Mérida, Julio Martes 07, 2026, 09:01 am
En estos días de profundo dolor, es natural sentir el
peso de la tristeza, la incertidumbre y el miedo. Las pérdidas humanas y
materiales después de los terremotos del 24 de junio son significativas. Miles
de personas fallecidas, heridas y afectadas por los sismos, además de la
desaparición en un instante de casas, escuelas, hospitales, carreteras y
puentes que costaron tiempo y dinero para construirse.
A pesar de esta realidad inocultable, esta tragedia trae una
oportunidad única para avanzar hacia la reconstrucción de la infraestructura
física destruida, pero también de la sociedad. En otras palabras, es el momento
de construir, restaurar, recrear un país que durante los últimos años ha
sufrido daños expresados muy bien en el deterioro de la calidad de vida de su
población.
Reconstruir no significa simplemente volver a levantar
muros, techos y edificios, implica construir algo mejor de lo que había antes. Esto
conlleva aprovechar las circunstancias actuales para fortalecer las
comunidades, para crear espacios más seguros, para diseñar ciudades más
resilientes y para tejer lazos de confianza que antes parecían imposibles de
lograr. Significa demostrar al mundo que Venezuela no se define por sus
tragedias, sino por la manera en que las supera.
En este sentido, se debe dejar claro que la resiliencia
venezolana no es un mito, es una realidad que se construye día a día, ladrillo
a ladrillo, abrazo a abrazo, a través de las decisiones de sus habitantes. Es
la madre que, a pesar de haber perdido todo, encuentra la fuerza para consolar
a sus hijos. Es el anciano que, con sus manos temblorosas, comparte su último
pedazo de pan y garantiza la protección de su ser querido. Es el joven que
abandona sus planes personales para dedicarse al rescate de desconocidos. Es el
hijo que no olvida a sus padres, y la pareja que controla los nervios del
momento a punta de peleas para salvar al amor de su vida. Son los millones de
venezolanos que, en medio del dolor, eligen la esperanza de un futuro mejor.
No hay que negar que para tener una nueva Venezuela el
camino será largo y difícil. En otras palabras, la reconstrucción requerirá
tiempo, recursos y un esfuerzo colectivo sin precedentes en la historia
republicana del país. Habrá días en los que el cansancio abrumará y la
frustración llenará de dudas a todos los venezolanos. Pero también habrá momentos
en los que será posible ver a una familia que vuelve a su hogar reconstruido, al
niño que regresa a la escuela, a la calle que vuelve a llenarse de vida, a los
jóvenes con oportunidades y a los ancianos disfrutando de la compañía de todos
sus seres queridos. Esos momentos deben visualizarse como la recompensa y la
motivación para seguir adelante en estos instantes de dolor.
@zerpasad