institución. Dentro de los textos localizados existe un número considerable de discursos, en su mayoría desconocidos o desdeñados por quienes consideran a este género historiográfico como poco científico, cuando se trata de hacer la reconstrucción de un hecho histórico determinado. En oposición a este parecer, consideramos que las ideas pueden ser expresadas en diversas formas de la escritura, y existe un número considerable de discursos que constituyen verdaderos tratados científicos o propuestas significativas para el conocimiento de aspectos de distinta naturaleza. Este es el caso del discurso pronunciado por Mariano Picón Salas el 29 de Marzo de 1955 en el acto solemne para conmemorar los 170 años de la ULA y que titulara “En la Universidad de Los Andes”. El texto del mismo fue inmediatamente publicado en el diario El Nacional y en Bibliotheca, una publicación periódica de la ULA, e incluido por Picón Salas como un capítulo de su obra Nieves de Antaño. Pequeña Añoranza de Mérida, sobre lo cual hablaremos en esta crónica, pues lo consideramos de gran importancia, si se considera el valor que otorga al sentido histórico de la vinculación de la ciudad con la institución universitaria creada el 21 de septiembre de 1810.

Se atribuye a Mariano Picón Salas la idea de que Mérida es “una Universidad con una ciudad por dentro”. Desconocemos desde cuando comenzó a señalarse tal atribución o quién fue el responsable de construir tan expresiva frase, pues la revisión de los escritos de Don Mariano permite advertir que su autoría es dudosa. Probablemente fue inferida del discurso en cuestión, único trabajo en el que discierne sobre la relación de la Universidad de Los Andes con Mérida. Tampoco está recogida esa idea en el prólogo de Picón Salas a Nieves de Antaño, ni en los escritos por distintos autores para las sucesivas ediciones de esta obra, se hace referencia a la frase arriba indicada, de tanta profundidad y sentido real de lo que ha sido el papel de la ULA en el contexto de la ciudad que reconoce su trascendencia, aunque a ratos pareciera negar la posibilidad de que en sus aulas, sus laboratorios y en los gabinetes de estudio de los universitarios se encuentra el factor determinante para su definitiva transformación y desarrollo material, pero también la posibilidad de rescatar, resguardar y proyectar en el ámbito nacional la historia y la cultura merideñas. Antes de referirnos al contenido de “En la Universidad de Los Andes”, es importante señalar que Picón Salas tuvo escasas vinculaciones con la institución, que no con muchos de los que fueron sus profesores, con quienes  tuvo una relación de índole personal e intelectual. El 28 de octubre de 1917, a la edad de dieciséis años y por invitación del Rector Diego Carbonell, leyó la conferencia titulada “Nuevas Corrientes del Arte”. Al año siguiente, probablemente en reconocimiento a la calidad de esta disertación, la Universidad publicaría el folleto En las Puertas de un Nuevo Mundo. Ensayo de Crítica Social. Años más tarde, el 7 de junio de 1954, Picón Salas dictaría una nueva conferencia titulada “Aproximación a la crisis”, la cual sería incluida al año siguiente a la Revista Universitas Emeritensis.  

Por otro lado, llama la atención el hecho de que en diversos pasajes de los trabajos contenidos en Nieves de Antaño sólo hace ligeros señalamientos al hecho universitario; y, aún más, tratándose de una narración que evoca su infancia y juventud de Mérida, en Viaje al Amanecer únicamente se refiere a hechos y personajes que estuvieron vinculados a la institución. Así, nos habla de manera ficcionada del “viejísimo doctor Avendaño, antiguo Rector de nuestra Universidad a quien los periódicos provincianos llaman el 'licurgo de los Andes'; y en cuyo importante entierro pasaron luciendo la cinta azul de la Teología, la púrpura de la Jurisprudencia y el amarillo de las Ciencias Médicas, los doctores del decaído Instituto.” Sobre quien agrega -por boca de su abuelo materno Federico Salas Roo- “...tuvo el gesto de protestar contra Guzmán Blanco cuando el 'ilustre americano', so pretexto de crear gesto de las rentas de Instrucción Pública, se apoderó de las fincas de la Universidad...” Decimos que de manera ficcionada, o por error de la información suministrada por su abuelo, por que no existe durante los distintos gobiernos de Antonio Guzmán Blanco Rector alguno en la Universidad de Los Andes con ese apellido. Cuando trata sobre los presagios del nuevo siglo señala que para 1910, en el contexto de la ciudad que dejaba de ser “pura y beata”, “…en los estudiantes también se observa el avance de la herejía...”

Picón Salas volverá a hacer referencia a la ULA en 1958 cuando publica “Mensaje a los Merideños (en el IV centenario de la ciudad)”, para señalar a personajes que conoció y con los cuales tuvo relaciones intelectuales como el Rector Juan Nepomuceno Pagés Monsant, los doctores Lope María Tejera, Emilio Maldonado, Julio César Salas y Tulio Febres Cordero, y para hacer los siguientes señalamientos de gran vigencia, cuando se considera la relación Ciudad-Universidad: “!Qué bien sería que en Mérida, junto a los abogados y los médicos, se formasen también los ingenieros, los físicos, los químicos, los investigadores científicos de toda índole que necesita -aun para desenvolverse económicamente- esta parte del oeste venezolano! Desde la defensa de la naturaleza azotada por un tratamiento empírico y devastador, la lucha contra la erosión, el cambio de los suelos y cultivos, las obras hidráulicas para transformar en electricidad y energía la vasta agua realenga que se precipita en torrentes desde la Cordillera, es parte de la tarea regional que habrá de pedirse a los universitarios merideños...”

“En la Universidad de Los Andes”, Mariano Picón Salas estructuró un discurso en el que mezcla el recorrido histórico de la institución, mediante una rápida visión cronológica, con las consideraciones sobre su papel en el contexto de la cultura y su asociación con Mérida. En cuanto a la Historia se refiere, el texto evidencia el uso de escritos y documentos que le precedieron, como el citado “Resumen Histórico de la Universidad de Los Andes”, del Rector Juan N. P. Pagés Monsant (1890), los Documentos para la historia de la diócesis de Mérida del Obispo Antonio Ramón Silva (1908-1927), y los Apuntes para la historia de la Universidad de Los Andes de su entrañable amigo Antonio Spinetti Dini (1935). De ellos tomó datos que le permitieron configurar un discurso de tono literario con profundo sentido de lo histórico, que busca relacionar el pasado con el presente, que exalta la función de la universidad andina y que canta al paisaje merideño, a su sierra, a sus ríos, a su fauna y a sus gentes. De manera sencilla y amena hace un recuento del origen de esta casa de estudios, considerando la actuación del Canónigo Uzcátegui y del Obispo Fray Juan Ramos de Lora a favor de la educación y para el establecimiento de un Seminario en Mérida, construcción de su edificio, gestiones para su dignificación como Universidad, conferimiento de las viejas propiedades rurales jesuíticas, los aportes intelectuales del Obispo Torrijos, la conversión del Seminario en Universidad, incidencia en ésta de las guerras civiles decimonónicas y sus crisis en las postrimerías de esa centuria, gestiones del rector Caracciolo Parra para mejorar la situación material y académica de la ULA, formación en sus aulas de las generaciones literarias, científicas y políticas de más notoriedad de los Andes y de todo el país.

Picón Salas pondera también el auge que entonces tenía la Universidad de Los Andes con la creación de nuevas facultades y escuelas, destacando que era anómalo el hecho de que no existiera una escuela de Letras, Filosofía y Educación, para lo cual él haría una gran contribución, pues sería uno de sus principales proponentes en 1955. Año en que se crea la Escuela de Humanidades como una dependencia de la Facultad de Derecho. Escuela que luego se transformaría en la Facultad de Humanidades y Educación (1958-1959). Ello por que consideraba que era necesario el amor por “la cultura desinteresada, por el orden de las ideas, el buen uso del idioma, el análisis de la realidad social e histórica, sin los cuales el proceso del país no se organiza en conciencia creadora.” Picón Salas hizo consideraciones con las que justificaba la existencia en Mérida de una institución como la Universidad de Los Andes. Dice Don Mariano: “...a pesar de tener fama la ciudad de ser de índole más eclesiástica y ritualista que otras del país, también hubo campo para la heterodoxia en esta casa de estudios. Al cobijo de la Universidad se formaron algunas de las generaciones literarias, científicas y políticas de más notoriedad en la historia de la Cordillera y de todo el país: la de Gonzalo Picón Febres y Tulio Febres Cordero; la de Morantes y Abel Santos; la combativa generación positivista de Julio C. Salas y Samuel Darío Maldonado; la de Génesis, que trajo el modernismo literario a las Sierras Nevadas; la de las revistas Los Andes y Literatura andina, las de 1920 y 1930; las que ahora despuntan en la vida nacional. Y en el suceder de los tiempos, desde los días que ya nos parecen de conseja del Obispo Torrijos, hasta los de nuestra época atómica y existencial, frente a la común rutina y pasividad de muchas gentes, siempre hubo aquí promociones de mozos que fijaban su presencia en el mundo con una agitada invocación al espíritu y desde el silencio de estas montañas querían ir a conquistar las islas maravillosas de la utopía. Ninguna cultura tiene validez si además de ordenar para el hombre los datos del mundo físico y de la conciencia, no lo eleva asimismo hasta el sueño de mejorar el universo y de vencer -hasta donde sea posible- el mal y la adversidad. Y cuando de muchachos leíamos los primeros versos y los primeros grandes libros en estos claustros merideños, ellos parecían impregnarnos de aquella materia soñadora, utópica y quijotesca que le da suprema razón e inextinguible acicate a la vida.”

En lo que a relación ciudad-universidad se refiere, Picón Sala cierra su discurso señalando que “el destino de Mérida se asocia desde entonces [1810] e indisolublemente al de esta casa universitaria, que ha sido, tal vez, nuestra mayor empresa histórica. Y en el auge y la defensa de responsabiliza nuestro civismo regional como parte entrañable de nuestro común ella, en el cuidado con que debemos ayudarla y mejorarla siempre, se involucra y deber de venezolanos.” Así, ambas citas contribuyen a dar sentido a la frase atribuida a Mariano Picón Salas de que “Mérida es una Universidad con una ciudad por dentro”. Frase que tiene un doble sentido, por cuanto se recurre a la supuesta afirmación del escritor merideño cuando se quiere reconocer el aporte que la ULA ha hecho en el tiempo a la ciudad y al Estado Mérida, pero también cuando se ha denigrado sobre su indiferencia ante problemas cruciales de sus comunidades, como lo exigía Don Mariano. El desconocimiento de cuales han sido esos aportes a través de la investigación, tanto en las Ciencias Naturales como en las Sociales y Humanísticas, permite emitir opiniones contra la institución, la cual indudablemente es el centro fundamental del quehacer económico, social, educativo y cultural de la ciudad.

En cierta medida, la responsabilidad de las críticas pudo haber sido de la propia Universidad, ya que no ha sabido divulgar con rigurosidad ni se ha puesto completamente al servicio de la sociedad merideña a través de estudios que difundan la relación Universidad-Ciudad, pues conocemos muy bien que en sus bibliotecas reposa un número considerable de proyectos de investigación desarrollados en la ULA, trabajos de ascenso y tesis de grado y de postgrado, libros y artículos referidos al conocimiento y solución de problemas de la ciudad de Mérida y de su entorno espacial andino. Pero también la responsabilidad recae en los entes gubernamentales y privados de la región andina que han desconocido en diversas oportunidades el papel que la Universidad de Los Andes debe tener no solamente en la formación de profesionales en distintas áreas de las referidas ciencias, sino también en la creación de un conocimiento que bien pudiera ser utilizado en beneficio de los habitantes de los pueblos y ciudades que conforman los Estados Mérida, Trujillo y Táchira, ámbito territorial y académico de la institución fundamental de la educación superior de los Andes venezolanos. Esa fue la gran utopía, ese fue el sueño que dejó sembrado en su discurso el gran escritor merideño Mariano Picón Salas, al considerar a la Universidad de Los Andes como “la mayor empresa histórica de los merideños” y de quienes, venidos de otros lugares del país, han dado sentido y justificación a su existencia.

Mucho se ha escrito sobre Mariano Picón Salas. Para quienes desee conocer su obra e interpretaciones de la misma, remitimos a Rafael Ángel Rivas Dugarte: Fuentes documentales para el estudio de Mariano Picón Salas (Caracas, Ediciones de la Presidencia de la República, 1985); José Manuel Siso Martínez: Mariano Picón Salas: ensayo inacabado (Caracas, Editorial Yocoima, 1990); Rafael Pineda: Iconografía de Mariano Picón Salas (Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1990).Homenaje de la Biblioteca Nacional a Mariano Picón Salas: exposición bibliográfica y hemerográfica de manuscritos y fotografías (Caracas, Instituto Autónomo Biblioteca Nacional, 1991); Alberto Rodríguez Carucci: “Mariano Picón Salas, narrador” en Leer en el caos (Caracas, Fundación El perro y la rana, 2017, pp. 171-185).

Mención especial a los trabajos incluidos en Actual. Revista de la Dirección de Cultura de la Universidad de Los Andes, 46, Tercera Etapa (Mérida, abril-junio de 2001, 243 p.): Mariano Picón Salas. Dossier: “Picón Salas inédito y desconocido. Inicios de la vanguardia en Venezuela”. Presentación: Víctor Bravo: “Mariano Picón Salas. Perfil Intelectual” (4-5). Ensayos: Nelson Osorio Tejada: Reflexión sobre la obra de Mariano Picón Salas (8-17); José Antonio Castro: El ensayo como herejía (18-23); Ramón Ordaz: Mariano Picón Salas: Fuero de la eternidad en nuestra cultura literaria (24-33); Gertrudis Gavidia: Prólogo para una década. Tentación de la Literatura de Mariano Picón Salas (34-42); Lilibeth Zambrano: El imaginario del Viaje y la mirada en Viaje al Amanecer (1943) y Regreso de tres mundos (1959), de Mariano Picón Salas (44-53); Betulio Bravo Arteaga: La persistencia de la memoria en Viaje al Amanecer de Mariano Picón Salas (54-59); Miguel Ángel Campos: La pasión final (60-68). Estudios: Luis Manuel Cuevas Q.: Mariano Picón Salas. Diálogos, cultura, historia (72-87); Ana Armas Saavedra: La identidad inarmoniosa, rasgo determinante de la sociedad venezolana de comienzos del siglo XX en la obra de Mariano Picón Salas (88-93); Gregory Zambrano: Mariano Picón Salas y el goce de mirar, comprender y comunicar (94-107); Rafael Ángel Rivas Dugarte: Don Mario y Don Mariano. Vidas paralelas (108-115); Alberto Rodríguez Carucci: Mariano Picón Salas: Formación y proceso de un narrador (116-127). Anotaciones: Delia Picón: Mariano Picón Salas en la diplomacia (130-135). Dossier: Alberto Rodríguez Carucci: Mariano Picón Salas, tres relatos desconocidos (139-167); Víctor Bravo: Picón Salas y la Vanguardia (169-181). Mérida: Rafael Cartay: Expulsado del paraíso. Razones del mito edénico en la obra de Mariano Picón Salas (184-199); La Universidad: Alí Enrique López Bohórquez: Mariano Picón Salas y la Universidad de Los Andes (202-209); Manuel Caballero: Picón Salas en la fundación de la Facultad de Filosofía y Letras (210-213). Diálogos: Julio Ortega: Conversaciones con Picón Salas (216-220); Luis Javier Hernández Carmona: Diálogo en la montaña. Briceño Iragorry y Picón Salas en Mérida (222-231). Acontecimientos: Freddy Torres y José Rojas: Viaje al amanecer. Representación teatral (234-237). Catálogo: Violeta Rojo Fernández: Dos autobiografías venezolanas (240-243).

 

Mérida, 8 de noviembre de 2025

(*)  Coordinador de la Cátedra Libre de Historia de la Universidad de Los Andes. Premio Nacional de Historia Francisco González Guinán (1989). Premio Nacional de Historia (2019). Premio nacional de Cultura (2024).