Mérida, Mayo Jueves 14, 2026, 05:22 am

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Por David Jiménez Pérez

Mérida: Entre la Voracidad Fiscal y el Exilio Comercial por David Jiménez Pérez



Mérida: Entre la Voracidad Fiscal y el Exilio Comercial por David Jiménez Pérez

En el complejo ajedrez económico de la Venezuela de 2026, la gestión tributaria municipal ha dejado de ser un trámite administrativo para convertirse en el factor que decide si la ciudad sobrevive o se estanca definitivamente. Mientras diversas capitales del país han comprendido que la economía solo se estimula mediante incentivos, el municipio Libertador de Mérida parece haber tomado el camino opuesto: un modelo de extracción a toda costa donde el SAMAT opera más como un ente inquisidor que como un aliado del desarrollo.

Para dimensionar la gravedad de lo que ocurre en Mérida, es necesario levantar la vista y observar los espejos del éxito cercano. En Maracaibo, la municipalidad ejecutó una reducción de casi el 90% en impuestos publicitarios, bajo la lógica elemental de que un negocio que no se muestra, simplemente no vende. Por su parte, en Carabobo, el exhorto regional del Gobernador Lacava para reducir un 30% las alícuotas a pequeños y medianos comerciantes no es un acto de caridad, sino una admisión de realidad: siempre será más rentable recaudar un porcentaje justo de mil comercios operativos que pretender el 100% de cien negocios en quiebra. Estas son acciones de gobierno eficaces que buscan ampliar la base de contribuyentes y, sobre todo, devolver la confianza al sector privado.

Mérida, lamentablemente es la anomalía. En lugar de ofrecer esa necesaria "oxigenación fiscal", el SAMAT ha intensificado una política de asfixia. Es una contradicción flagrante: en una ciudad golpeada por la crisis de servicios públicos, donde los cortes eléctricos y el racionamiento del Agua devoran las horas de facturación, la respuesta del organismo tributario es la multa severa, la presión constante y hasta el cierre. Esta falta de flexibilidad ignora que, en los Andes, un día sin luz es una pérdida neta irrecuperable. Sin embargo, los arbitrios municipales se calculan con una rigidez técnica que parece desconocer por completo la geografía y las carencias del estado.

La consecuencia de esta ceguera impositiva es tan previsible como peligrosa. Primero, se empuja al comerciante hacia la informalidad; quien no puede costear la patente o la multa no deja de trabajar, solo baja la santamaría y se refugia en la economía informal ó sumergida, donde el municipio pierde rastro y recaudación. Segundo, se fomenta una deserción empresarial hacia municipios vecinos que sí entienden la urgencia de armonizar sus tasas. Y lo más doloroso: se destruye el empleo formal. Cada local que el SAMAT sanciona representa a familias merideñas que pierden su sustento de la noche a la mañana.

Gobernar no es simplemente cobrar; gobernar es promover. Una política impositiva consciente no es síntoma de debilidad administrativa, sino de inteligencia estratégica. Camarada Alcalde Nelson Álvarez, el municipio Libertador necesita con urgencia una amnistía tributaria y una revisión de alícuotas que se ajusten a la capacidad real de generar ingresos en el entorno actual. Si la prioridad sigue siendo la multa por encima del estímulo, terminará gobernando sobre una ciudad de comercios vacíos y Santamarias oxidadas. Es momento de elegir: ¿Queremos una Mérida que recaude gracias a su crecimiento o una que languidezca víctima de su propia voracidad?