Mérida, Abril Domingo 19, 2026, 09:16 am
La palabra geopolítica, de manera general, está asociada a rivalidades de poder en los territorios, en las que participan múltiples actores que luchan por el control de los mismos. Las rivalidades siempre tienen algún contenido específico, en el sentido que siempre hay algún factor de mayor peso que las motiva, y que puede ser de carácter económico, de recursos naturales, de vías de comunicación, religioso o incluso lingüístico. .
Se habla, por ejemplo, de geopolítica del agua, para referirse a las rivalidades surgidas por la repartición del caudal de los ríos o la explotación de los recursos hidráulicos; o geopolítica de las religiones, para abordar las rivalidades entre grupos humanos que profesan determinadas religiones y buscan prevalecer en determinados territorios
La geopolítica se encarga de caracterizar al territorio sobre el que se lucha, a los grupos humanos que luchan, a las causas de esa lucha y a las modalidades de lucha, entendiendo que estas últimas implican el uso de instrumentos jurídicos, estrategias económicas, medios de comunicación o armas bélicas.
La agroecología, por su parte, es la conjunción de dos términos diferentes: agricultura y ecología. La agroecología es considerada como una ciencia, como una práctica y como un movimiento social, para dar a entender que se requiere del conocimiento aportado por la ecología aplicada a la agricultura, de prácticas innovadoras que contribuyan a satisfacer las necesidades alimenticias, y que al mismo tiempo hagan sostenibles los ecosistemas agrícolas.
La agroecología surgió en la década de 1970 como respuesta a los problemas ecológicos, económicos y sociales causados por los cambios que trajo la Revolución Verde, basada especialmente en el modelo de monocultivo y uso indiscriminado de agrotóxicos, que afectan la biodiversidad, los suelos, las aguas, el aire y la salud humana.
Un aspecto a destacar referente a la agroecología, es su relación con lo que se conoce como seguridad alimentaria y soberanía alimentaria. El primer concepto surgió en los años 70 del siglo XX y tiene que ver con el acceso seguro a los alimentos por parte de los seres humanos, mientras que el segundo fue lanzado por el movimiento internacional Vía Campesina, durante la realización en 1996, en Roma, de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación organizada por la FAO, y enarbola el derecho de los pueblos y países a definir sus propias políticas agrícolas y de producción de alimentos.
El tema de los agrotóxicos o pesticidas también forma parte de la agenda de la agroecología. De manera sencilla se puede decir que los agrotóxicos son sustancias químicas que se utilizan para combatir las llamadas plagas en la agricultura, entre los cuales figuran los herbicidas, los fungicidas y los insecticidas. Si bien es cierto que contribuyen a mantener el rendimiento por hectárea de las especies agrícolas, no es menos cierto que su uso indiscriminado y prolongado en el tiempo ha provocado severos daños a los suelos, fuentes de agua, biodiversidad y salud humana
En vista de lo anterior, y con el objetivo de crear consciencia sobre este fenómeno entre la población de los diferentes países del mundo, en el marco de la llamada crisis agrícola y ambiental en general, es que el 3 de diciembre de cada año se denomina Día Internacional del No Uso de Agrotóxicos, para recodar a las víctimas de la tragedia de Bhopal (India), ocurrida en 1984, la cual fue provocada por un escape de sustancias químicas en una fábrica de agrotóxicos.
La contraparte de los agrotóxicos son los bioinsumos, que se producen a partir de estiércol de animales, plantas, bacterias, hongos y minerales, entre los cuales figuran los biofungicidas, los bioinsecticidas, los biofertilizantes y los biosestimulantes.
Ahora bien, la agroecología es ya una realidad, en tanto que está presente en un conjunto específico de territorios, donde se aplican sus principios, se ejecuta una práctica agrícola y se da un proceso organizativo de comunidades humanas. La agroecología como propuesta científica procura el fortalecimiento de la biodiversidad, la observancia de los principios ecológicos y el no uso de los agrotóxicos, que al convertirse en práctica agrícola, se arraiga en determinados territorios. También es una visión, ya que concibe la práctica agrícola desde una óptica diferente a la de las llamadas agricultura convencional y agricultura agroindustrial, en las que el monocultivo y el uso de los agrotóxicos son dos de sus principales fundamentos. Y es una estrategia, puesto que se vale de diferentes mecanismos para darse a conocer y ganar adeptos.
Se debe tomar en cuenta que, como movimiento sociopolítico, la agroecología apunta a convertir en realidad los conceptos de seguridad alimentaria y de soberanía alimentaria, lo que implica aumentar los grados de independencia de las comunidades que habitan en determinados territorios. Esto hace evidente que el modelo de la agricultura convencional-agroindustrial se verá afectado en la medida que la agroecología se difunda y se implemente, con todo lo que eso implica en términos de rivalidades de poder.
En esa dinámica geopolítica en la que está inmersa la agroecología participan numerosos actores, cada uno de ellos con una función específica, que interactúan y se confrontan. Entre los actores se pueden mencionar: propietarios de la tierra, agricultores, campesinos, comunidades indígenas, empresas de producción de insumos agrícolas, empresas de comercialización de productos agrícolas, centros académicos, instituciones del Estado, movimientos sociales, movimientos ecologistas, etc. Todo esto da lugar a una suerte de interacción entre diferentes visiones y estrategias, y por lo tanto, una intensa dinámica geopolítica, a rivalidades de poder en el territorio.