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Por Rafael Augusto López

El ultimo desfile por Rafael Augusto López



El ultimo desfile por Rafael Augusto López

El domingo 20 de abril despedimos a mi hermano de la vida, a quien bauticé como ¨el más genial de los merideños¨, Alexis Montilla. Quiero, en esta columna, en primer lugar, reproducir las palabras que pronuncié en la funeraria y, en segundo lugar, comentar cómo el velatorio y su sepelio se convirtieron en un espectáculo tan impresionante, como todo lo que él soñaba, planificaba y organizaba.

Amigas y amigos:

Hoy debo desvelar un juramento que mi hermano de la vida, Alexis montilla, y yo hicimos el día que celebró sus 80 años. Ese día, en el restaurante El Caney, me dijo: ‘Tutico si usted se muere antes que yo tengo que decir unas palabras, aunque hablo muy poco, y si yo me muero antes le toca a usted decir algo’.

La verdad es que me hubiera gustado que ninguno de los dos dijera ni una sola palabra, pero así es la vida. Me ha tocado honrar el juramento que le hice al más genial de los merideños, a quien me unía una hermandad de más de 60 años. Hoy debo ser breve, por lo tanto, no puedo decir tantas cosas de las que fuimos protagonistas, pero estoy obligado a mencionar por lo menos tres: cuando Alexis estaba construyendo el buque insignia, Los Aleros, un día me busco y me dijo: ‘Tutico, acompáñeme un momento a Belensate’. Allí fuimos a buscar a un empresario que tenía mucho dinero, para pedirle que le prestara 3 mil bolívares, porque tenía que cancelar a los obreros el viernes y no tenía como pagarles. El contratista le respondió que no tenía efectivo. Un día antes de la inauguración de Los Aleros, de nuevo me busco y fuimos a la misma casa en Belensate y salió el personaje que le había negado el préstamo y Alexis le entregó la tarjeta para que asistiera a la inauguración del parque. Así era la grandeza y la sabiduría de Alexis.

Cuando asumimos el control del C.E.S. de AD en Mérida, yo propuse el nombre de Alexis Montilla para la dirección de turismo de la Gobernación y se aprobó por unanimidad. Pero el día que recibió la dirección, nos quedamos solos en la oficina y me dijo: ‘Cuantas vueltas da la vida. En esta habitación dormíamos María (su primera esposa) y yo’.

Otro día, tomándonos unos traguitos, le pregunté: ¿Cuándo piensas inaugurar La Venezuela de Antier? Y me dijo el próximo mes. Le pregunté si le gustaría que el presidente Carlos Andrés Pérez estuviera en la inauguración y me respondió: ‘Claro, pero eso es imposible’.

A la semana siguiente, me reuní con el Presidente y le pregunté si se acordaba de Alexis Montilla. Respondió: ‘Claro, mi amigo de Los Aleros, ¿qué le pasó a Alexis?’. Le dije nada y que a él le gustaría que estuviera en la inauguración de un nuevo parque que se llama La Venezuela de antier. Le preguntó al almirante Mario Iván Carratú Molina, jefe de la casa militar: ‘¿Qué agenda tenemos para Mérida?’ y Carratú le respondió que hasta ese momento solo la inauguración del aeropuerto Juan Pablo Pérez Alfonso, pero que aún no se había coordinado con el gobernador Rondón Nucete.

El presidente Pérez respondió: ‘Bueno, entonces coordine con Rafael Augusto para ir a Mérida a la inauguración de La Venezuela de antier y luego seguimos a inaugurar el aeropuerto de El Vigía’.

Otra anécdota es que en la celebración de un cumpleaños de Jorge, un sobrino de Alexis, fue conmigo mi primo y compadre, el ex rector de la ULA, Néstor López Rodríguez. Ya avanzada la celebración, Néstor expresa: ‘Alexis, tengo que confesarle que cada vez que yo iba para Caracas y veía la construcción de Los Aleros, decía: Este si está loco y después, cuando supe que estaba construyendo La Venezuela de antier; dije, lo que Alexis está ganando en Los Aleros, lo va botar aquí’.

Tiempo después, Alexis le dijo: ‘Doctor, por favor, cada vez que yo haga un proyecto piense lo mismo’. 

Siempre he dicho que la muerte no es una tragedia, sencillamente es un acto natural tanto, como el nacimiento, pero hay unas muertes que solo afectan a parte de la familia y otras, como esta, que afectan a todo un país y más allá de nuestras fronteras y es que cuando muere un genio como Alexis Montilla, es semejante al fallecimiento de un artista, porque el valor de su obra se potencia.

Es impresionante la cantidad de fotos que se han publicado en las redes sociales para dejar testimonio no solo de que estuvieron en los parques, sino que les hizo el honor de posar con ellos. Seguro estoy que ese chachopero donde está, ya montó una velada y ahora más fácil porque consiguió cuatro protagonistas de primera: Mario y Ninfa, Ledy y la tía Ilva, y la habrá titulado ‘el hermoso reencuentro de los chachoperos’ y certero estoy de que Rubén Santiago y pata de loro están aplaudiendo hasta más no poder.

Desde allí no tengo la menor duda de que estará vigilante para que a quienes él formó, orientó y encarriló no se desvíen de la senda que les señaló. Pero, ahora los visitantes a los parques tendrán la duda de: ¿con quién me tomo la foto? Puede ser con Teresita (su esposa), con Lalo, con Leo, con Lilo, con Romery, con Sixela, con Alexandra o con el galán del Yordani, pero, no se preocupen, siempre estará un o una montilla. No puedo concluir mis palabras sin expresar el dolor y la tristeza que nos embarga a Abdías Moreno, Chucho Peña y a mí, porque se nos ha ido el mejor, inigualable y leal amigo. Turu, gracias por todo lo que nos diste, muchas gracias”.

Me encontraba en Chiguará, atendiendo una invitación de mi apreciada amiga Mercedes Dorado, viuda de Izarra, para celebrar su cumpleaños en la bellísima hacienda de Abilio Valera Pulido.

En plena carretera me enteré, a través de mi colega El Waso, por Rumberísima, del fallecimiento de Alexis Montilla. La impresión, el dolor y la tristeza embargaron todo mi ser. Cuando mi esposa Nancy, mi nieta Sol y yo llegamos a la funeraria La Inmaculada, había centenares de personas, pero por allí desfilaron miles de merideños nacidos o adoptados. La inmensa mayoría, compungidos por la noticia, querían expresar, a través de sus familiares, el agradecimiento al más genial de los merideños, por lo que le dejaba a Mérida y a Venezuela, no solo los parques, la producción cinematográfica: Una vida y dos mandados, sino por su ejemplo como ciudadano íntegro, por sus enseñanzas en innovación y emprendimiento, lo que le valió un Doctorado Honoris Causa de la ULA, por habernos enseñado que desde muy abajo se puede llegar a lo más alto, trabajando con mucha pasión, amor y honradez.

Difícilmente encontremos alguien que no sea Abdías Moreno, Chucho Peña o yo, que haya conocido tanto a Alexis Montilla en todas sus facetas como nosotros; por eso, me atrevo a afirmar que en algún momento a Alexis se le desapareció fugazmente la H de humildad y le afloró el ego que todos los seres humanos tenemos, y comenzó a pensar cómo sería su muerte y sus honras fúnebres. Sería de un solo golpe, nada de agonía, cero sufrimientos, luego, una sala velatoria full de coronas y ramos, centenares y miles de personas de los más variados sectores, comunidades y actividades, que acudirían a saludar y expresar el pésame a Teresita, a Lalo, a Leo, a Lilo, a Romery, a Sixela, a Alexandra, a Yordani, a sus nietos, hermanos, sobrinos, primos y demás familiares; al personal de los parques llorando inconsolablemente su partida y los grupos musicales interpretando las canciones favoritas. Posteriormente, el traslado al cementerio con la participación de todos los carros antiguos y demás autos al servicio de los parques, desplazándose por las avenidas de Mérida. Y a medida que la caravana avanza, centenares de personas salen a las calles, se asoman a los balcones y quienes van en sentido contrario detienen sus coches para darle el último adiós y agradecerle todo lo que él entregó a Mérida y a Venezuela. Alexis fue tan genial que todo lo que soñaba lo convertía en realidad, superando todos los obstáculos, a tal punto que nadie pudo impedir que muriera como quería y ser el gran protagonista de su último desfile, que fue tan hermoso, sentido, aplaudido y admirado como los demás que él planificó y dirigió. Estoy contento y segurísimo de que Alexis también, porque el domingo se comprobó que lo que él les enseñó lo aprendieron y muy bien. Cada quien sabía lo que había que hacer, de tal manera que la continuidad de su legado está asegurada; lo que haya que mejorar se mejorará, lo que haya que actualizar se actualizará y lo nuevo que surja será manteniendo el espíritu, propósito y razón que trazó el patrón. Por mi parte, sugiero que en cada parque exista un museo que le permita a los visitantes conocer quién fue el más genial de los merideños.

rafael.tuto@gmail.com