Mérida, Abril Miércoles 01, 2026, 10:38 pm
Homilía ante El Nazareno de San Pablo en la Basílica de Santa Teres a en Caracas, Miércoles Santo , 1 De Abril 2026, a cargo del Cardenal Baltazar Porras
Muy queridos hermanos:
Vengo de nuevo, como todos los años a peregrinar ante la imagen venerando del Nazareno de San Pablo que me ha acompañado desde mi adolescencia como monaguillo en la Basílica de Santa Teresa, asiento de la centenaria devoción caraqueña al Nazareno. Ha sido su figura la que me cautivó, por su rostro adolorido reflejado en los rostros de tantos hombres y mujeres que, a diario, entran a rezar ante su imagen. ¿Qué tiene esa mirada llena de entereza, de humildad, de paciencia, pero sobre todo de amor por la humanidad, para cada uno de nosotros?
Siento que mi vocación cristiana ha estado siempre acompañada por la impronta del Nazareno de San Pablo: ella me llevó al Seminario, me dio consuelo en las primeras horas tristes y en las alegres, en mi inicial experiencia sacerdotal en el llano guariqueño, en la formación de juventudes con los grupos juveniles y en los Seminarios con los que aprendí a compartir las inquietudes y búsqueda sincera de la verdad, la trasparencia y el proceso de madurez cristiana. Mi episcopado ha estado marcado por la suave acogida del Nazareno para entender el sufrimiento de mis hermanos, la traición de quien menos lo esperaba, la fortaleza para cargar con los males propios y ajenos, el aprendizaje imborrable en las visitas pastorales en la ciudad y en el campo.
Lo que ha sido la mejor lección de su devoción para mí es el saber que no estamos llamados a desilusionarnos ni desesperanzarnos, sino que el Señor supera nuestros deseos y esfuerzos para entender, mejor vivir en plenitud, que siendo el Señor nuestra ayuda para no quedar confundido y endurecido nuestro rostro como la dureza de la roca para no quedar avergonzado sino ser fiel discípulo animador de la fe de nuestros hermanos.
Hoy vengo, querido Nazareno, a traerte mis cuitas, mi pobreza inquietante, mi radicalidad atada a mi falta de compromiso, mi libertad esclava de mis miedos y mi osadía en traerte las angustias y dolores de nuestra gente que acude en estos días como peregrinos ante tu santuario para reponer fuerzas y encontrar sosiego ante tu imagen.
«Dulcísimo Jesús Nazareno, fuente de amor, Padre de misericordia y Dios de toda consolación. Venimos a Ti con el corazón lleno de fe y esperanza. Te pido, Señor, que así como libraste a Caracas de la peste por la intercesión del limonero, nos libres hoy de las pestes del alma, del egoísmo y de la división. De la incertidumbre que vive nuestra sociedad que anhela superar la falta de libertad, la angustia ante el irrespeto a la vida y los derechos humanos, la creciente pobreza y la orfandad ante tantos compatriotas que han buscado en el duro exilio superar las carencias que les permitan encontrar una mejor vida para sí y los suyos. La esperanza renace con clara conciencia de que sin caer en la violencia y las armas, lleguemos a superar las deficiencias, sanando heridas y buscando que la fraternidad supere el odio, que la unidad de miras estén más allá del egoísmo e individualismo que nos corroe.
Con el poeta te pedimos que tu imagen no sólo está en este templo, lo buscamos en las calles, entre las gentes sin techo, en hospicios y hospitales, donde hay gente muriendo. En los centros de acogida en el que abandonan a los viejos, en el pueblo marginado, entre los niños hambrientos, en las mujeres maltratadas, en las personas sin empleo. Allí te vemos y reconocemos, y salimos como samaritanos a brindar generosamente la solidaridad y el amor que tú nos trasmites con la fuerza del Espíritu que nos regalas para que superemos nuestra desidia.
Mira a tus hijos, querido Nazareno, que caminan descalzos y vestidos de morado; escucha sus súplicas, sana a los enfermos, consuela a los que sufren y danos la paz que tanto necesita nuestra Venezuela. Que tu cruz sea nuestro apoyo y tu mirada nuestra guía para construir un país lleno de justicia y amor. Amén»
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