Mérida, Abril Sábado 25, 2026, 08:54 am
Aparte de las estampas
cadena que suelen aparecer en las parroquias, esas de tipo: Dios es bueno y te
ama, pero para que se te dé el milagro tienes que sacar X número de copias de
esto, o si no, sobrevendrá sobre ti la desgracia... muy de vez en cuando
aparecen también algunos contenidos poco acordes con el Magisterio. Uno de los
que me han llegado, es el de una supuesta vidente que afirmó recibir mensajes
para que haya un día dedicado a “Dios Padre”, porque, a diferencia de
Jesucristo (el Hijo)
o el Espíritu Santo, que tienen múltiples festividades y solemnidades en el
calendario litúrgico, Dios Padre no cuenta con un día universal único dedicado
exclusivamente a su figura.
El folleto en cuestión
mencionaba que la Madre Eugenia Ravasio, quien, en los años 30, afirmó haber
recibido mensajes de Dios Padre pidiendo una fiesta el 7 de agosto (o el primer domingo de agosto) para
conmemorarle como Padre. A raíz de esto, en 1935 hubo una investigación, conducida por
Monseñor Alexandre Caillot, para ese entonces obispo de Grenoble, Francia,
ciudad donde esta supuesta vidente, vivía. Esta comisión examinó estos
escritos, y en su momento, permitió su difusión como una devoción privada, pero
la Iglesia, no instituyó la fecha de forma oficial y universal. Esto lo ha
hecho manteniendo la línea trazada por Benedicto XIV (Próspero Lambertini).
Ya en el pasado, el Papa
Benedicto XIV (1740-1758) estuvo recibiendo diversas
peticiones para establecer una fiesta específica para el Padre, pero determinó
que no era necesario ni conveniente. En su obra De Servorum Dei Beatificatione et Beatorum Canonizatione, argumentó
que la esencia de la liturgia católica ya es, en sí misma, una glorificación
constante al Padre (lib.
II, cap. 19; lib. III, cap. 11). Además regula el
culto público solo para beatos y santos humanos tras proceso judicial,
excluyendo explícitamente a Dios mismo o ángeles de tales canonizaciones. Bajo
este razonamiento, extender esto a Dios Padre violaría la norma de no
introducir cultos nuevos sin aprobación apostólica (Urbano VIII,
1625; 1634).
Razones eclesiales:
La ausencia de un día
litúrgico dedicado específicamente a Dios Padre en el calendario de la Iglesia
se explica por la unidad de la Santísima Trinidad y la estructura teológica de
la liturgia romana. Cada día de la semana honra ya a Dios en su totalidad, sin
necesidad de fragmentar su adoración.
Toda la Liturgia es para
el Padre: La Iglesia sostiene que cada Santa Misa se ofrece "al Padre, por
el Hijo, en el Espíritu Santo". Al ser el principio y el fin de toda
oración litúrgica, dedicarle un solo día podría dar la impresión errónea de que
los otros 364
días no le pertenecen de la misma forma, cuando en realidad Él es el propósito
último de toda adoración.
La Solemnidad de la
Santísima Trinidad: El primer domingo después de Pentecostés se celebra a la
Trinidad. La Iglesia considera que en esta fiesta ya se honra la naturaleza del
Padre en perfecta unidad con el Hijo y el Espíritu, evitando una "separación"
de las personas divinas que podría confundir a los fieles. La liturgia no es
una serie de homenajes aislados: Es un flujo constante hacia la Fuente de la
Divinidad. Instituir un día específico podría velar la verdad de que el Padre
es el principio y el fin de cada suspiro litúrgico de la Iglesia.
Se añade también que Dios
Padre es honrado diariamente en el Padrenuestro y las oraciones trinitarias,
sin requerir un día propio que podría sugerir subordinación o politeísmo. La
fiesta de la Santísima Trinidad (domingo tras Pentecostés) integra al Padre Creador, al Hijo
Redentor y al Espíritu Santificador, evitando cualquier separación. Proponer un
día exclusivo contradiría la economía salvífica revelada en Cristo (Jn 14,9-11).
También, en lo temporal
es un hecho de encarnación y la trascendencia de este acto: Las fiestas de
Jesús celebran eventos históricos (Nacimiento, Pasión, Resurrección). El Padre, al ser "El
Invisible" y no haberse encarnado, no tiene un "evento
histórico" terrestre que conmemorar del mismo modo, salvo a través de las
acciones de su Hijo. Así que, ya el Magisterio ha dado su respuesta clara y
contundente: No, no habrá un día de Dios Padre, porque el señor, dueño del
Tiempo y la Eternidad (Salmo 90,4; Eclesiastés 3,11; Daniel 2,21), recibe honra
a diario de la Iglesia, y todos somos Iglesia. Dios con nosotros.