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Por Orlando Oberto Urbina

Crónicas Memorables

El periodismo maestro en Ángel Ciro Guerrero por Orlando Oberto Urbina



Crónicas Memorables

El periodismo maestro en Ángel Ciro Guerrero por Orlando Oberto Urbina

bajarigua@gmail.com

adicorazul@gmail.com

Es un gran regocijo saber que todavía podemos aprender del periodismo, en especial de aquellos maestros cuyo ejemplo siempre nos motivó en la universidad. Es imposible no aprender de su sapiencia, y su trajinar en toda suerte de revistas, periódicos, radios y canales de televisión, donde el periodismo jugó siempre un rol fundamental: desde ser orientador de la sociedad hasta buscar las reflexiones hacia las cuales transita la sociedad venezolana.

Nuestro amigo y expresidente del Colegio Nacional de Periodistas, Manuel Isidro Molina Peñaloza, hijo de uno de nuestros maestros y ejemplos a seguir, Manuel Isidro Molina Gavidia, nos decía que “el periodismo no es catequesis ni propaganda: es información veraz y análisis oportuno”. El periodismo profesional y ético venezolano ha tenido una inquebrantable ascendencia desde 1941 hasta el presente. Nuestro periodismo maestro cuenta con profesionales de altura como Ángel Ciro Guerrero, quien ha afirmado que, entre sus maestros de la escuela de periodismo de la Universidad Central de Venezuela, se encuentran Manuel Isidro Molina Gavidia y Héctor Mujica.

Este tachirense vino de la Grita donde nació en 1944. Ángel Ciro Guerrero es un periodista con más de cincuenta años en el ejercicio profesional ininterrumpido; en ese oficio que Gabriel García Márquez definió como el mejor oficio del mundo. Ángel Ciro sigue la trayectoria de todo periodista que escribe la historia cotidiana de nuestro país, ese periodismo con ese debate claro y respetuoso que se ejerce con plena responsabilidad y libertad de expresión, donde no se descalifica a nadie, sino que se debate el argumento, lo cual es gran legado en sus reportajes sobre grandes personajes. Fue ejemplar en las luchas gremiales desde la Asociación Venezolana de Periodistas (1941), así como en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP,1946), y el Colegio Nacional de Periodistas (CNP,1976).

Ángel Ciro Guerrero ha transitado más de cincuenta y tres países; se ha destacado en el periodismo político y de opinión, el periodismo de reportajes, las entrevistas a personajes nacionales e internacionales. Del mismo modo, ha ejercido la jefatura y dirección de importantes medios de comunicación social, como cuando fue corresponsal en Caracas del diario “Vanguardia” de San Cristóbal, además de haber laborado en “La Religión”, “La Verdad”, “La Tarde”, al lado de Nicomedes Zuluaga hijo, Federico Vegas y Aníbal Romero. Recorrió el continente americano en autostop, y estuvo al frente de la dirección de estos medios de comunicación social junto a grandes maestros del periodismo como Rafael Fuentes y José Consuegra. Compartió la prensa escrita con ilustres plumas que cubrieron en el periodismo ese sagrado oficio de sentir la palabra escrita: Rigoberto Henríquez Vera y Ediberto Moreno, destacados merideños. Hay en Ángel Ciro Guerrero un ser honesto, claro y sincero, amigo del debate, conversador y respetuoso de las ideologías. Es amigo respetuoso de comunistas, socialistas, centro izquierda, centro derecha. Su colosal formación no permite mezquindades ni vacilaciones en un hombre de la talla de Ángel Ciro Guerrero.

Entre sus obras escritas se encuentran poemarios y relatos como “Nueva Semilla”, “Caminos de la sangre”, “Los cuentos del Nono”, “Bitácora de la Montaña” y “Edad de Siglos”. Entre su obra política se puede mencionar “Una campaña Formidable”, “Historia de un Hombre Correcto”, “La lección del Maestro”, “Un Sí por Venezuela”, “Un Líder para un Nuevo Tiempo”, y  sobre su oficio periodístico escribió “El color de la sangre no se olvida”, “Oro, Selva y Sangre”, “El camino de la droga”,  “La Ciudad Extraviada”, “Letra de Libertad, escritos contra el totalitarismo”, “Más allá de la Frontera”, Radiografía de una Crisis”, “La Palabra de un Demócrata”, y  “El Efecto  Morel”, entre otros.

Es un honor escribir sobre este maestro, amigo y compañero de oficio, de ese particular hombre, de Ángel Ciro Guerrero, que reiteradamente nos va enseñando a partir de cada palabra, cada gesto que se extrema, que apuesta por el compromiso de su gente y la compasión gregaria de su escritura. Ángel Ciro, escritor y periodista, va colocando palabras sobre palabras que la vida misma ha formado. Para él, la literatura y el periodismo van de la mano. Es un narrador nato de historias y de gustosas evocaciones temáticas, o de esa angustia de la cual parece estar hecha la escritura de Ángel Ciro: de esa “conciencia solitaria”, en la medida que la subjetividad de sus relatos va abriendo campo a la elocuencia. Ángel Ciro también ha sido testigo de esa hostilidad, esa insatisfacción, esa rabia, y ese temor hacia el afuera, hacia lo público, hacia el otro. No obstante, es un maestro que devela en palabras la verdad.

Ángel Ciro es una familia de hombres y mujeres llegados de aquella comarca de siembra agrícola, de olores de tierra sembrada, de clima fresco y de conversaciones montañosas. Es edecán de rica historia y de identidad centrada en la fe de su santo Cristo de la Grita. Sigue siendo ese andino de negro escupitajo, de alambique de miche andino y de esas arquitecturas que asoman sus casas coloniales en esa ciudad que muchos han denominado la “Atenas del Táchira”, desde donde se va recogiendo la fe del Santo Cristo que al pueblo concede fe, inteligencia y amor mientras edifica su reino de justicia y paz. Este compañero de oficio es un amigo que, en su oficio formal, nos va sembrando de palabras a partir del testimonio de sus caminos transitados.