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Por Alberto Jiménez Ure

D [g] ramática por Alberto Jiménez Ure



D [g] ramática por Alberto Jiménez Ure

§ -Todavía me divierte asistir a las interminables exequias de las reglamentaciones gramaticales. Me presento para saludar fanáticos de ceremoniales funestos y desaparezco, una y sucesivas veces, con distintas preguntas que jamás logran respuestas. La Lengua Española no debió aceptar fonemas emparentándose con significados distintos: la complejidad sónica del hablante no es necesaria para conferir majestad a una reina o rey en los discursos. Ello aun cuando plazca intrincar & redundar, el https://es.thefreedictionary.com/enrevesamiento en las expresiones poéticas, por ejemplo:

 

-«Mis manos

abren las cortinas de tu ser

te visten con otra desnudez

descubren los cuerpos de tu cuerpo

Mis manos

inventan otro cuerpo a tu cuerpo»

 

(https://www.estandarte.com/noticias/autores/-poemas-de-octavio-paz_4388.html)  

 

§ -La he querido, pero es notorio que mantengo [ad infinitum] un memorable pugilato con https://es.bab.la/diccionario/ingles-espanol/grammar.  Que el corrosivo e inevitable coloquialismo la golpee fortísimo no la exculpa cuando castiga la desobediencia a quienes  pretendemos transformarla mediante la lógica. Conjeturar respecto a nuestros caprichos escriturales o pronunciamientos en discursos callejeros, hemiciclos, auditóriums, claustros de confundidos exhibiéndose con togas y birretes, et.,  en fatuos intentos de pontificar que la verdad no tiene dueños es casi caterva entre sediciosos. Emilio Alarcos Llorach inferiría:

 

-«Se ha señalado la alternativa de uso entre los relativos que, el que y el cual con sus variantes de género […]»

 

(https://coleccion.narod.ru/manuales/RAE-Gramatica-de-la-lengua.pdf, p. 333)

 

He detestado tanto el «que», pero sé cómo sustituirlo en una construcción oracional. Pero lamento que presuntos «correctores de estilo», sin previa investigación, torpedeen mi estilo regresándolo hacia lo troglodita. Ningún otro escritor se atrevió prescindir de su incómoda presencia hasta por su fonética.

 

Un verbo sustantivado y viceversa, una preposición innecesariamente obsesa para expresar carencia. Nunca condenaré a pena capital que al nombre se tuerza en verbo transitivo para fijarlo inmemorial. Cierto que la lengua destaca por imprescindible en cada acto de lo que se entiende  comunicación humana, interactuación, transmisión de conocimientos o sucesos. Octavio Paz también pretendió la consumación de propósitos no academicistas al momento de redactar. Los textos líricos son virtud a cada hallazgo sonoro o súbita composición que alcanzará ritmo y consecuentemente estatus musical. Si repetimos, mitad de un diálogo bélico entre sujetos con la conciencia alterada, «allá va la bala, allá, sí, la bala, sí, alaba la bala que parará tus sufrimientos», descendemos intelectualmente al campus del https://definicion.de/rap/. Si le damos beligerancia nos comprometemos con legitimaciones, rap – tacuerismos.       

 

Los hacedores de literatura que alguna vez, precoz y tardíamente, no importa, elegimos emprender caminos no dictados por jaurías de bostezadores fatigamos la lucidez enderezando lo arrabalero en discernimientos letalmente hereditarios. He deplorado un mundo donde el fuete es símbolo de status quo. En cada resquicio los vemos, son castigadores de lo fantasmal, alegorías. No significan nada que no imagines por miedo o acomodo. Rechazo ser consonántico, el idioma encasillado por el clericalismo o humareda cardenalicia: https://www.elnacional.com/opinion/formule-causales-de-mi-iniciacion-literaria-a-un-critico-literario-estacion-bellas-artes-de-caracas-1999/. Lo he dicho con persistencia.    

 

albertjure2009@gmail.com