Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 05:06 pm

Inicio

Opinión



Diario Frontera, Frontera Digital,  Opinión, ,Por Juan José Cañas,Entre Incienso y Montañas: La Semana Mayor en los Andes por Juan José Cañas
Por Juan José Cañas

Entre Incienso y Montañas: La Semana Mayor en los Andes por Juan José Cañas



Entre Incienso y Montañas: La Semana Mayor en los Andes por Juan José Cañas

Al despuntar la Semana Santa, los Andes venezolanos se transforman, no es solo un cambio en el calendario litúrgico, es una atmósfera que se respira en el aire fresco de la mañana y se siente en el respeto silente de sus habitantes.

Mientras en otras latitudes el sol busca la costa, aquí el espíritu busca el refugio de los templos de piedra y las plazas coloniales.
La tradición comienza con el Domingo de Ramos.

Desde las zonas más altas del páramo hasta los valles de Mérida, Táchira y Trujillo los fieles bajan con palmas tejidas, bendecidas bajo la sombra de catedrales que han custodiado la historia de la región. 

Es el preludio de una semana donde el tiempo parece detenerse.
Las procesiones del Miércoles Santo, donde el color morado tiñe las calles y las promesas se pagan con pies descalzos sobre el asfalto frío.

Un recorrido que en los Andes se convierte en una peregrinación entre joyas arquitectónicas, donde el silencio solo es interrumpido por el murmullo de las oraciones y el aroma del incienso.

La sobriedad del Viernes Santo, marcada por el respeto absoluto y la devoción que caracteriza al gentilicio andino.

Entre tanto, la Semana Santa también se vive en la mesa. Es la época de los Siete Potajes, una tradición que sobrevive en los hogares más arraigados.

Desde la sopa de pescado hasta los dulces de higo o de leche, la gastronomía se convierte en un acto de comunión familiar, una pausa necesaria para el encuentro.

Más allá de los ritos, la Semana Mayor en nuestra cordillera es una invitación a la pausa. Es el momento en que el andino se reencuentra con sus raíces y el visitante descubre que, entre picos nevados y frailejones, la fe tiene un rostro de serenidad y esperanza.

Iniciamos así una semana de reflexión, donde el misticismo de nuestras tierras nos recuerda que tras el silencio del Calvario, siempre aguarda la luz de la Resurrección.