Mérida, Enero Sábado 24, 2026, 10:37 pm
El panel de clausura del Foro Económico Mundial 2026, realizado
el pasado viernes 23 de enero, mostró una radiografía de las tensiones
fundamentales que definen el actual momento económico global. En dicho espacio
se resaltó la doble división que vive el mundo, por un lado, entre resiliencia
sistémica y fragmentación geopolítica y, por otro lado, entre optimismo
tecnológico y ansiedad estructural (ver https://www.youtube.com/watch?v=BoY8urySInI ).
Al respecto, se inició con el debate conceptual entre
ruptura o transición como criterio para explicar lo que está ocurriendo en el
mundo. Se tomo en consideración la posición del primer ministro canadiense Mark
Carney, quien caracterizó el momento actual como una "ruptura, no una
transición", describiendo un mundo donde "el orden basado en reglas
se desvanece" y "los fuertes pueden hacer lo que quieren mientras los
débiles sufren lo que deben".
Teniendo en cuenta que, en un mundo de interdependencia
profunda e ineludible, los proveedores y consumidores mantienen posiciones de
fortaleza mutua que crean vínculos difíciles de desarticular, la sociedad
global es cada día más propensa a shocks (geopolíticos, tecnológicos,
climáticos, entre otros), que demanda adaptación acelerada. De allí que las
alternativas de acción deben ser múltiples a través de la activa participación
de todos los actores del orden global. Por ende, es evidente la consolidación
de un mundo multipolar donde regiones previamente periféricas han adquirido
significación económica y geopolítica sustancial.
Se insistió en la evidente resiliencia de muchos países
ante los desafíos comerciales de los últimos años. Está demostrada por el hecho
de que el 72% del comercio mundial aún opera bajo términos de la OMC. Dicha cifra
revela que los marcos institucionales construidos desde el esfuerzo
multilateral resisten presiones desestabilizadoras. Y da cuenta de que el
comercio internacional es un fenómeno irreductible.
En este orden, Christine Lagarde, presidente del Banco
Central Europeo, afirmó que "el comercio es como agua de río. Si pones
obstáculos, fluye alrededor de ellos". Esta metáfora captura una verdad
antropológica fundamental: los humanos siempre han comerciado y siempre
comerciarán. La forma puede cambiar, los canales pueden desviarse, pero el
fenómeno persiste. La infraestructura para supervisar el comercio mundial
permanecerá independientemente de las configuraciones geopolíticas.
Respecto a Venezuela, en el panel se insistió que para
lograr aumentos significativos en la producción de petróleo se requieren tiempo
e inversiones significativas, dado el actual estado del país. La preocupación
real es la estabilización de la economía venezolana, para que incentive
inversiones y facilite suministro de petróleo y gas al mercado global sin
perjudicar el ritmo de crecimiento económico que vive el mundo.
Así, se concluyó que la estabilidad tanto de Venezuela
como del mundo no puede lograrse rápidamente, por el contrario, debe fundarse,
nutrirse, protegerse, reforzarse y guiarse. La estabilidad es innegociable. Por
ende, el esfuerzo debe dirigirse hacia acciones que hagan efectiva la
colaboración: pragmatismo, visión de largo plazo, disciplina para cumplir más
allá de intenciones, y persistencia para mantener el compromiso suscrito incluso
cuando las perspectivas divergen y la incertidumbre se acrecienta. Todo esto
exige aunar esfuerzos que permitan alcanzar una cooperación funcional al
momento de enfrentar la complejidad colaborativamente.
Además, se dejó claro que la economía global de 2026 no
está colapsando, pero tampoco prospera de manera adecuada. Y se insistió que la
arquitectura institucional multilateral exhibe resiliencia, pero requiere
actualización fundamental. El mundo está cambiando y el reto es actuar en
función del futuro que se desea construir y de las acciones que se deben
emprender hoy para hacerlo realidad.
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