Mérida, Julio Lunes 13, 2026, 05:45 pm
En tiempo de mundial, muchas son las cotidianidades involucradas.
El fútbol detiene el corazón y concentra la atención, el fútbol se convierte en
el reflejo poderoso de la sociedad. Tiene la potencialidad de vaciar y llenar
las calles que se silencian o se embellecen, tiene la capacidad para inspirar e
influenciar la unión en las personas. En el campo, ese doce se junta con sus
ídolos para condensar un sentimiento como pasión, entrega y disciplina que
sujeta la identidad colectiva, la identidad de valentía. El fútbol a diferencia
de los demás deportes conecta con el deseo humano de superación, transformación
y disciplina de vivir y vivir con lo que somos y tenemos, por ello el fútbol ha
servido tanto a la identidad, cohesión y representación internacional de las
sociedades. El fútbol se transmite de generación en generación, porque el fútbol
se escucha Capí, se escucha.
Esto tal vez es una de las razones más cercanas para
reconocer al fútbol como la poderosa vitrina del nacionalismo e instrumento de
la política que oculta realidades latentes y desgarradoras. El fútbol
históricamente ha sido utilizado como herramienta clave de control social y
propaganda, porque el fútbol es la muestra más fehaciente de la supervivencia
de la identidad y la valentía. Desde hace más de 96 años yace una historia en
la que el fútbol fue la máxima representación de la valentía y el coraje de
morir por ganar. Recordamos al famoso grupo de la muerte, no por ser clubes o
selecciones mejor dotadas con talentos futbolísticos, sino, por el grupo donde
los rivales se enfrentaban al último partido de sus vidas, un grupo donde prisioneros
de guerra y soldados se enfrentaban. Pero también el partido amistoso, donde
grupos de soldados de bandos contrarios se enfrentaron para liberar el gran
dolor de la Gran Guerra.
El fútbol, el Estado y la Nación cruzan campañas
políticas e ideológicas que apuntan hacia hitos sociales que vinculan el
deporte con las grandes masas, y obviamente ello teje tramas de poder, pues el
fútbol se convierte en un instrumento de política para generar trampolines o
adhesiones proselitistas que posicionan a los dirigentes de turno en la esfera
más llamativa de la identidad social y la valentía humana. Encontramos así en
la contemporaneidad apellidos bastantes significativos para la realidad
histórica política nacional e internacional, no es lejano escuchar a Berlusconi,
Macri, Piñera, Pastrana, Samper y Bucaram. De los cuales paradójicamente se
encuentra ese sentimiento que une y debela un sentido de pertenecer. Cada apellido
relata historias dentro y fuera de la cancha, que transcurrieron obviamente con
el himno nacional, los uniformes de colores patrios y las banderas con los
escudos. Acompañados de los canticos, oh si, los canticos Capí que aglutinan los
oídos y el ambiente de canciones versionadas o canciones con un discurso que comunican
memoria colectiva, histórica de logros y fracasos, de luchas y reluchas, de
caídas y de sueños.
@ahurtadojb