Mérida, Mayo Jueves 14, 2026, 09:06 pm
«[…] La anti – narrativa es la simple negación de la literatura […]» (Julio Cortázar)
Estoy persuadido que las generaciones posteriores a la mía de escritores y poetas venezolanos que he leído son proclives a lo que defino «Diestra Ortodoxia», porque han seguido lo que (en el curso del siglo XX) establecimos como la ética y estética escritural de la forma con sentido. Ellos no exhiben la manierista, furtiva y «de vitrina comercial» ruptura que caracterizaba a cierto sector entre los hacedores novísimos que protagonizamos durante las décadas de los años setenta, ochenta y noventa. Hubo naturales (de «heterodoxia») contiendas intelectuales que fijarían la «doxa» ya por mí descrita. Fuimos «heteros» que, tras convocatorias y pugilatos, devenimos en hechos consumados.
No es paradojal: la maduración de la estética de lo irreverente culmina fijándose como doctrina, que no «de gobierno». No gobernamos en el panorama de literatura nacional venezolana del s. XXI, ningún sujeto o grupo jamás lo hará, empero somos eso que se conoce como «referencias necesarias». La institucionalidad de la narrativa, el ensayo y poesía surge de la invención o documentación individual cuando no de la adivinación en su fase superior de acto creativo.
Escritores y poetas como Moisés Cárdenas, Agmary Feder y Juan Carlos Vásquez [por ejemplo] forjan sus creaciones bajo la mencionada «Diestra Ortodoxia». Tienen talento y son hábiles para no sucumbir a la tentación de la manierista, furtiva y «de vitrina comercial» ruptura. Saben que la opción de la «Anti-Literatura» no es legítima expresión contra - cultural en tiempos donde nadie infiere tras sus contradicciones éticas y estéticas. Sobre Agmary Feder ya formulé y publiqué mis opiniones. Igual lo haré respecto a un trabajo de Vásquez intitulado Relaciones. Pero, éste conforma un pórtico a los libro de relatos de Moisés Cárdenas titulado Contemplaciones (redactado en Córdoba, Argentina, 2014, donde reside el autor tachirense, que próximamente será publicado)
Advierto a un intelectual respetuoso de la ética y estética escritural de la forma con sentido en el desarrollo de cuentos como Día Especial, en el cual Moisés Cárdenas narra la fantástica experiencia de un estudiante universitario en un aula donde recibía clases de latín. El no identificado personaje mira a una compañera de estudios al tiempo que su mente se transporta hacia el pasado, de hecho haciéndolo virtud a sus vívidos recuerdos:
«[…] De repente, no sé cómo ni por qué, recordé momentos idílicos e irrepetibles: la sonrisa de Karla, la niña de sexto grado que me veía volar la cometa sobre el techo de mi casa, los sueños de conocer a Mazinger Z, las carcajadas que brotaban cuando veía a Tom y Jerry que era mi programa favorito. El día que gané el concurso de lectura con el poema Farewell, el viejo libro de El Principito, la primera vez que vi el mar cuando descubrí los senos dorados de la mulata que dibujaba un corazón en la arena, el momento que hice mi primer castillo en la playa soñando con ser marinero […]»
Una y sucesivas veces, el protagonista del cuento retorna a eso que conocemos como la realidad e igual se eyecta de ella. No sabe exactamente qué le sucede, pero intuye algo todavía indescifrable. El ambiente luce tenso y fumoso a la vez:
«[…] Mientras cuchicheaban, sorpresivamente apareció un chico por la puerta, su cara me era familiar, lo veía fijamente tratando de recordar su nombre, percibí que él estaba muy nervioso. Entre lágrimas y tartamudeos gritó: -¡Roberto a muerto! […]»
El joven que apareció de súbito afirma que el mencionado fue atropellado y, por las características del impacto, pudo morir instantáneamente. Es perceptible el empleo del suspenso, la adecuación narrativa a esa linealidad que exige la forma escritural «con sentido o inteligible». Sostengo que ninguna persona que se arrogue vocación de escritor puede desestimar la «doxia». Que intente tirarla y encogerla, maquillarla o darles rasgos subliminales es tarea que depende del ingenio de cada cual.
Gradualmente, https://eldienteroto.org/wp49/moises-cardenas/ concede que los lectores puedan experimentar la bicéfala estabilidad del personaje que cuenta y la víctima fatal: «[…] De pronto, el silencio se adueñó de la situación e invadió el lugar. Me sentí extraño, como perdido, triste y melancólico. Contemplé mis manos. Las noté distintas, llevaba marcas oscuras. Mis piernas temblaban y mi corazón latía fuertemente. Busqué lo inexplicable, alcé mi voz desesperadamente diciendo: -¡Aquí estoy! Nadie oía mi voz»
Día Especial es uno de los más representativos entre los relatos que Moisés compila en su libro. Sin embargo, otros merecen ser especialmente mencionados por su interesante trama y fuerza expositiva como Una tarde en la Biblioteca, donde mescla lo mítico que también misterioso con las alucinaciones propias de estados de ensueño que algunos seres humanos frecuentemente experimentamos. Ningún lector hallará en él un anti – narrador, experimentalista, obstructor. Afortunadamente.