Mérida, Marzo Domingo 15, 2026, 04:50 am
Dedicado a mi santa Madre, a quien le debo el don
de la vida y razón de mi existir.
“Soy el esclavo más libre!/ Esclavo de lo que amo!”
Facundo
Cabral
“Que
más le podemos pedir a la vida” solía
decir cotidianamente José Juan Vargas Contreras “Varguitas”, el mejor
poeta tovareño de todos los tiempos y es muy cierto, más cuando llegamos a una
edad que no acepta vuelta atrás, tocamos un momento de la vida en el cual los
principios son innegociables y nuestra máxima es la libertad personal con esa
paradoja donde ser “esclavo” de la libertad simboliza
que ya no estamos sujetos a las esperas extrañas, a las primicias o a los apremios
sociales. El único compromiso es ser fiel a nuestra razón de ser y a lo que
consideramos justo, bello y cabal.
En mi
caso, he llegado a la edad donde la justicia deja de ser una idea imprecisa
para convertirse en nuestra bitácora ética. En el ocaso de mi existir ya no persigo
el beneficio propio, sino el colectivo, actuó bajo la premisa de lo que es
correcto y pertinente con la seguridad que venimos a dejar huella y nos
vamos para no borrarla. En el juego de la vida siempre gana la muerte. Lo
único que podemos hacer es elegir cómo jugar y es por ello que debemos enfocarnos
no en la duración de la existencia, sino en elegir cómo vivir ya que el
resultado final es el mismo para todos y sólo nos llevamos lo bailado.
Cada
quien es arquitecto de su destino, busca su querencia, recoge lo que sembró y
todo esto debe ser una elección consciente que, a diferencia de la juventud, donde
a veces fuimos esclavos de los deseos o del ego. A los 60, esa
"esclavitud" es una elección voluntaria ya que decidimos que hay
valores por los que vale la pena terminar de vivir y mantenerse firme. Se
trata de integridad por encima de tanta superficialidad. Decía el neurólogo y
psiquiatra austriaco Viktor Frankl (1905-1997) en su libro El hombre en
busca de sentido (1959): “Nuestra mayor libertad humana es que, a
pesar de nuestra situación física en la vida, ¡siempre estamos libres de
escoger nuestros pensamientos!” y esa libertad radica en escoger y
pensar realmente como queramos, en elegir con actitud propia ante cualquier
circunstancia. De allí la insistencia en la defensa de esos dos grandes pilares
que son: la libertad y la justicia. El destino puede arrebatarnos todo
lo material, a los seres queridos y la libertad física, pero nunca jamás
debemos permitir que afecte sobreponernos ante la adversidad. Lo fundamental en
la vida es mantener la dignidad y decidir nuestro propio camino sin entuertos.
Una
vez leí algo de Héctor
Gerardo, que no recuerdo quien
es, que me llamó poderosamente la atención: "No siempre se puede ser fuerte, somos
vulnerables por condición humana. Se vale quebrarse, desahogar la tristeza en
lágrimas, limpiar las heridas y ordenar el caos que llevamos dentro.
Tocar
fondo no siempre es malo si aprendemos de ello, caer no es rendirse, a veces es
necesario ver la vida desde abajo, desde otra perspectiva, para levantarnos y
caminar más precavidos por la vida.
En
ocasiones es necesario aislarse del mundo, vivir como ermitaño emocionalmente
para volver a reconstruir. Perdonarnos, abrazarnos, dedicarnos tiempo, buscar
en nosotros el amor que hemos perdido, porque al final, nosotros seremos
nuestros propios héroes, porque nadie vendrá a rescatarnos” Al contrario de la
mayoría de los venezolanos no creo en el hombre a caballo ni en la mujer
maravilla, pienso que nuestro destino debemos labrarlo en conjunto y si para
ello es menester rebelarnos, no queda de otra. Nadie va a cambiar lo que
queremos. Un país diferente no se puede reconstruir con gente indiferente, sino
con aficionados a Venezuela. Basta de fanáticos y de fanatismos.
Los 60 me llegaron entre Bailadores y Tovar
En 1996, al cumplir los 30 años me avecindé en
Tovar, llevaba 6 años -desde marzo de 1990- trabajando en el Archivo Municipal,
acopiando la historia de Tovar papel tras papel; fueron 14 años de lucha por
darle forma y fondo a una historia transcendente que estaba en el piso, hasta
que llegó el actual alcalde en su primer periodo en el 2002 y repartió como si
fueran juguetes en las cuatro parroquias las computadoras que habían sido
adquiridas por proyecto ante el FIDES para modernizar y digitalizar los
infolios del Archivo ¡Qué va a saber burro de frenos! Eso me decepcionó, aunque
seguí remando a contracorriente hasta finales del 2004 cuando tomé la decisión
de irme a trabajar como director de Cultura en Bailadores por 1 año que
terminaron siendo 17, hasta enero del 2021.
En ambas experiencias hay sabores y sin sabores: en
Tovar me fue imposible ver concluido mi sueño, que ahora retomo y aspiro concluir
Dios mediante con el Centro de Saberes de Tovar (CDSTovar) y en
Bailadores a pesar de grandes logros que poco a poco se desvanecen, quedó por finiquitar
el Museo - Escuela de Arte Popular Don Luis Barón y la fachada del Teatro
Municipal Libertador, que siguen igual sin que a nadie le importe. La cultura
se siente, se vive y se testimonia con hechos palpables. Nunca se podrá
decretar.
Hoy puedo decir con inmodestia que he vivido por
mitad mis 60 años entre Bailadores y Tovar. En Bailadores nací, me hice
cronista y di lo mejor por su historia y por su cultura. En Tovar me impuse
como guardián de su memoria en el Archivo y ahora en el CDSTovar, que
hoy arriba a 2 años. En Bailadores fue el tiempo de crecer, formarme y delinear
un camino. En Tovar la hora de sembrar, recoger frutos y ahora ser sombra. Bien
dijo el poeta español Antonio Machado (1875-1939) en Cantares: "Caminante,
no hay camino: se hace camino al andar" por eso debemos estar
conscientes que no existe un destino predeterminado o un camino trazado con
antelación; el mañana y el designio de vida se construyen con nuestras
acciones, decisiones y experiencias personales del día a día, “golpe a
golpe”.
De mis 60 años, 37 los he dedicado a la cultura y
para nada ha sido fácil, aunque siempre la constancia ha marcado la diferencia.
De los logros otros hablaran.
Si me preguntan que soy, responderé sin titubeo: un
villoro - tovareño o un tovareño nacido en la villa de Bailadores, donde
seguramente reposarán mis huesos hasta confundirse con los de mi santa madre Omaira
del Carmen y mis abuelos maternos: Gil Abad y Lina Rosa, parafraseando al poeta
Emiro Duque Sánchez (1915-1995) en su canto a Zea “He de volver a
ti, tierra querida,/ si no con el lucero de la vida,/ si con la sombra eterna
de la muerte.” En Bailadores estará mi querencia y en Tovar quedará mi
presencia con la Biblioteca de la Abadía de Néstor que recoge mi trabajo
de 49 años curucuteando, recopilando y compilando papeles, libros y fotografías
que dan constancia de la grandeza de ambos pueblos y es mi voluntad que después
de muerto o en vida si las circunstancias lo permiten formen parte integrante
de la Biblioteca General del Centro de Saberes de Tovar. Es el único
bien material que poseo.
Definitivamente el hombre "No es de
donde se nace, sino donde se pace" algunos tovareños me restriegan
que soy villoro con ánimo de neutralizarme y otros bailadorenses me recriminan porque
defiendo a Tovar. A los unos y a los otros les digo: ¡Acaso eso importa!
dejemos de juzgar al libro por la portada, soy un mortal universal, sin
fronteras y sin complejos que lleva en su corazón a dos pueblos hermanos,
surcados por un mismo río, despeinados por el mismo viento que viene de la
parte llana y tienen el mismo origen, costumbres y tradiciones. Bailadores
es a Tovar lo que Tovar es a Bailadores.
Más que nadie conozco al detalle la rivalidad
histórica entre las dos ciudades desde la segunda mitad del siglo XIX (1850) a
la primera del XX (hasta 1960), la he estudiado en sus orígenes, que entre
otras cosas fue alimentada y patentizada en la copla “La villa, la media
silla,/ y Tovar, la silla entera (…)”, al punto que la gente de
Bailadores bajaba en caballada a Tovar y los tovareños evitaban subir a la
Villa. Ante ello, ¡Un buen día me dije porque no ser un factor de unión entre
ambos pueblos, servirlos por igual, amar su historia, compilarla y reescribirla!
Tovar le debe a Bailadores su existencia y ambas a La Grita. Bailadores le debe
a Tovar su apoyo en los momentos decisivos. Sintetizo en palabras del Dr.
Rafael Gallegos Ortiz, quien, al referirse a las peleas con Bailadores,
expresó: “Tovar fue un pueblo de pesadas luchas lugareñas, especialmente
en los días en que formaba parte del Cantón de Bailadores. La gente de la Villa
de Bailadores y la de la Parroquia Bailadores, hoy Tovar, empezó a desvivirse
dentro de absurdas pugnas y rivalidades comarcanas…” a partir de allí
son innumerables los antagonismos matizados con el tañer de campañas y vítores:
Bailadores conservador en su esencia y Tovar liberal por antonomasia. Valdría
la pena escribir al alimón la historia de las dos ciudades y como Charles
Dickens (1812-1870) poder decir “Era el mejor de los tiempos, era el
peor de los tiempos” para resumir las contradicciones que marcaron una
época de esperanza y de desesperación a la vez. De civilización y de barbarie.
Llegó el momento de frutecer y a isla(r) me entre libros.
Mi tiempo es finito, no se cuanta ñapa o yapa para
decirlo en quechua que Dios me conceda, por eso vivo de prisa, siempre atareado
entre una cosa y otra, sin descanso… los guerreros no tienen tregua y el que se
cansa pierde. Cada vez me siento más ermitaño entre libros con menos amigos,
aunque los pocos me visitan constantemente para tertuliar y compartir un café.
Le huyo al rebulicio, a los actos protocolares y a las discusiones estériles en
un medio tan extremista donde cada quien lo que quiere es oír su verdad. Ahora
con la inteligencia artificial nos volvemos más brutales. ¡Que Dios nos agarre
confesados!
Pienso al igual que
Facundo Cabral: “Yo no soy lo que parezco,/ sino lo que mí alma sueña/ y
si me caigo en los pozos,/ es por andar mirando estrellas./ (…) No me importa
tu dinero,/ prefiero mi independencia.../ si por tener un sombrero,/ hay que
alquilar la cabeza.”
Por eso, siempre he
sido contestatario, irreverente, rebelde con causa, incomprable… prefiero vivir
y morir pobre, pero con dignidad. Sólo le pido a Dios que cada día me socorra con
lo necesario para sobrevivir con el Centro de Saberes de Tovar.
Hoy quiero
agradecer primeramente a Dios, a mis padres, familiares, hijos, compañera de
vida, octavianos y amigos(as) que siempre me apoyan y confían en lo que hago, ustedes
son mi mayor y único tesoro, para todos mil bendiciones. En especial a un amigo
-cuyo nombre le hace honor al famoso general cartaginés que cruzó los Alpes con
elefantes para combatir a Roma- que me ayuda mensualmente con el alquiler del
CDSTovar. A todos gracias, gracias, gracias por ser parte de estos primeros 60
años… vienen tiempos mejores de oportunidades y realidades. Empecé a escribir
60 reflexiones a los sesenta, a ordenar dos libros de compilación de escritos que
debo regalarme y concluir algunos ensayos polémicos que darán mucho que hablar,
pero pondrán algunos falsos positivos históricos en su lugar.
Néstor Abad Sánchez
CDSTovar, febrero 12 y 13, 2026