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Por Alberto José Hurtado Briceño

Tendencias nacionalistas o identidad y valentía por Alberto José Hurtado Briceño



Tendencias nacionalistas o identidad y valentía por Alberto José Hurtado Briceño

En tiempo de mundial, muchas son las cotidianidades involucradas. El fútbol detiene el corazón y concentra la atención, el fútbol se convierte en el reflejo poderoso de la sociedad. Tiene la potencialidad de vaciar y llenar las calles que se silencian o se embellecen, tiene la capacidad para inspirar e influenciar la unión en las personas. En el campo, ese doce se junta con sus ídolos para condensar un sentimiento como pasión, entrega y disciplina que sujeta la identidad colectiva, la identidad de valentía. El fútbol a diferencia de los demás deportes conecta con el deseo humano de superación, transformación y disciplina de vivir y vivir con lo que somos y tenemos, por ello el fútbol ha servido tanto a la identidad, cohesión y representación internacional de las sociedades. El fútbol se transmite de generación en generación, porque el fútbol se escucha Capí, se escucha.

 

Esto tal vez es una de las razones más cercanas para reconocer al fútbol como la poderosa vitrina del nacionalismo e instrumento de la política que oculta realidades latentes y desgarradoras. El fútbol históricamente ha sido utilizado como herramienta clave de control social y propaganda, porque el fútbol es la muestra más fehaciente de la supervivencia de la identidad y la valentía. Desde hace más de 96 años yace una historia en la que el fútbol fue la máxima representación de la valentía y el coraje de morir por ganar. Recordamos al famoso grupo de la muerte, no por ser clubes o selecciones mejor dotadas con talentos futbolísticos, sino, por el grupo donde los rivales se enfrentaban al último partido de sus vidas, un grupo donde prisioneros de guerra y soldados se enfrentaban. Pero también el partido amistoso, donde grupos de soldados de bandos contrarios se enfrentaron para liberar el gran dolor de la Gran Guerra.    

 

El fútbol, el Estado y la Nación cruzan campañas políticas e ideológicas que apuntan hacia hitos sociales que vinculan el deporte con las grandes masas, y obviamente ello teje tramas de poder, pues el fútbol se convierte en un instrumento de política para generar trampolines o adhesiones proselitistas que posicionan a los dirigentes de turno en la esfera más llamativa de la identidad social y la valentía humana. Encontramos así en la contemporaneidad apellidos bastantes significativos para la realidad histórica política nacional e internacional, no es lejano escuchar a Berlusconi, Macri, Piñera, Pastrana, Samper y Bucaram. De los cuales paradójicamente se encuentra ese sentimiento que une y debela un sentido de pertenecer. Cada apellido relata historias dentro y fuera de la cancha, que transcurrieron obviamente con el himno nacional, los uniformes de colores patrios y las banderas con los escudos. Acompañados de los canticos, oh si, los canticos Capí que aglutinan los oídos y el ambiente de canciones versionadas o canciones con un discurso que comunican memoria colectiva, histórica de logros y fracasos, de luchas y reluchas, de caídas y de sueños.


@ahurtadojb